Cultura - Libros

Roberto Saviano: «Cada país europeo tiene su caja fuerte de evasión fiscal; la de España es Andorra»

El italiano presenta en España su más reciente novela, «La banda de los niños», sobre una pandilla de jóvenes camorristas en Nápoles

Roberto Saviano, durante la entrevista - ÁNGEL DE ANTONIO/ Vídeo: Virginia Carrasco

A Roberto Saviano (Nápoles, 1979) el tiempo se le detuvo hace ahora diez años: el día que publicó «Gomorra». Se convirtió en el hombre más buscado por la mafia italiana, que puso precio a su cabeza. Desde entonces, vive con escolta y sin la posibilidad de imaginar un futuro. Pero las amenazas y el miedo no han logrado callarlo. Sigue escribiendo, allá donde viva, y denunciando realidades que, por próximas, a veces nos resultan ajenas.

En su última novela, «La banda de los niños» (Anagrama), que estos días presenta en España rodeado de estrictas medidas de seguridad, narra la historia de una pandilla de camorristas en Nápoles. Jóvenes criados en una sociedad donde el dinero lo es todo. Todo. Y cualquier medio es válido para conseguirlo. Incluso la violencia. Sobre todo la violencia. Es sólo cuestión de un par de decisiones, tomadas casi de forma inconsciente, y pasas al otro lado. Al lado equivocado.

¿Es esta novela una advertencia?

Sí,es un SOS que dice, sobre todo a las madres: estos son vuestros hijos. Las madres educan a sus hijos para que sean ganadores siempre. Y, en este mundo, ser un ganador es ser un animal. Cuando les miro, veo a unos culpables inocentes, y siento que estoy mirando a la cara a la verdad, sin hipocresías.

¿Es posible escapar de tu propio destino cuando naces en un lugar que te condena desde la cuna?

En realidad, es muy difícil escapar de este destino. Pero el destino de estos chavales no es el crimen.

Es cierto, son de clase media.

Pero hoy en día la clase media está colapsando en todos sitios, también en España. Son niños que lo tenían todo, y no lograr hacer más dinero es un dolor que no consiguen elaborar. Por eso, para ellos coger las armas es un derecho, pero saben que para hacerlo morirán.

¿Y no se quieren salvar o es que en realidad no pueden?

Cuando entras, es imposible. Tocas tanto dinero… Cada chico del mundo que no ha nacido protegido por su padre y su madre tiene una única información en la cabeza: si invierto cinco mil euros en cocaína, después de un año tendré un millón. Esa idea está detrás de todo.

El dinero.

Y esa idea les lleva a la muerte.

Tengo anotada una frase del narrador que me fascina: «La mirada es territorio, es patria, mirar a alguien es entrar en su casa sin permiso. Observar a alguien es invadirlo». En mi opinión, ahí reside la diferencia entre el escritor y el periodista: inventar o narrar lo que ves. Usted ha hecho uso de la ficción y de la no ficción para denunciar una realidad.

En este caso, se trata de una historia de imaginación que parte de la realidad. Con la ficción, puedo entrar dentro, figurar hasta lo que piensan los protagonistas. Y eso es algo que no puedo hacer con la no ficción. Pero, de un modo u otro, quiero contarle al lector esta realidad. Podemos decir que, en este caso, el personaje es imaginario, pero la realidad que produce el personaje es real. En cambio, en «Gomorra» y «CeroCeroCero» la realidad no es imaginada, todo es real, pero el estilo es narrativo. Yo siempre digo que escribo novelas: unas son de no ficción y otras de ficción.

A veces me pregunto si las series, las películas, las narraciones, no pueden llegar a tener un efecto nocivo. Es decir, ¿no puede llegar a ser mayor su capacidad de atracción que su denuncia?

Una obra de arte no tiene que tener un sentido educativo. Rechazo la acusación de ser un difusor de violencia, porque simplemente cuento lo que existe. El público ve mi serie y cuando ven un asesinato en la realidad piensan: «Ah, es como ‘Gomorra’»; pero no, «Gomorra» es como la realidad. Antes pensaban que era sólo un muerto más, pero ahora se dan cuenta porque han visto la serie, lo entienden.

¿Cómo se siente más cómodo, si le describo como periodista o como escritor?

