LITERATURA

Andrés González-Barba: «Quería reivindicar el lado más sincero de la Navidad»

El escritor y periodista regresa a las mesa de novedades con «La noche de Lear y otros cuentos navideños», que presenta hoy en la Biblioteca Infanta Elena

Andrés González-Barba
Andrés González-Barba - J. M. SERRANO

A quien conozca al escritor y periodista de ABC Andrés González-Barba no le debería sorprender su nuevo libro: «La noche de Lear y otros cuentos navideños», que acaba de publicar Alfar. Para empezar, porque uno de los escritores de cabecera de este sevillano es Charles Dickens, autor del que, posiblemente, sea el relato navideño más famoso de todos los tiempos: «Cuento de Navidad». A lo que se suma que en la producción novelística de González-Barba se puede rastrear una tendencia a la literatura de género, que a este escritor le gusta subvertir con dosis de realismo, novela negra, fantasía e, incluso, terror. Ahora, este periodista se interna en el poco transitado género por la literatura española del cuento navideño, con una colección de relatos que presenta, de la mano de Andrés Pérez Domínguez, hoy a las 19 horas en la Biblioteca Infanta Elena.

Tras tres novelas se interna en el relato, ¿qué le atraía del género?

Empecé a escribir este libro de relatos de forma un poco casual, porque a raíz del nacimiento de Elena, mi segunda hija, tuve un parón en cuanto a dedicarle más tiempo a la novela. A mí me gustado siempre mucho el género de los cuentos, era un desafío abordar ese género más corto y era una forma de hacer un homenaje a muchísimos autores que siempre me han gustado.

Hay un claro homenaje a Dickens, uno de sus autores de cabecera.

Dickens, pero también están Poe, Hoffmann, Stevenson,Wilde, Kafka, Chéjov, Maupassant… Creo que no ha habido un gran autor que no hiciera grandes relatos, lo que pasa es que hoy en día es también un desafío hacer un libro de relatos porque no todos los lectores actualmente están dispuestos a entrar en ese juego, sino que quieren historias más extensas que requieren menos esfuerzo. Como puede ver en el libro, todo se concentra más y se intenta dar al final una chispa emocional. Todo eso me atraía mucho.

¿El mecanismo del relato le ha resultado más complicado?

Sí, porque hay que condensar todo muy bien, hacer muchas elipsis… Aquí juego también con varios tipos de relatos, porque tanto el primero como el último son relatos más extensos, que se acercan a la «nouvelle», un género que también me apasiona.

En los relatos hay algunos que siguen un patrón muy realista, mientras que en otros se introduce lo fantástico o lo maravilloso.

Hay una mezcla. A mí me gusta, porque he abordado géneros más realistas, como la novela negra o novela policiaca, pero también he combinado con novela fantástica, cuando escribí «El sueño de Titania», o en «El último tren a la estación del Norte», en el que le metí algunos elementos sobrenaturales. Me gusta mucho jugar con los géneros, mezclarlos dentro de una misma obra. A lo mejor al lector le inquieta un poco empezar un relato de una forma más realista y que después tenga un giro hacia lo fantástico, pero son elementos que a mí me gustan mucho.

Ese elemento fantástico entronca bien con el cuento de Navidad, que en su libro es un tiempo donde puede pasar cualquier cosa maravillosa.

Ha hablado antes de la influencia de Dickens, pero también ha habido autores que han escrito muy bien sobre la Navidad, como Andersen, Hoffmann con «El cascanueces», o el propio Paul Auster, que tiene un cuento de Navidad muy bueno. Hay muy buena literatura navideña y me sentía deudor de toda esa herencia, y también me gusta el tema cinematográfico de Frank Capra, esos giros inesperados, el ver un poco la bondad de las personas… Pero he huido en todo caso de mostrar una Navidad edulcorada o de grandes almacenes, a mí me interesa más la Navidad de la gente humilde…

Hay cuentos que se desarrollan bajo las bombas alemanas en el Londres de la Segunda Guerra Mundial y otro donde se hace referencia al horror de Auschwitz ¿Se resiste a dejar de mirar la Navidad con cierta inocencia?

Sí, porque creo que, como decía Dickens a través de uno de sus espíritus, en nombre de la Navidad se han cometido muchos ultrajes. Quería reivindicar ese lado más sincero de la Navidad, cómo en una ciudad que se vivía una situación tan extrema como en Londres en 1940, que estaba destrozada y con la gente muy desmoralizada, ese espíritu navideño puede celebrarse en las situaciones más extremas. En este libro hay muchos relatos que reflejan la soledad, el desarraigo, pero siempre con ese ánimo de querer celebrar esa parte de la Navidad.

¿Por qué cree que en el mundo anglosajón la Navidad tiene un hueco que no tiene en la literatura española?

Hay muy pocos ejemplos, casos muy contados de relatos y no quiere decir que no haya habido cosas buenas, pero quizás a lo mejor por la propia idiosincrasia del español que no le ha dado esa importancia a este tiempo. En el ámbito anglosajón, desde el Romanticismo se sacaban almanaques anuales navideños y en Estados Unidos se le daba mucha importancia. Al menos con este libro he tratado de subsanar en la medida de lo posible esa laguna y demostrar que aquí se puede hacer una literatura interesante con la Navidad.

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