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Carrascal: «Pese a su fama de revolucionario, el español es un conservador»

El columnista de ABC presenta en Sevilla su libro «España. La revolución pendiente»

Carrascal, en la Casa de ABC de Sevilla
Carrascal, en la Casa de ABC de Sevilla - J. M. SERRANO

El veterano periodista José María Carrascal, un habitual de las páginas de ABC, trata de responder en su último libro una pregunta compleja: ¿estamos condenados a no tener una revolución, como sucedió en Francia o Gran Bretaña, que permita pasar a España la reválida de las naciones modernas? Las posibles respuestas están en «España. La revolución pendiente (1808-2016)», un lúcido análisis sobre la política y las constituciones de los dos últimos siglos en este país. Ayer lo presentó en la Cámara de Comercio de Sevilla.

—¿Por qué los españoles han sido incapaces de articular una revolución?

—Es una pregunta que viene de lejos, pero podría decirse que porque los españoles amamos más el pasado que el futuro.

—¿Se producirá alguna vez una revolución?

—El español que tiene fuera tanta fama de revolucionario, de anárquico, es en el fondo un conservador, ama la tradición más que nada. Nuestro lema lo resumió uno de los grandes poetas de la literatura española que es Jorge Manrique: cualquier tiempo pasado fue mejor.

—Leyendo su libro, sobre todo la parte del XIX, también podría ser otro lema aquel «vivan las cadenas».

—Podría serlo, porque en los españoles el individualismo es tan acentuado que el trabajo en conjunto no nos apetece y ese es uno de los grandes fallos. Las grandes hazañas españolas en la historia son hechos individuales. Pero la historia dejémonos de tonterías, la hace el hombre en su conjunto. El hombre es un animal social. Nosotros estamos enamorados del pasado, pero también de nosotros mismos. Somos tremendamente narcisistas. En ese sentido, nuestros valores, tanto de la izquierda como de la derecha, son del pasado. ¿Esto nos condena a no tener revolución? La revolución no va contra los abusos, va contra los usos, como decía Ortega y Gasset. Porque si se va contra los abusos y siguen los usos, pues no se avanza. La historia avanza en saltos cuánticos, que cambian todo.

—En el libro cita a Javier Gomá cuando viene a decir que los españoles quieren cambiar las instituciones para no tener que cambiar ellos.

—Exactamente. El lampedusismo, eso de que cambie todo para que todo siga lo mismo, lo practicamos totalmente y lo estamos viendo, incluso, con los nuevos partidos. Solo por haber sido elegidos para un cargo siguen haciendo lo mismo que los anteriores. Poniendo a los familiares… Hay que ver lo que han envejecido estos nuevos partidos con unos pocos meses en el poder.

—Usted señala que España ha creado una clase media, pero no una burguesía.

—La clase media española no es la clase media de los otros países. En Estados Unidos es «public servant» (servidor público), es decir, funcionario, quien no sabe, quien no se desenvuelve por su cuenta. En España, la aspiración de todo el mundo es convertirse en funcionario. Pero un Estado moderno no se puede fundar en los funcionarios, sino en el empresario libre, naturalmente, controlado por funcionarios. Pero la iniciativa privada tiene que preponderar sobre la pública.

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