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Miguel Brieva: «El nihilismo optimista de los medios es muy inquietante»

El dibujante sevillano regresa a las librerías con «La gran aventura humana»

Miguel Brieva
Miguel Brieva - BELÉN DÍAZ ALONSO

Miguel Brieva (Sevilla, 1974) se ha consolidado como uno de los dibujantes de cómics españoles con un universo más personal e intransferible. Tanto a tragos cortos como en largos desarrollos, este autor ha ido definiendo un estilo que muestra los excesos de una sociedad hipercapitalizada con una escala de valores siempre supeditada al dinero. «Dinero» (2008) es uno de sus libros más aplaudidos, al que han seguido otros, como «Lo que me está pasando» (2015), que desarrollaban tramas más complejas. Su última entrega es «La gran aventura humana» (Reservoir Books, 2017), donde bajo la apariencia de una enciclopedia sobre el hombre recopila ilustraciones, ensayos, disquisiciones y fragmentos poéticos.

Su libro es difícil de clasificar, a lo que más se parece, resumiendo mucho, es a una enciclopedia.

Ese formato es perfecto para el tipo de recopilación y el tipo de material que se ha ido generando en los últimos diez años, colaboraciones que he hecho en medios, encargos de carteles, portadas de discos… Sumados a textos que he ido escribiendo, sin un ánimo muchas veces de publicarlos. Al final, ha ido como aglutinándose un material que responde, por lo menos, a mis inquietudes de los últimos años.

Parece una «summa» de Miguel Brieva, al combinar desde textos a ilustraciones.

Sí, son todos los registros combinatorios de lo gráfico y texto, que es lo que yo hago. Si ves un cuaderno mío lo que ves es un galimatías de ideas, dibujos, textos, poemas… son como millones de ideas, cada una en función del momento, que toman cuerpo bajo un formato u otro. Este tipo de libro caótico pero con un supuesto orden directriz, como puede ser una enciclopedia histórica, me cuadra muy bien para darle sentido a todo este material.

Creo que con este libro cierra una etapa y pretende abrir otra nueva.

Me gustaría. En el fondo es una transición, porque el libro apunta un poco a esa idea de tratar de generar nuevos imaginarios. El uso del humor y de la sátira que hice en «Dinero» y luego en otros libros creo que a día de hoy tiene ya poco recorrido. Creo que lo que necesitamos es otra cosa. Ya sabemos que el rey está desnudo o hay que estar bastante ciego para no saberlo, y ahora qué pasa. Vamos a olvidarnos del rey y ver qué podemos hacer, quienes somos, cómo podemos empezar a construir una especie de contraofensiva del imaginario que contrarreste el mensaje hegemónico de los medios, de la publicidad, este nihilismo optimista que es muy inquietante.

Algo de eso había en su libro anterior, en «Lo que me está pasando».

Cuando hacía «Dinero» estábamos en el escenario en el que había como un subidón de la burbuja inmobiliaria. Aquello era como la ruta del bakalao ideológica y en ese momento simplemente hablar de capitalismo, de lucha de clases e introducir una crítica muy mordaz e hiperbólica tenía sentido. Hoy es como ya más evidente. Cada cinco años nos adentramos en un escenario cada vez más impredecible, inestable, tenebroso… A mí me dicen que si soy un amargado o un pesimista, pero lo inquietante es recibir los indicios que te van llegando todos los días, incluso en el telediario, y no decir cómo es posible que no estemos pensando solo en esto. Por ejemplo respecto al cambio climático, tenemos que cambiar, nos quedan cinco o diez años de margen para que esto no se despendole completamente, pero vivimos en el perpetuo presente en el que solo se vive al día.

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