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La Torre del Oro también inspiró al autor de «Taj»

Andrés Pascual reconoce haber hecho uso de las grandes obras de arte arquitectónicas de Andalucía para escribir su última novela

Torre del Oro
Torre del Oro - ABC

Andrés Pascual, director del Aula de Cultura de Vocento en La Rioja, regresa a Oriente para contarnos la epopeya constructiva del Taj Mahal, una narración que le ha valido el Premio 2016 de Novela Histórica Alfonso X El Sabio. «Durante el proceso de escritura he tenido siempre presentes las maravillas arquitectónicas de Andalucía, fruto de la fusión y la tolerancia», declara.

Dice este autor, que ya escribió sobre Oriente en éxitos previos como «El guardián de la flor de loto» o «El haiku de las palabras perdidas», que el presentar su novela «Taj» al certamen de novela histórica más importante de nuestro país «era casi obligado». Y explica: «Alfonso X El Sabio, quien da nombre al premio, es nuestro símbolo de tolerancia y convivencia de civilizaciones, judía, musulmana y cristiana. Y, al igual que él, el Sha Jahan, emperador mogol que mandó construir el Taj Mahal, mantuvo la convivencia entre las distintas culturas y religiones del antiguo Indostán, sobre todo entre el Islam y el Hinduismo. Si el edificio es único en el mundo es precisamente debido a ese espíritu de tolerancia y fusión».

El autor había visitado el Taj Mahal en dos ocasiones. La primera tras un viaje en moto por la línea de control de Naciones Unidas en Cachemira y, más adelante, tras un periplo que le llevó de Kerala a Varanasi. Pero, además de esta inspiración viajera, para empaparse de la atmósfera apropiada para el libro también ha hecho uso de algo que tenía mucho más cerca de casa: las grandes obras de arte arquitectónicas de Andalucía. «Durante el proceso creativo he pensado en infinidad de ocasiones en los bellísimos edificios andaluces que conozco bien y que en su día me impresionaron tanto como el propio Taj Mahal».

El escritor refiere la Mezquita de Córdoba, levantada sobre una iglesia visigoda en el año 785, un edificio que fusiona estilos arquitectónicos de forma que logra integrar en sí la historia de la ciudad; o el Castillo de Santa Catalina en Jaén, una fortaleza musulmana alzada sobre una peña que precede a tres fortalezas previas, como atestiguan los restos de la Torre de Aníbal; o, en Sevilla, la Torre del Oro, una de las últimas muestras de arte almohade. «Esas maravillas surgen como flores de loto en momentos en los cuales sus creadores abrazan la fusión en beneficio de la belleza», manifiesta. «La repetición de motivos geométricos, un sagaz juego de materiales y texturas para perseguir la simetría y la tridimensionalidad… Y, siempre, la luz y el agua, elementos indispensables para lograr esa atmósfera mágica que embriaga al viajero».

Portada del libro
Portada del libro- ABC

«Me di cuenta –sigue el autor- de que no había novelas dedicadas a los trabajadores, los verdaderos protagonistas de la obra. Ninguna hablaba de los veinte mil héroes anónimos que aunaron fuerzas, pasión y lo mejor de sus diferentes culturas para levantarlo. La historia se había contado siempre desde la pulcritud del balcón real, y yo quería escribirla desde el barro de los cimientos. No me parecía lógico que el edificio más emblemático del Planeta no tuviera su propio Pilares de la Tierra». Así que decidió saldar esa deuda pendiente con los cientos de artesanos y maestros de todas las disciplinas (marmolistas, carpinteros, jardineros, orfebres…) y con los miles de peones encaramados a los elefantes que arrastraban las piedras, los cuales vivieron, sufrieron y, muchos, murieron en durante los trabajos.

«Cuando comprendemos el trabajo tan brutal que hay detrás de cada losa de la fachada o cada fuente del jardín nos rendimos ante la obra de arte y pensamos: los seres humanos somos apenas unos granitos de arena en el desierto de la vida, pero al mismo tiempo albergamos dentro de nosotros la fuerza suficiente par alcanzar cualquier desafío».

Taj es todo eso. Y además una novela de superación que ha de resultar inspiradora al lector. Porque, además de narrar la epopeya colectiva que supuso la construcción, también narra la epopeya personal de Balu, el joven protagonista, un chico de una aldea del desierto que no duda en enfrentarse a todos los convencionalismos para tratar de recuperar a su amada Aisha, recluida en el harén del soberano. Una historia pequeña, pero igualmente épica, como la de muchos trabajadores anónimos del Taj Mahal o de los grandes edificios de nuestra tierra andaluza.

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