Cultura - Libros

«La duquesa de Alba encarnó al majismo»

La escritora Carmen Posadas presentó su libro «La hija de Cayetana» en el Aula de Cultura de ABC

Carmen Posadas, durante su intervención en el Aula de Cultura
Carmen Posadas, durante su intervención en el Aula de Cultura - RAÚL DOBLADO
P. GARCÍA Sevilla - Actualizado: Guardado en: Cultura , Libros

Sevilla constituye, sin duda, un personaje más de ese amplio mosaico que configura la última novela de Carmen Posadas, que confesaba ante un nutrido auditorio su preocupación por la «osadía» de haber reflejado una ciudad tan retratada a lo largo del tiempo. En la presentación de «La hija de Cayetana» (Espasa) en el Aula de Cultura de ABC -que patrocinan la Real Maestranza de Caballería de Sevilla y la Fundación Cajasol-, Francisco Robles aseguraba a la escritora, para que no le quedara duda, que se había sentido transportado con su libro a esa ciudad de finales del siglo XVIII «que mostraba las llagas y las pústulas de la decadencia que sobrevino tras el esplendor renacentista y el fulgor barroco».

En esta ocasión, Posadas se sumerge en el personaje histórico de la duquesa de Alba, la inmortal musa de Goya, para adentrarse en un episodio poco conocido de su vida, ya que prohijó a una niña negra, María de la Luz, a quien quiso y educó como a una hija y a la que dejó parte de su fortuna cuando murió en 1802 a los 40 años de edad.

Todo ello le da pie para narrar la historia de dos mujeres: la de Cayetana, con sus amores y dramas en la corte de Carlos IV, y la de la madre biológica, Trinidad, esclava en España que lucha por encontrar al bebé que le fue arrebatado al nacer. A partir de ahí va construyendo una «novela histórica y casi de aventuras», dijo, en la que huye del melodrama que tanto detesta. «Estamos ante una novela de sentimientos, que no es lo mismo que una novela sentimental», precisó Robles.

Dos mujeres, dos historias

«No me gustan los personajes buenos o malos. Cayetana era muy caprichosa, pero también muy generosa, como demostró con esa niña», apuntó Carmen Posadas, quien se refirió a su figura como la «mayor encarnación del majismo» que surgió en aquella época, en claro contraste con la personalidad de su marido o la de la misma Trinidad, el personaje de la madre biológica a la que pone el rostro de una esclava negra de origen cubano que llega a Europa con sus amos.

El retrato de la esclavitud en la España del XVIII es uno de los principales argumentos que desarrolla la novela. Según la autora, «era indispensable que la madre de María de la Luz viniera a Sevilla, porque yo había oído hablar de la Hermandad de los Negritos y me sorprendió muchísimo averiguar que ya en el 1300 se fundó una hermandad para proteger a los esclavos a los que sus amos echaban a la calle».

Junto a una variopinta galería de personajes, tanto reales como de ficción, la escritora se adentra también en varios «enigmas» que rodean a su protagonista, como el de si la duquesa de Alba es o no la maja desnuda; si tuvo o no un romance con Godoy, si lo tuvo con Goya, así como en el enigma de su muerte..., que Posadas quiso dejar en el aire invitando a leer su obra.

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