Alberto Insúa realizó un extraordinario de la Gran Guerra en sus crónicas
Alberto Insúa realizó un extraordinario de la Gran Guerra en sus crónicas - ABC
NOVEDAD LITERARIA

Crónicas parisinas de un conflicto bélico que cambió la historia

Ediciones Alfar publica «Alberto Insúa, corresponsal de la Gran Guerra»

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Alberto Insúa (1883-1963) fue bien conocido en su época por el éxito que alcanzó con sus folletines. Sin embargo, más allá de sus logros literarios, también este escritor realizó una importante labor periodística al publicar para ABC una serie de crónicas que escribió desde París durante la Primera Guerra Mundial y que muestran su compromiso con lo que estaba ocurriendo en aquel conflicto bélico. El resultado de estos artículos, escritos entre 1915 y 1917, se ha reunido en la obra «Alberto Insúa, corresponsal de la Gran Guerra» (Ediciones Alfar). Este libro es una reedición de dos textos del autor, «Páginas de la guerra. Por Francia y por la libertad» y «Nuevas páginas de la guerra», que fueron publicados por primera vez en Madrid por la editorial Renacimiento en el año 1917 y que recopilaban todas sus crónicas parisinas.

La edición de este libro corre a cargo del catedrático de Literatura Española de la Universidad Jaume I de Castellón Santiago Fortuño Llorens, que ha escrito un amplio estudio preliminar donde contextualiza estas dos publicaciones de Insúa. «Páginas de la guerra. Por Francia y por la libertad» comprende cincuenta y un artículos, fechados desde noviembre de 1915 a mayo de 1916, con algunas glosas incorporadas posteriormente en 1917. Por su parte, «Nuevas páginas de la guerra» recoge sesenta y cuatro crónicas redactadas desde mayo a diciembre de 1916. Un tema recurrente en dichas crónicas es el de la batalla del Verdún, que los historiadores consideran la más importante y larga de la guerra. Los artículos de Insúa sobre este episodio ocupan la mayor parte de las páginas de ambos libros como corresponsal.

Exitoso folletinista

Según comenta a ABC Fortuño Llorens, el hispano-cubano Alberto Insúa, «junto a Pedro Mata y Alejandro Pérez Lugin, fue uno de los escritores más populares en la novela de la primera parte del siglo XX. Pertenece a la novela folletinesca, a la promoción de “El cuento Semanal”. Su novela “El negro que tenía el alma blanca” obtuvo un éxito espectacular —fue llevada al cine en dos ocasiones—, y además, con su cuñado Alfonso Hernández-Catá, estrenó obras teatrales». Tras publicar estas crónicas para ABC, el periódico «La correspondencia de España» le nombra su corresponsal. Después de eso, Insúa pasará de nuevo de corresponsal de guerra a folletinista.

En cuanto al retrato que dicho escritor realiza en sus crónicas sobre el conflicto bélico, este catedrático asegura que los textos destacan por mostrar «una visión de la Gran Guerra: paisajes, monumentos destruidos, anécdotas, reflexiones, posturas de los políticos desde una perspectiva claramente francófila, los avances y retrocesos de la guerra, lo humilde y sórdido frente a lo trascendente del conflicto mundial».

Una visión francófila

Alberto Insúa fue invitado por el propio director de ABC, Torcuato Luca de Tena, para que se encargara de esta misión, adoptando una postura francófila frente a la línea oficialista del periódico, que era germanófila. Su visión ante al conflicto fue la de «defender los valores de Francia, por cuanto representa la libertad y el Mediterráneo, frente a lo germánico, que representa la opresión y falta de libertades», afirma Fortuño Llorens.

Cubierta del libro
Cubierta del libro- ABC

En estas crónicas, sobre todo en «Por Francia y por la libertad», se hace un retrato certero de la literatura francesa de aquellos tiempos de guerra. «Es un aspecto muy importante cómo se entreveran la literatura y la guerra —dice este catedrático—. Es un pequeño manual de historia literaria francesa de este periodo en el que se destacan sus simpatías y también divergencias temáticas y estilísticas hacia autores y obras».

Preguntado por cómo evolucionó el pensamiento de Alberto Insúa a medida que fueron apareciendo estas crónicas de guerra, Santiago Fortuño Llorens admite que el escritor «se vuelve cada vez más reflexivo a la par que más humano hacia lo que presencia: la vida en el frente de los soldados, las implicaciones de los terceros países en la guerra, su vuelta a Madrid y cómo ve a los españoles en la guerra».

En cuanto al estilo literario de dichos artículos, el catedrático de Literatura Española de la Universidad Jaume I de Castellón asegura que «obviamente, el estilo de Insúa ha variado sustancialmente respecto a sus obras literarias. Él mismo lo reconocía, pero era un buen medio de reconocimiento social y, además, una manera de poder vivir dignamente. En estas crónicas se advierte un estilo minucioso, documental, en ocasiones algo árido por el tema tratado, aunque siempre se observa al Insúa humano y cercano a los hechos narrados y personas y tipos descritos».

Sobre cómo fueron acogidas estas crónicas de Alberto Insúa por el gran público, Santiago Fortuño Llorens puntualiza que, «por lo que él mismo dice, tuvo sus lectores, máxime tratándose de un periódico como el ABC. Dependió también de la postura distinta ante la guerra de sus lectores, por eso el mismo periódico mantuvo corresponsales de distintas tendencias».

Entre el ensayo francés del XVIII y lo moderno

Según sostiene en su prólogo este catedrático , los artículos periodísticos que escribió Alberto Insúa desde París están en «sintonía con el ensayismo clásico francés del siglo XVIII y con los escritores contemporáneos, a los que cita, como Maurice Barrès y Paul Morand, a quienes Insúa prologó —y tradujo—, en 1914, “El Greco o el secreto de Toledo” y “La Europa galante”, en 1926, respectivamente». Tras la Gran Guerra, Alberto Insúa regresó a España y formó parte, en 1924 y 1925, de la Sociedad de Cursos y Conferencias de la Residencia de Estudiantes. Durante la Segunda República, ocupó el cargo de gobernador civil en Málaga, entre 1933 y 1935, y en Álava, entre el 5 y el 23 de diciembre de 1935. En 1936 marchó a Francia, y posteriormente a Bélgica y Buenos Aires, donde llegó en julio de 1937. Regresó a Madrid en 1949. Durante la I Guerra Mundial le unió una gran amistad con Vicente Blasco Ibáñez. Falleció en el año 1963.