AULA DE CULTURA DE ABC

Carmen Posadas: «Cayetana de Alba sigue fascinando porque era dueña de su destino»

La escritora presentará este miércoles en el Aula de Cultura de ABC su última novela «La hija de Cayetana»

Carmen Posadas
Carmen Posadas - CHRIS BARRÓN
EVA DÍAZ PÉREZ Sevilla - Actualizado: Guardado en: Cultura , Libros

Carmen Posadas se ha sumergido en un episodio secreto de la duquesa de Alba, la que pintara Goya para la inmortalidad. En un mínimo apunte en su testamento se sabe que prohijó a una niña negra, María de la Luz. A partir de ese mínimo dato, la escritora reconstruye los aspectos más insólitos de una mujer singular, excéntrica e inclasificable.

Posadas desentraña en «La hija de Cayetana» (Planeta) una época fascinante y el desconocido mundo de la esclavitud en la España del siglo XVIII. Sevilla, el Palacio de Dueñas y la Hermandad de los Negritos tienen un especial protagonismo en esta historia sorprendente.

La noticia de la existencia de la niña María de la Luz es apenas una nota en un viejo documento. Un terreno fascinante para la ficción histórica: partir de un hecho real para luego fabular a placer.

Sí, pude así aprovechar para recrear un mundo más amplio y hablar no sólo de esa época sino de los paralelismos que tiene con el presente, porque el siglo XVIII se parece mucho al momento actual. En el XVIII también va muriendo una época, desaparecen estructuras de poder y hay cambios sociales que llegan con una fuerza muy grande y que tienen rasgos muy populistas y demagógicos parecidos al momento actual.

El final del siglo XVIII fue efectivamente un tiempo de incertidumbre, una época de acelerados cambios. ¿Ha jugado con esa dimensión de la novela histórica de plantear el pasado como espejo del presente?

Hay paralelismos que no he desarrollado, pero en toda la novela la Revolución Francesa está como telón de fondo. Hay un guiño evidente. Aquella nueva clase política emergente empieza con movimientos asamblearios, que es lo que ocurre ahora con Podemos. Cuando se consigue cambiar el devenir de los acontecimientos con una gran ruptura, todo comienza con entusiasmo e idealismo, con un espíritu asambleario donde todo el mundo opina, pero al ver que es inoperante surge un líder muy autoritario. En la Revolución Francesa es Robespierre y en la Revolución Rusa es Lenin. No creo que eso vaya a pasar ahora, pero tiene un cierto eco. Como decía Mark Twain, la Historia no se repite pero rima.

En esta novela aborda un tema poco conocido: el de la esclavitud y la población negra en España.

Sí, es un capítulo muy olvidado porque todos sabemos que hubo esclavos en las colonias, pero no es tan conocido que existieran en España. Sin embargo, Cervantes llama a Sevilla «el damero de Europa» porque había un diez por cierto de personas de color. A mí me ha encantado viajar a Sevilla para descubrir que todavía quedan rastros de esa época. Aún está la Hermandad de los Negritos, que se funda por el cardenal Mena en el siglo XIV, pero que destaco en la novela. Y ¿por qué razón? Ahora vemos cómo se hace una revisión muy injusta de la Historia como ha ocurrido con la conmemoración del 12 de octubre. Hay quien dice que la conquista de América fue un genocidio, que los conquistadores eran unos bárbaros. Y a mí me gustaría resaltar que ya en Sevilla en el siglo XIV había alguien que, para solventar el problema de los esclavos que eran expulsados por sus señores cuando se hacían viejos e inservibles, crea un hospital y un hospicio para recogerlos

¿Estuvo en Sevilla para preparar la novela?

Hay una buena parte de la novela que transcurre en Sevilla, y aspectos de la trama tienen que ver con la Hermandad de los Negritos. También aparece, claro, el palacio de Dueñas, y cómo era Sevilla en aquella época. Tengo que confesar que no sabía la importancia que tenía el río cuando se inundaba. La gente tenía que hacer peripecias para trasladarse de un lado a otro. Me encantó retratar esa Sevilla tan desconocida, al menos para mí.

¿Por qué cree que sigue fascinando el personaje de Cayetana de Alba?

Porque es atemporal. En su época resaltaba porque era una mujer libre en el mejor sentido de la palabra. Para ser una mujer dueña de tu destino tenías que ser muy rica o muy poderosa pero a título personal, porque no servía ser hija de un rico o esposa de un aristócrata. Tenías que serlo por ti misma y ella lo era. Era en apariencia frívola y superficial, pero tenía un gran corazón como demostró al prohijar a esta niña.

Hay quien siempre ha visto cierto paralelismo con la duquesa de Alba de nuestra época. ¿Cree que existe semejanza quizás por su pasión por los temas populares y el casticismo?

Las circunstancias personales se parecen mucho: son dos hijas únicas herederas de una cantidad de títulos y una fortuna enorme, y eso también las convierte en dueñas de su destino. Y las dos tienen esa vertiente popular. A la duquesa de Alba del XVIII le encantaban los cómicos y subir a las tablas, los toreros, se escapaba a la verbena vestida de manola. La gente la aclamaba por la calle cuando iba por Madrid o por Sevilla, igual que ocurría con la que hemos conocido.

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios