Anthony Hopkins y Emma Thompson, en una escena de «Lo que queda del día»
Anthony Hopkins y Emma Thompson, en una escena de «Lo que queda del día» - ABC

Premio Nobel de LiteraturaKazuo Isighuro: lo que queda del libro

Entre pocas veces y nunca un escritor tan sutil como Ishiguro ha visto sublimarse en imagen la magia de su escritura

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Las palabras capturan emociones y sentimientos a los que una cámara de cine sólo tiene acceso en un absoluto estado de gracia, y es tan fácil adocenar la tristeza, la amargura, la melancolía que se puede considerar como un milagro lo que James Ivory y Anthony Hopkins y Emma Thompson, vehículos en estado de gracia, consiguieron trasladar a la pantalla de la novela de Kazuo Ishiguro «Lo que queda del día». Puesta en escena, interpretación y emoción (contenida, incontenible) tan elocuentes y precisas que uno puede leer una página del libro en un plano. Todo lo que alberga ese mayordomo, Steven, la mayoría de lo cual solo asoma a su rostro de modo casi imperceptible, como un torrente seco, y toda la intensidad y pasión de esa señorita Kenton, que inocula trasparencia a lo opaco… Entre pocas veces y nunca un escritor tan sutil, tan capaz de atrapar con palabra «esa felicidad de estar triste» como Ishiguro ha visto sublimarse en imagen la magia de su escritura.

Y tal vez por eso, por admiración a lo que James Ivory había construido con su obra, Ishiguro recayó esta vez como guionista en «La condesa rusa», dirigida por Ivory e interpretada por Ralph Fiennes y Natasha Richardson, un drama de época ambientado en el Shangai de los años treinta impecable en su envoltorio pero que no encuentra ese abrasador enredo entre la palabra y la imagen.

De la obra escrita de Ishiguro, solo otro título ha ido a parar a la pantalla, «Nunca me abandones», dirigida por Mark Romanek en 2010, también triste, también melancólica, también episódica historia que, curiosamente, huele a mareante ficción a lo Philip K. Dick (curiosamente, porque es otro escritor que vio cómo su novela «¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?» se sublimaba y llegaba a la cima en «Blade Runner»). Romanek caza en imágenes la escritura de Ishiguro, pero no es «Lo que queda del día», sino lo que queda del libro.

Pero Ishiguro lo intentó una vez más como guionista, para la película de Guy Maddin «The Saddest Music in the World» (2003), un extravagante y divertido relato en varios tonos y texturas y en clave musical.