Una de las mesas del congreso celebrado en Caixaforum
Una de las mesas del congreso celebrado en Caixaforum - M. J. LÓPEZ OLMEDO
Libros

Sevilla, capital de las librerías

Los libreros se reúnen en la ciudad para decidir las estrategias de futuro en el sector

sevillaActualizado:

Una Sevilla de lluvia y libros. La ciudad se ha convertido en esta semana en capital de las librerías. Durante varios días se ha pensado y repensado el mundo del libro, su presente y su futuro, los nuevos modelos de librería, la relación con autores y periodistas, y, sobre todo, se han creado fuertes lazos de afectos y complicidades.

Sevilla ha sido la sede del XXIII Congreso de Libreros que este año ha tenido un sentido muy emocional porque no se celebraba desde 2011. «Hace siete años que no se hacía y hemos querido que esta nueva reunión de Sevilla sea muy profesional, con un cambio de formato, con la inclusión de las redes», apunta Javier López, director técnico de Cegal (Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros) y antiguo director de la Feria del Libro de Sevilla.

Junto a Javier López los otros pilares de este congreso han sido Juancho Pons y Eva Cosculluela, director y vicepresidenta de Cegal, respectivamente. Para todos ellos la experiencia de Sevilla ha sido muy interesante. «Del congreso nos llevamos bastantes ideas y citas para un futuro. Ha sido un buen momento para la reflexión», señala Juancho Pons.

A lo largo de estos días se ha reflexionado de forma colectiva sobre las librerías y sus modos de organización, el desarrollo tecnológico del sector, el fomento de la lectura y el apoyo a las librerías.

Un profundo repaso al presente y al futuro pero también al pasado, a la memoria de estos constructores de sueños. De hecho, el congreso se clausuró con una mesa redonda moderada por Guillermo Busutil, director de la revista de libros «Mercurio», en la que Alfonso Guerra como responsable de la desaparecida librería sevillana Antonio Machado y Paco Puche de la librería Proteo-Prometeo en Málaga y aún en activo recordaron el papel de los libreros durante la Transición.

Estaba el pasado y naturalmente el presente. Durante todo el congreso una pantalla gigantesca mostraba los twitter que los participantes realizaban a modo de reflexiones virtuales. El hagstash #CongresoLibreros se convirtió así en una pizarra de pensamiento colectivo.

En el encuentro se ha debatido sobre la crisis que arrasó a tantas librerías, pero de la que ha salido un nuevo tipo de negocio porque hay tantos modelos de librería como libreros. «Las librerías han cambiado. Hacemos más cosas que nunca, provocamos, somos agitadores, el motor cultural de la ciudad. En las librerías pasan cosas sin parar. No sólo está el formato tradicional de las presentaciones, también hay tertulias, visitas. Es una experiencia de ocio, te encuentras con amigos, con los libreros, con los autores. Y necesitamos un altavoz para lo que está pasando», añadió Eva Cosculluela, vicepresidenta de Cegal.

«El gobierno recuerda que hay tomar cinco piezas de fruta al día. Tampoco estaría mal que se hiciera ese recordatorio con los libros», recuerda Cosculluela.

Librero y reflexiones

La reivindicación de la profesión de librero con un punto de emocionario se mezcló con las reflexiones sobre las estrategias empresariales, la modernización del sector, el trabajo en red, los modelos de especialización.

Apareció la figura del librero como prescriptor que en clave de metáfora sería la idea de un oficio que hace de faro y guía en los océanos del libro. El librero de cabecera con estrategias comerciales como la plataforma «Los libreros recomiendan» para sobrevivir en un mundo lleno de ruido.

Juancho Pons, propietario de la librería Pons de Zaragoza, revela la importancia de modernizar el negocio, de repensar y crear con imaginación y también la fuerza emocional que tiene este oficio. «Mis abuelos se conocieron en una librería. Y aquí seguimos...».

Y admite la importancia de lo ocurrido en Sevilla como brújula u hoja de ruta para el futuro de las librerías, estas nuevas librerías que se han convertido en factorías culturales.«Han cambiado muchas cosas. Hemos perdido muchas librerías tradicionales, pero han surgido otras lideradas por gente joven. Nos toca trabajar juntos. En este congreso nos hemos prohibido llorar. Venimos llorados de casa».