Antoine Leiris «Todavía tengo momentos de debilidad o rencor»

Antoine Leiris perdió a su mujer en Bataclán. Diez meses después presenta en España «No tendréis mi miedo», un libro que escribió en los días siguientes a la tragedia, cuando el dolor lo asfixiaba

Antoine Leiris, autor de «No tendréis mi odio»
Antoine Leiris, autor de «No tendréis mi odio» - José Ramón Ladra

Hace diez meses, Antoine Leiris (París, 1981) perdió a su mujer en la sala Bataclán de París. Ella estaba en el concierto y él la esperaba en casa, leyendo para no quedarse dormido. Hoy Antoine promociona un libro que escribió en los días siguientes a la tragedia, cuando el dolor lo asfixiaba. La escritura y su hijo Melvil forzaron la prórroga en el partido de sus vidas. «No tendréis mi odio» (Ediciones Península) empezó siendo una respuesta en Facebook a los terroristas. Ahora es el diario de un viaje que hubiera preferido evitar.

—¿Cómo está?

—Voy bien. Pero como todo el mundo: hay días mejores y días peores. Hoy estoy bien, hace un día bonito. Y supongo que esta tarde estaré un poco triste de no tener a mi hijo conmigo. Pero hasta ahora bien.

—Hablando de su hijo, Melvil tiene ya más de dos años. Le hará preguntas.

—Melvil está empezando a hablar ahora. Yo le he hablado y ahora espero sus preguntas. Esa parte es nuestra historia personal, ya no es la historia de un libro. Iremos avanzando con las preguntas cuando vayan llegando.

—¿Sigue esa ola de solidaridad que recibisteis en noviembre de 2015?

—Sí, aunque de forma diferente, de forma menos imponente... Pero aunque no se traduzca en algo tangible siento empatía entre algunas personas que me encuentro. Tengo la suerte de poder vivir sencillamente.

—¿Cuánto le ha ayudado este libro?

—El momento de escribir fue muy importante porque está escrito a continuación de la carta [la que se hizo famosa en Facebook]. Lo escribí en momentos de soledad, cuando mi hijo estaba echando la siesta o dormido. Esos eran momentos difíciles a la fuerza. Tenía la impresión de que me faltaba el aire, de que estaba encerrado en el dolor. Y la escritura era una puerta abierta a un espacio de libertad. Pero no tenía ganas tampoco de huir de mi dolor, sino guardarlo en ese espacio de libertad. La escritura me permitía seguir viviendo ese dolor por Hélène, pero respirando. El libro fue muy importante entonces, pero la relación que tiene ahora la gente con el libro no tiene nada que ver con el padre o el marido, sino con el escritor. Es muy enriquecedor que la gente te cuente qué es lo que les ha conmovido. Ahora soy un escritor que empieza a tomar conciencia del impacto.

—Habría sido un libro distinto de no haberlo escrito en los diez días siguientes a la tragedia.

—Sí, sí. Desde luego. Y de hecho no lo habría escrito un año más tarde. Es lo que hablábamos cuando me preguntabas si Melvil me hacía preguntas. Esto no es el nacimiento de un padre y un hijo que evolucionan en el tiempo con su historia, es el libro que cuenta el momento justo del impacto. Por eso no lo hubiera escrito un año después.

—Su reacción al atentado fue vitalista: «No tendréis mi odio». Pero, ¿no ha tenido momentos de debilidad? ¿De sentir rencor?

—Sí, por supuesto. Y todavía los tengo. Como a cualquier persona, a veces me invaden mis instintos. Pero intento resistirme con inteligencia, con la razón, con la reflexión. Esos sentimientos de rencor llaman a mi puerta regularmente pero intento dejarlos de lado. A veces de forma evidente, otras veces menos, pero hasta ahora he logrado no dejarme desbordar.

—Sabiendo esto, ¿Cómo ha sido su primera vez como escritor?

No miro al futuro: me tomo la vida como llega e intento lidiar con ella. Intento acompañar a mi hijo lo mejor que puedo y darle herramientasAntoine Leiris, escritor

—La escritura es un lugar tan extraño... Porque consiste en buscar cosas muy complejas en uno mismo que a veces no quiere ver. Se trata de ir a buscar las debilidades, los fallos... Es tan íntima y tan extraña esa relación con las palabras... Hay algo en mí que me ha sorprendido. Yo escribí el libro pero no lograba escuchar la música de las palabras. Entonces vino una persona de la editorial a leer mi texto. Yo cerraba los ojos para escuchar y solo en ese momento entendí lo que contenía el texto y pude corregirlo.

—¿Cómo fue escuchar sus sentimientos en boca de otro?

—Es raro, porque me concentro únicamente en la música de las palabras. Es decir, las ideas las tenía, pero me interesaba más la partitura musical. La persona que me leía el texto lloraba con cada capítulo. En ciertos momentos pensé: «Sí, es muy duro lo que hemos vivido». Y a veces creo que no solo fue duro ese momento, también la continuación. Había momentos en los que tomaba conciencia de esto mientras escuchaba desfilar la historia en la boca de otro.

—¿Cómo ha caído este libro en Francia?

—A mí me sorprende una cosa sobre todo. Y lo he vivido esta mañana, porque cada día alguien me habla de un momento preciso del libro. Y casi nunca es el mismo. Unos me hablan de la visita del contador de la luz, otros de cómo tengo que tirar la comida que me regalan el resto de madres... Cada uno se fija en un trozo y viene a compartirlo conmigo.

—¿Qué planes de futuro tiene?

—Buena pregunta (ríe). Sinceramente, no lo veo. Me tomo la vida como llega, intento lidiar con ella. Intento acompañar a mi hijo lo mejor que puedo y darle armas, herramientas. En fin. Rezas. Alegrías. Intento vivir mi vida. Tener una idea preconcebida de lo que puede ser el futuro sería determinar un camino con anterioridad. Prefiero dar un paso tras otro. Tanto si hemos vivido ese drama, como si no lo hubiéramos vivido, creo que hay vivir así: dando un paso tras otro.

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