Cultura - Música

La «avalancha» de Bunbury arrastra a un entregadísimo público en el DCODE

Uno de los más esperados del festival madrileño, por donde también pasaron «Eagles of Death Metal», «Love of Lesbian» o novedades como «Kodaline»

Enrique Bunbury en los escenarios del DCODE
Enrique Bunbury en los escenarios del DCODE - INSTAGRAM

Una mujer pasea junto a su niño, dormido profundamente en el portabebés, de un lado para otro. Busca el lugar más cómodo (seguramente cualquiera) dada la inmensa extensión de terreno en la que se mueve.

No hace calor, se acercan las nueve de la noche y de su mano izquierda se cuelga otro pequeño que la hace correr aunque lleve a su hermano a cuestas.

No está en el parque. Está en el DCODE. El festival de música que se celebra a espaldas del edificio nuevo (no la antigua cárcel) de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid tiene cabida para todos. También para las madres, los padres, los niños, las parejas de cuarentones que bailan tímidos, los extranjeros que balbucean el español cuando ven que 16.000 personas saltan, gritan y cantan con la entrega del que va a un recital por primera vez en su vida y por eso, no se quiere quedar atrás.

«¿Quién es?», pregunta un estadounidense sorprendido por el frenesí que provoca aquel moreno, delgado, vestido de un negro furioso interrumpido por dibujos rojos orientales, con una inconfudible voz (por lo menos para el resto) que penetra y seduce hasta quien jamás lo escuchó antes.

Es Bunbury. Incluso para los que no tenían pensado acudir al DCODE de este año reconocían que el zaragozano merecía la pena. Era el plato fuerte. Y no defraudó.

Hizo un generoso repaso por aquellas canciones que todos querían escuchar. No se olvidó de Héreos del Silencio aunque evidentemente ya no suena igual. Ahora también hay lugar para la psicodelia cuando canta «Maldito duende». Pero también sonó «Avalancha», «Que tengas suertecita» o «Mar adentro». Y sonó también el bandoneón, las percusiones, la batería y las guitarras. Todo de un Bunbury ecléctico, que no olvida sus raíces pero que coquetea siempre con Latinoamérica.

Aunque a veces parece que solo basta con su voz. Y la del público, claro. Completamente entregado a un festival que no se llenó, y eso que el calor madrileño había dado una tregua respecto a las últimas semanas.

Otro plato fuerte era «Love of Lesbian» para cuya actuación el público tampoco escatimó en ovaciones. Con ellos cantó la mexicana Carla Morrison, todo un fenómeno en su país y fuera de él con letras de amor, o más bien desamor, tan punzantes y dolorosas que dan ganas de preguntarle más cómo pudo haber vivido tanto con escasos 30 años que por su música.

También se llevaron merecidos aplausos los «Eagles of Death Metal», igual de esperados que «Love of Lesbian» o Bunbury. Es difícil olvidar aquel fatídico día para Francia cuando los terroristas atacaron la Sala Bataclan durante el concierto de estos chicos que se empeñan en mirar hacia adelante y pegar a los asesinos donde más duele: diversión y mucho rock.

Muy a la altura estuvieron también los irlandeses de Kodaline, un grupo que llevaba el peso de tocar justo antes de Bunbury y que no dejaron al público para nada indiferente. Con canciones muy originales intentando buscar sello propio, aunque era imposible a veces no sentirse en un concierto de «Kings of Leon», le hablaban permanentemente al público y arengaban a «Madrid» como si allí estuviera la ciudad entera.

Después de la resaca de Bunbury, por el escenario «dos», pegado al principal, pasaron los de «Jungle», ya con menos gente y luego volvieron a calentar y abarrotar la cancha los de 2 MANYDJS.

El dúo de DJs, que irradiaban formalidad con sus impecables trajes de chaqueta y corbata, dieron rienda suelta a un interesante repertorio que convirtió en más bailables (si cabe) temas como «Relax don't do it» de Frankie Goes To Hollywood .

El DCDODE no se llenó. Cierto. Aún así, sería injusto pensar que este año ha entusiasmado poco. La entrega de la gente lo puso de manifiesto. Y es que a veces, o más bien siempre, la calidad es mejor que la cantidad.

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