Cultura - Música

Bailando hasta el final del amor: Leonard Cohen en cinco discos

De «Songs Of Leonard Cohen» a «Popular Problems» y «You Want It Darker», el canadiense deja una discografía repleta de claroscuros, abismos emocionales y arrebatos líricos

Leonard Cohen, en una imagen de enero de 2012, un año después de ganar el Príncipe de Asturias de las Letras
Leonard Cohen, en una imagen de enero de 2012, un año después de ganar el Príncipe de Asturias de las Letras - AFP

No ha hecho falta descifrar dobles sentidos ni decodificar el aliento de la muerte entre versos premonitorios, como sí ocurrió con David Bowie: Leonard Cohen ya anunció hace menos de un mes que estaba listo para partir y, pocos días después de empezar a despedirse desde el abismo oscuro y profundo de «You Want It Darker», esta madrugada se ha reunido por fin con Marianne. «Hemos llegado a este tiempo en que somos tan viejos que nuestros cuerpos se caen a pedazos; pienso que te seguiré muy pronto. Que sepas que estoy tan cerca de ti que, si extiendes tu mano, creo que podrás tocar la mía», escribió Cohen tras conocer la muerte, el pasado verano, de la protagonista de uno de sus primeros himnos de dormitorio y confesionario.

De Marianne y las correrías por la isla de Hydra hace ya medio siglo, cincuenta años de susurros que han convertido a Leonard Cohen (Montreal, 1934) en imponente ochomil de la música popular cuya huella ha quedado marcada a fuego en infinidad de artistas. Basta con acercarse a laudatorios homenajes discográficos como «I’m Your Fan» o «I’m Your Man» para entender que nadie como el canadiense para poner de acuerdo a R.E.M y Rufus Wainwright, a Pixies y Nick Cave, a U2 y John Cale, a Antony Hegarty y Lloyd Cole.

Su voz, referencia universal y enciclopedia inagotable capaz de regalar nuevos matices a temas mil veces cantados como el amor, la espiritualidad, el sexo y la belleza, es un gigantesco paraguas bajo el que cabemos todos, un refugio cavernoso en el que el pop y la canción construyeron sus cuarteles de invierno para ya, sabe, conquistar primer Manhattan y después Berlín. Y por más que Cohen no haya sido especialmente prolífico -una quincena de discos en cincuenta años-, su carrera está jalonada de un buen puñado de obras maestras. Aquí una prueba:

«Songs Of Leonard Cohen» (1968)

Una guitarra clásica y una voz vestida de funeral, es todo lo que necesitó Leonard Cohen para presentarse al mundo en 1968, filtrar todo el bagaje literario que había acumulado como poeta y novelista, y estrenarse con un álbum que inyectó un plus de madurez, profundidad y trascendencia al folk. Es el disco de «Suzanne» y «So Long, Marianne», sí, pero también de la devastación sentimental de «Hey, That’s No Way To Say Goodbye», de los escarceos sexuales de «Sisters Of Mercy» y del abismo lírico de «The Stranger Song». Un disco hecho con lo mínimo que invirtió los términos de la canción de autor.

«New Skin For The Old Ceremony» (1974)

Después de una periodo esplendoroso y de una tacada de discos maestros formada por «Songs From A Room» y “Songs Of Love And Hate», Cohen empieza a despegarse del folk para enriquecer sus composiciones, dibujar nuevos paisajes melódicos anudados a violas y mandolinas y lanzarse al campo de batalla del amor con canciones de altura como «Who By The Fire», «Field Commander Cohen» o «Chelsea Hotel No.2», en la que rememora su breve relación con Janis Joplin.

«Various Positions» (1985)

Asceta y espartano, Cohen se desmarca con una nueva colección de salmos contemporáneos que miran de reojo al pop y se acomodan en esa voz cavernosa y en permanente fundido a negro. Aquí está, entre algodones y amagos de sintetizador, ese «Hallelujah» que han hecho suyo infinidad de artistas, pero también pequeñas maravillas como «Dance Me To The End Of Love» o «If It Be Your Will». Bendita madurez.

«I’m Your Man» (1988)

Un disco soberbio en el que no sobra nada. Rodeado de sintetizadores, la voz de Cohen renace más contundente que nunca para exhibirse como un casanova envejecido que ajusta cuentas consigo mismo y trata de disculpar tanto dormitorio asaltado a la carrera. De la robusta y contundente «First We Take Manhattan» a esa delicada «Tower Of Song», dedicada a Hank Williams, pasando por el homenaje a Lorca en «Take This Waltz» a los aromas griegos de «Everybody Knows», la exhibición es total. El bardo, en plena forma y anticipando ese grito desesperado y apocalíptico que será «The Future».

«Popular Problems» (2014)

La última etapa de Cohen, esa página que añadió por estrictos motivos económicos, ha dejado trabajos de altura como «Popular Problems», acaso el más inspirado de todos los discos que grabó tras su regreso a los escenarios en 2008. El crepúsculo empieza a asomar la cabeza y la oscuridad gana terreno, pero Cohen se resiste a dejar escapar la belleza y la rodea de voces arenosas, lamentos servidos entre cuerdas y pinceladas de blues con la que se revela como una suerte de versión amable de Tom Waits.

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