Sergio Ramírez, esta mañana en la Biblioteca Nacional de España
Sergio Ramírez, esta mañana en la Biblioteca Nacional de España - EP

Sergio Ramírez: «La literatura en Latinoamérica está contaminada por la anormalidad política»

El escritor es, el primer nicaragüense que recibe el premio Cervantes, ha comparecido días antes de la ceremonia de entrega del gran galardón de las letras hispánicas

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Hace unos meses, Sergio Ramírez contaba a ABC que la «pátina de la política» se le había quedado pegada a la piel a pesar de llevar más de veinte años dedicándose por entero a la literatura. No se equivocaba en el diagnóstico. El escritor, que llegó a ser vicepresidente de Nicaragua y que tuvo un papel muy activo para derrocar al dictador Anastasio Somoza, ha atendido esta mañana a los medios días antes de recibir el premio Cervantes. Y las preguntas de política no han tardado en caer: la sucesión de Castro en Cuba, la relación entre Nicaragua y Venezuela.

Ramírez despachó rápido las cuestiones políticas, movido por el ánimo de no eclipsar una celebración literaria. «No se puede hablar de cambio por el momento», ha apuntado refiriéndose a Cuba. «Considero la alianza entre Venezuela y Nicaragua absolutamente fracasada hoy en día», sentenció para zanjar la segunda cuestión.

Más allá de estos últimos vaivenes, el nicaragüense no pudo esquivar una cuestión fundamental para entender su trayectoria (y la de toda una generación de escritores): cómo se relacionan la literatura y el poder. «Siempre he pensado que la literatura en Latinoamérica está contaminada de la anormalidad política», ha afirmado.

De hecho, ha recordado que en su juventud sus ideales políticos se parecían a sus ideales literarios. «Ahí, uno quiere cambiar el mundo a través de los libros. La realidad inventada que convive en los libros es una ansiedad de cambio. Y lo mismo se podía conseguir a través de la acción: el cambio político».

Volviendo a la actualidad ha subrayado que, de alguna manera, «el caudillismo ha resucitado» en nuestro siglo con nuevos ropajes que no son los de la política, sino los del narcotráfico, la violencia, la corrupción o las pandillas. «No es que la literatura deba escribir sobre los temas sociales y económicos, es que la literatura habla sobre los seres humanos. Y los seres humanos muchas veces se ven marcados por estos temas».

El primer premio Cervantes nicaragüense

Darío Villanueva, presidente de la Real Academia Española (RAE) había presentado a Ramírez con dos palabras cargadas de intención: «Centroamérica cuenta». No en vano, Sergio Ramírez es el primer nicaragüense en recibir el gran galardón de las letras hispánicas, un reconocimiento que para muchos lo sitúa como el sucesor de su compatriota Rubén Darío, el poeta que revolucionó la lengua española a finales del siglo XIX y principios del XX.

Al respecto, Ramírez ha comentado, después de alejarse con humildad de la gran figura de Darío, que le gustaría que este galardón sirviese como impulso para la literatura centroamericana: «Yo quisiera la multiplicación de los panes, que muchos escritores centroamericanos fueran publicados en España y en el resto de America Latina».

«Cuando yo empecé, los escritores centroamericanos eramos muy pocos. Hoy son legiones. Hay magníficos escritores en muchas partes de América Latina. Habiendo tanto, que todos no lleguen a las librerías españolas no es tan raro», ha apuntado. Sin embargo, sí ha subrayado la identidad literaria de Centroamérica, una identidad que está conectada con el resto del continente. «Es una literatura distinta en forma y fondo. Es una ltieratura experimental, que busca nuevos horizontes. Pero regresa, aun así, a los temas de la anormalidad en Latinoamérica».

Por último, el escritor ha revelado el tema del discurso que ofrecerá tras recibir el galardón en el acto de entrega del próximo lunes. Precisamente, tratará sobre las relaciones que se pueden establecer entre Rubén Darío y Miguel de Cervantes, dos renovadores indispensables de la lengua española. «Hablaré de lo que le debo a Rubén Darío y de lo que le debo a Cervantes (...) Y sobre la felicidad de pertenecer a una lengua de semejante tamaño».