LITERATURA

«Para hablar de las víctimas de ETA hay que escucharlas»

El novelista Fernando Aramburu presentó en Sevilla «Patria», una obra sobre treina años del País Vasco bajo la violencia de ETA

Fernando Aramburu
Fernando Aramburu - JESÚS SPÍNOLA

El escritor donostiarra Fernando Aramburu reside en Alemania desde 1985, aunque la distancia geográfica siempre la ha superado, confiesa, «por una cercanía emocional» con su tierra. «A las ocho de la mañana he visto el periódico de San Sebastián y las esquelas, y puedo llamar a mi madre para comentárselas», explica.

Pero esa cercanía que el escritor ha sentido siempre hacia el País Vasco ha estado también marcada por la violencia de ETA y sus efectos en la sociedad, no solo por los atentados y secuestros, la realidad que llega a los telediarios y las primeras planas de los periódicos, sino por el miedo y el sometimiento que puede sufrir en el día a día una sociedad donde impera el terror. «Han pasado cosas terribles que no me han dejado indiferente y siento una gran empatía con las víctimas. La violencia da lugar a historias que no han llegado a las pantallas de televisión. Es misión de la literatura reflejar cómo se ha vivido todo esto», explica.

Esas vidas marcadas por el terrorismo dan cuerpo a «Patria» (Tusquets), la nueva novela de Aramburu, que presentó el miércoles en la Biblioteca Infanta Elena de Sevilla y que recorre los últimos treinta años de historia vasca a través de nueve personajes de dos familias «con un vínculo afectivo muy fuerte que se rompe debido a la violencia», más concretamente, por el asesinato de un pequeño empresario en un pueblo cercano a San Sebastián.

La novela, en sentido literal y literario, arrancó el día del anuncio del cese definitivo de la violencia, anunciado por ETA. «La comencé el 20 de octubre de 2011, día del cese definitivo de la violencia, y la finalicé tres años después», explica el escritor. Ese hecho supone también el comienzo de la novela, por cuanto el anuncio provoca que Bittori, la viuda del empresario, decida volver a su pueblo, que abandonó años atrás tras la muerte a manos de ETA de su marido, al que tuvo que enterrar por presiones en San Sebastián.

A partir de ahí esos nueve personajes introducirán diferentes perfiles de la violencia, desde el asesino de ETA a las víctimas. «Cuando he podido he hablado con las víctimas y muchas cosas he aprendido. Para hablar de ellas hay que entenderlas y escucharlas», indica.

De esta forma, «Patria» pretende contar desde la ficción la violencia de ETA para que el lector saque sus conclusiones. «En mi novela el lector tiene la capacidad de observar la realidad del País Vasco de las últimas tres décadas. No es historia, cuenta un testimonio humano sobre cómo se ha vivido con el telón de fondo de la violencia terrorista».

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