En ningún caso, porque escribo libre, pero no con felicidad. Sólo merece la pena escribir un libro si estás listo para perderlo todo.

¿Usted estaba preparado para perderlo todo?

No así. Pero sí estaba listo para la guerra.

¿Y sigue estándolo?

Sí, por supuesto. Nunca he vivido mi trabajo en tiempo de paz. Siempre estoy en contra de algo o de alguien.

En la novela asegura que la paradoja de cada generación es que las decisiones más importantes, aquellas que no se pueden cambiar, son las más sencillas de adoptar, mientras que las reversibles son las más meditadas y razonadas. Le voy a pedir que, en su caso, me de un ejemplo de cada una.

Escribir «Gomorra» no fue una decisión meditada. Seguir escribiendo sí. Las dos decisiones han sido errores. Si hubiese meditado más las decisiones siguientes, por instinto habría cambiado de vida.

¿Se arrepiente?

Totalmente.

Pero es algo que ya no puede cambiar.

Bueno, siempre pienso en cambiar de vida.

¿Es posible, en su caso?

Si dejara de escribir...

¿Recuperaría su vida?

Si dejara de escribir, si abandonara mi perfil público… Sí.

Se lo pregunto porque tiene que ser muy duro vivir en una cárcel sin barrotes, casi más, si me apura, que en la prisión que se merecen quienes protagonizaron aquel libro.

Yo también atraigo mucho odio. Soy el italiano más odiado en Italia.

Pero también tiene muchos afectos.

Sí, bueno, pero más odios.

¿Es así como usted lo percibe?

Sí. Esa es una reflexión muy psicológica, propia de un terapeuta (ríe).

¿Cree que llegará un día en el que viva sin miedo a que le maten?

Es algo extraño, porque nunca he tenido miedo de ser asesinado. Vivo con la idea de la muerte, es algo que llegará, tarde o temprano, es algo natural…

Pero es más natural morir a una edad avanzada que ser asesinado.

Es una cadena perpetua. Una parte de la sociedad te culpabiliza por estar vivo. Como estás vivo, no es verdad lo que dices, porque si fuera verdad, estarías muerto. Es algo propio de la cultura mafiosa. La cultura mafiosa es tan importante que sólo vales si ella te mata. Muchos italianos piensan que no es posible que sobrevivas a la mafia. Pensar que estoy vivo porque ellos me lo han concedido es casi un pensamiento mafioso.

Eso es una condena

Sí, pero Italia es así...

Lo ha dicho al comienzo de la conversación: ser un ganador es ser un animal. En nuestra sociedad, la fortaleza va irremediablemente asociada a la violencia: narcotráfico, camorra, mafia, terrorismo… Su mejor arma es siempre la violencia. ¿Cómo combatirlo?

La respuesta romántica es permitiendo que la felicidad sea realizable sin que dependa del dinero.

¿Y la respuesta real?

La real es que tienen que cambiar las reglas económicas.

En ese sentido, ¿cuál es el país que más hace por combatir la delincuencia y cuál el que menos?

No hay un país ejemplar en esto, pero Italia y Estados Unidos tienen una buena jurisprudencia en temas de mafia. Luego, si se actúa o no es un tema más de política. España no tiene buenas herramientas legales, ni Francia o Alemania. Europa tiene la capital mundial del blanqueo de dinero.

¿Y cuál es?

Londres. Cada Estado europeo tiene su caja fuerte de evasión fiscal: España, Andorra; Francia, Luxemburgo; Alemania, Liechtenstein; Italia, San Marino. Los impuestos los pagan sólo los trabajadores y el pequeño empresario. Los demás se van a Andorra. Este es el primer problema a la hora de hacer una reforma política: el dinero es demasiado potente.

Volvemos al dinero.

Exacto, otra vez. ¿El Brexit? Lo han vendido como una victoria populista. Pero el dinero que hay allí procede de las Islas Caimán… Querían hacer de Gran Bretaña una isla offshore, y es lo que han conseguido. Todo lo demás lo han perdido, pero han ganado en el tiempo la posibilidad de ser una isla no controlada. Si llevas allí un tren lleno de dinero, nadie te pregunta de dónde viene. Los «Papeles de Panamá» son la gran «vendetta» de Panamá contra Londres. Tenían esa información y la han dejado salir, es una venganza por haber movido ese capital.

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