Fotograma de la película protagonizada por Jack Nicholson
Fotograma de la película protagonizada por Jack Nicholson - ABC
NOVEDAD EDITORIAL

Publican por primera vez en castellano «El último deber», novela de culto de Darryl Ponicsán

Adaptada al cine en 1973 y protagonizada por Jack Nicholson, ha sido editada por Berenice

SEVILLAActualizado:

Darryl Ponicsán (Shenandoah, Pennsylvania, 1938) vio cómo cambiaba su vida cuando se consagraba como escritor en el año 1969 con su primera novela «El último deber», que acaba de publicar Berenice. La historia narra las peripecias de dos marineros de la Patrulla Costera ―Billy y Mule―, que son designados para escoltar a Larry, de dieciocho años de edad, hasta la prisión naval en la que deberá cumplir condena por un hurto de poca monta.

Esta novela, que es una de las más importantes dentro de las letras americanas de la segunda mitad del siglo XX, ha cultivado elogios. En 1973 fue adaptada al cine y protagonizada por Jack Nicholson, convirtiéndose en un clásico del séptimo arte norteamericano. Esta edición corre a cargo de Javier Ortega, director y editor de Berenice, y ha sido traducida por Óscar Mariscal.

Cubierta de la novela
Cubierta de la novela- ABC

Mariscal comenta que se trata de la primera edición en castellano. «La novela apareció en Estados Unidos en 1970, y en 1973 se estrenó la adaptación cinematográfica. Aunque esta fue un éxito de público y crítica, con tres nominaciones a los Oscar, la novela estuvo rodeada de polémica por su temática y lenguaje duros (en plena guerra de Vietnam), si bien fue acogida de forma entusiástica en círculos progresistas y “underground”, y acabó convirtiéndose en una obra de culto».

Sobre el hecho de que haya tardado tanto en aparecer en castellano, Javier Ortega comenta que «casos así son más frecuentes de lo que pensamos. Nuestra industria editorial tiene sus limitaciones, sus lagunas, y hay bastantes obras de calidad que han visto la luz en nuestro idioma pasado un tiempo».

«Según cuenta el propio autor ―continúa―, las críticas que recibió la novela por parte de ciertos sectores le hicieron cultivar un estilo menos atrevido y polémico, y esta obra (su ópera prima) fue quedando “sepultada” bajo un creciente catálogo de novelas y guiones cinematográficos». Fue reeditada en Estados Unidos con motivo de la aparición, en 2005, de su secuela “La Última Bandera”, cuya adaptación cinematográfica se estrenó en Estados Unidos en noviembre de 2017. Javier Ortega negoció los derechos de publicación en castellano de ambas obras, que conforman un díptico literario de gran calado (en España, la película se estrenará el 2 de marzo, y la novela estará en las librerías dos semanas antes).

Respecto al estilo de Darryl Ponicsán, Óscar Mariscal señala que «es muy personal: afilado y preciso como el acero quirúrgico, nos regala momentos memorables de humanidad y esperanza en el género humano… pero está presto a saltar y herirnos como una navaja automática a la menor ocasión». Los diálogos, «que en el original están construidos a base de mezclar jergas regionales con el vocabulario técnico de la marina de guerra y el lenguaje cuartelario de la época (muy enriquecido por la guerra de Vietnam), constituyen alrededor del 75% de la novela.

Dado que el propio autor sirvió en la Armada, el lenguaje empleado por sus personajes es absolutamente auténtico; lo que por cierto ha exigido una labor considerable a la hora de adaptarlos fielmente al castellano». «Sus descripciones de los lugares donde discurre la acción (bares, tugurios, prostíbulos, estudios de tatuaje…) son también fruto de su experiencia como marinero. Hay en ellas una gran economía de lenguaje y una querencia por los aspectos más sórdidos; en algunos momentos puede recordar la prosa descarnada de un Jim Thompson, por ejemplo», dice Mariscal.

La crítica ha destacado de esta novela el ritmo vertiginoso, los toques de humor y el carácter desgarrador de la historia. A este respecto, Javier Ortega señala que «la historia en sí (basada en un hecho real, aunque no protagonizado por el autor) es desgarradora cuando se contempla en su integridad, pero las abundantes ráfagas de humor ejercen como contrapunto y alivian la tensión.

El lector asiste a un copioso catálogo de emociones: amistad, camaradería, humor, desarraigo, junto a una reflexión sobre el paso del tiempo y sobre lo que nos distingue como seres humanos». «Como ocurre en otras grandes obras ―añade―, confluyen un cierto nihilismo, un sentido trágico de la existencia, con una mirada esperanzada y teñida de emotividad, lo que podría antojarse paradójico pero entronca en realidad con la vida misma».

Sobre los parecidos y posibles diferencias que posee la novela con respecto a la película, el filme de Hal Ashby «solo cubre los siete primeros capítulos de una novela de nueve más un epílogo. Esto es, de sus dos hilos argumentales solo se adapta el viaje de los tres protagonistas (Billy, Mule y su prisionero, Larry) hasta la prisión naval de Portsmouth. El segundo hilo, el posterior “descenso a los infiernos” de Billy y Mule, quedó fuera», comenta Óscar Mariscal.

Personajes que no son héroes

En cuanto a los tres personajes protagonistas, Billy «Badass» (cabronazo) «es el personaje más atractivo y complejo (el que interpretó Jack Nicholson en la película); sargento primero de la Armada, bebedor, apasionado de la literatura y algo filósofo: Le diré dos verdades como puños acerca de los marineros: no encontrará un ápice de malicia en ellos ni personas que se sientan más solas en el mundo», dice Mariscal.

En cuanto a Mule (Mulo), también sargento primero de la Armada, es un negro pobre del Sur que se alistó en la Marina huyendo del hambre y para mantener a su madre. «Tiene un corazón enorme y leal y una bocaza de mil diablos»: Le diré lo que puede hacer con sus cervezas: métaselas por el culo y empuje todo lo que pueda, tal vez así sea capaz de pedorrear “America, the Beautiful” sin desafinar, hijoputa.

«Larry es la persona que, inopinadamente, desde su conmovedora inocencia, da sentido a las vidas de los dos anteriores. Los personajes de Ponicsán no son héroes, son pródigos en imperfecciones como cualquiera de nosotros, pero justamente por ello despiertan nuestra empatía y nuestra comprensión».

Concluye Javier Ortega afirmando que esta obra consagró de tal forma a su autor que «su agente vendió la novela a una editorial antes de que empezara a escribirla y, al poco, también los derechos para su adaptación a la pantalla grande (sin haberla terminado aún). A partir de ahí su carrera estuvo muy ligada al cine, ya escribiendo guiones originales, ya adaptando sus propias novelas».