El actor Miguel Rellán en Cádiz
El actor Miguel Rellán en Cádiz - Francis Jiménez
Entrevista

Miguel Rellán: «Las series de televisión son picadoras de carne»

El actor, que ha participado en un seminario de cine de la UCA, lamenta que Cádiz no sea una «plaza teatral fuerte»

CádizActualizado:

«Casi me da vergüenza admitirlo, pero nunca he dejado de trabajar», susurra. Miguel Rellán (Tetuán 1943) lleva más de medio siglo en esto de la actuación y es experiencia, solidez, oficio.

El actor encadena anécdotas con pasmosa facilidad y rememora ágil la etapa en la que fundó, junto con otros once compañeros entre los que se encontraban Alfonso Guerra, Amparo Rubiales, Pedro Álvarez-Ossorio y Juan Carlos Sánchez, el grupo teatral Esperpento, en Sevilla. «En aquellos momentos adocenados, había que ser más combativo. Hacíamos teatro para cambiar el mundo», justifica. Después recuerda cómo decidió marchar a Madrid porque intuía que en el oficio de actor encontraría la mejor medicina para calmar su ansia interpretativa. Férreo defensor de que la maestría proviene del dominio y el dominio de la repetición y del trabajo diario, insiste en que es importante luchar y no desfallecer para alcanzar los objetivos.

Rellán está terminando, después de casi dos años, la gira de ‘Cartas de Amor’ donde comparte escenario con Julia Gutiérrez Caba. Cuando regrese a Madrid empezará la segunda temporada de ‘Vergüenza’ y acaba de recibir el Premio Feroz. El actor se ha recorrido España de arriba a bajo y de diestra a siniestra, pero nunca ha necesitado mirar más allá de nuestras fronteras para trabajar. Él ha desarrollado su carrera en España y reconoce que no entiende la necesidad que empuja a muchos actores a obsesionarse con Hollywood porque «si aquí es difícil, allí es imposible: lo de Antonio Banderas es un milagro», asegura.

Sabor agridulce

No es la primera vez que el actor visita Cádiz. Según relata, estuvo confinado en la ciudad porque sus padres decidieron mandarle interno a San Felipe Neri cuando era estudiante de PREU, en Tánger. De aquella época conserva la añoranza a la familia que permanecía allende del mar y el recuerdo del sabor a libertad que llegaba cuando le permitían salir a cobrar el giro que sus padres le enviaban todos los meses: «Incluso me compraba algún cigarrillo», confiesa. Años después, ha recalado en varias ocasiones en la ciudad pero ha sido por placer, para atender invitaciones de amigos. Aunque hace poco estuvo en la provincia participando en el rodaje de una película, considera que Cádiz se encuentra al margen de los circuitos teatrales habituales. «Hace años que no vengo con una obra de teatro», confirma.

En esta ocasión ha llegado la capital gaditana para participar en un ciclo de conferencias de la Escuela de Cine de la UCA pero también ha estado presente en las charlas del Shorty Week, el festival que inunda de cine y actividades paralelas cada rincón de la ciudad desde el jueves. Aunque no le gusta ejercer de maestro, recomienda a los que empiezan que apuesten por la simplicidad del teatro, un arte más directo que el cine o la televisión. «Vittorio Gassman, –a quien conocí en el Festival de San Sebastián–, decía: «Un actore, un espectatore: teatro», reproduce con marcado acento italiano.

El actor (que llegó a incluso a escribir la página del horóscopo) no cree en la intuición «porque es la capacidad de unir datos» pero admite que en la vida hay que tener suerte para todo. «La suerte es fundamental. Almodóvar descubrió a Banderas porque Juan Gea se rompió el dedo de un pie y Antonio fue su sustituto».

«La suerte es fundamental. Almodóvar descubrió a Banderas porque sustituía a Juan Gea que se había roto el dedo de un pie»

Cuenta Rellán que estando en Madrid, apurado de dinero pero sobrado de pundonor, para demostrar que su apuesta por la actuación era sin red, gastó las últimas perras que tenía en el bolsillo para llamar un viernes a la puerta de José Luis Garci que comenzaba un proyecto el lunes. Una estrella brilló y aquella puerta se abrió lo suficiente para conseguir el papel que un actor enfermo había dejado vacante. Aquel pequeño trabajo no cambió sustancialmente su vida, pero Rellán no olvida lo excitante que fue codearse con actores ya consagrados «que en aquellos momentos no me hicieron ni caso», apunta socarrón. Tiempo después se enteraría de que Garci, mientras revisaba lo grabado tras el rodaje, alabó su trabajo. Y algo debió de llamar la atención del director porque decidió contar con él para ‘El crack’ y, ahí, si cambió la vida de Rellán.

Si le preguntan sobre los personajes más complicados, responde sin titubeos que José II de la función Amadeus de Peter Shaffer. Faltaban dos días para el estreno y el actor estaba al borde de la desesperación porque no conseguía dotar de verdad al personaje. La magia llegó «cuando se calzó los zapatos» del emperador y hermano de María Antonieta. «También me costó el personaje friki que rapta a Victoria Abril en ‘El juego más divertido’», una película de Emilio Martínez Lázaro.

Un físico especial

Melómano confeso, sus vivaces ojos tristes obedecen a la batuta invisible que marca su modulada voz. «A los actores nos condicionan la edad y el físico. En mi caso, me ha dado suerte. Es verdad que no he podido hacer de ‘El guapo’ ni ‘El cachas’ pero valgo para todo lo demás porque «tengo pinta de nada».

El actor ha ganado innumerables premios que van desde el Goya por ‘Tata mía’ hasta reciente ‘Feroz’ como mejor actor de reparto de televisión por ‘Vergüenza’ pero sigue siendo un hombre sencillo: «Me he dado cuenta de que soy razonablemente feliz porque me voy conformando con lo que la vida me da. Disfruto con lo que tengo. Tengo compañeros que se van a morir amargados porque no han ganado un Oscar o porque no han hecho Hamlet. En todos los oficios es necesario conocer las limitaciones para no pegarse una castaña», indica socarrón.

«En este oficio nunca se llega. En el teatro decimos que la mejor representación siempre es la siguiente. Esta es una carrera infinita en la que siempre hay que estar preparándose. El teatro, como la vida, es imprevisible. Y cuando pasan cosas –que pasan siempre– hay que aprovecharlo. El teatro es un riesgo y por eso es mucho más bonito que el cine. Al Paccino decía que hacer teatro es caminar por una cuerda a diez metros de altura. El cine es igual, pero la cuerda está en el suelo», reflexiona.

Considera que las series de televisión ha perjudicado la profesión porque son «picadoras de carne» y admiten a casi a cualquiera que sea capaz de «no tropezar con los muebles y hablar medianamente claro» para repetir una y otra vez, «cromo a cromo», como dicen los actores. La televisión ha dejado una lista enorme de «cadáveres exquisitos», concluye.