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Los portadores de sueños: todo comenzó en Guatemala

Hace doce años, Eva Cosculluela y su pareja, Félix González, dejaron sus trabajos de informáticos y se lanzaron a abrir una librería en Zaragoza. Desde entonces, se han convertido en uno de los espacios librescos por excelencia de nuestro país

Imagen del interior de la librería Los portadores de sueños
Imagen del interior de la librería Los portadores de sueños - ABC

¿Por qué decidiste ser librera?

Siempre me rondó la idea, desde muy pequeña, supongo que porque me encantaba leer y siempre andaba con un libro entre las manos. Hace unos años viajé a Guatemala y me perdí en Sophos, allí la idea volvió con más fuerza. Y eso coincidió con una época de mi vida en la que necesitaba un cambio vital: hace ahora doce años, junto a mi pareja, Félix González, dejamos nuestros trabajos en una consultora informática y nos lanzamos a abrir la librería.

¿Cuál es tu sección favorita de la librería?

Me gusta mucho el escaparate, con una cristalera de cinco metros de alto que deja ver toda la librería y con una chaise-longue roja donde mostramos los libros que más nos gustan. Desde el principio queríamos que los libros se sintieran cómodos en la librería y, para ello, diseñamos un sofá donde descansaran y transmitieran la idea de felicidad, de descanso y lectura relajada, que es uno de los mayores placeres de la vida.

Si tuvieras espacio infinito, ¿qué añadirías?

Añadiría un espacio más grande para hacer las presentaciones y actividades que llevamos a cabo todas las semanas, que se nos queda pequeño. Añadiría también una sección de literatura en otros idiomas y ampliaría también el espacio que destinamos a exposiciones, que nos gusta mucho y da mucha vida a la librería.

¿A qué autor/a, ya fallecido/a, te habría gustado invitar a un club de lectura?

¡Ay, que difícil! Me hubiera gustado tener aquí a George Orwell, a Anne Sexton, a Federico García Lorca... ¿Te imaginas?

¿Y actual?

Entre los actuales, me encantaría tener aquí conversando a Philip Roth con Alice Munro, por ejemplo. O a Chimamanda Ngozi Adichie con Zadie Smith. O a Julian Barnes con Salman Rushdie...

¿Tu libro favorito?

Uff, esto sí que es difícil. Preguntar eso a un lector es ponerlo en un gran compromiso. Citaré unos cuantos: «El tiempo de las mujeres», de Ignacio Martínez de Pisón; «La fiesta del chivo», de Mario Vargas Llosa; «Nada se opone a la noche», de Delphine de Vigan; «Tiempo de vida», de Marcos Giralt Torrente...

¿Cuál es la mayor sorpresa que te ha deparado un lector?

Un lunes, al llegar a la librería, recibimos este correo con el asunto «mamá, ¿puedo leer?»: «Gracias Eva, el domingo mi hijo Jorge, de 11 años, por primera vez no me pregunto, ¿mamá, puedo jugar al ipad?, me pregunto ¿mamá, puedo leer? Empezo el sábado, despues de la visita a tu libreria, y ayer por la noche ya leía la pagina 150. Todo gracia a ti, a tus consejos, y gracias a James Patterson y sus Cazatesoros». Algo así hace que se olviden todos los sinsabores y los malos ratos.

¿Y la situación más extraña que has vivido?

Una mañana de diciembre entró en la librería un hombre cuando aún estábamos limpiando, la librería no había abierto todavía. Gesticulando y hablando muy alto, nos dijo que era Papá Noel y que venía a comprar regalos para toda su familia. Nos preguntó por títulos y autores, con criterio; algunos los teníamos, otros nos pedía que los encargáramos.Se gastó 600€ en treinta minutos, los pagó billete sobre billete y nos dijo que volvería a por ellos. Como nos pareció raro, guardamos el dinero aparte. A los pocos días, vino a la librería su hermano y nos explicó que había tenido una descompensación en el litio y estaba ingresado: se había gastado en una mañana todo el dinero de la cuenta bancaria familiary estaba visitando a las tiendas que le habíamos dado ticket para ver si podía recuperar el dinero (que, por supuesto, le devolvimos).

Si no estuvieras al frente de una librería, ¿qué estarías haciendo?

Sinceramente, no tengo ni idea. No puedo imaginar la vida de otra forma.

¿Cuál es el mejor recuerdo que guardas de las librerías de tu infancia?

El mejor recuerdo que tengo de la infancia es la visita que todos los sábados por la mañana hacíamos con mi madre a la librería Alfil, que estaba en el barrio. Pasábamos allí un buen rato hablando con la librera, dejando que nos recomendara y eligiendo cada una un montón de libros. Al volver a casa, me iba directa a leer y me tenían que arrancar los libros de las manos para que hiciera cualquier otra cosa durante el fin de semana. Recuerdo aquellas visitas con mucho cariño y estoy segura de que fueron decisivas para que yo sea librera.

¿Qué consejo le darías a alguien que abriera ahora una librería o que estuviera pensando hacerlo?

Ser librero tiene un componente vocacional enorme. Ser librero no es un trabajo: es una forma de vida. Le diría, sobre todo, que se informara mucho acerca de cómo funciona este sector tan particular. Una librería, desde fuera, es un negocio muy romántico donde parece que el librero pasa el día leyendo y charlando con los clientes. Pero la realidad es muy distinta: el trabajo administrativo y de almacén se come las horas, la gestión de pedidos y novedades llega a desbordar... Para ser librero debes tener muchas ganas de aprender todos los días.

¿Qué tiene de especial vuestra librería? ¿Por qué hay que visitaros?

Tenemos una selección de libros poco convencional, alejada de los circuitos comerciales y que presta mucha atención a las editoriales independientes.Nos gusta conocer los libros que vendemos para poder recomendarlos: leemos sin parar y nos encanta charlar sobre libros, autores y editoriales. Tenemos una programación cultural estable con actos todas las semanas, porque estamos convencidos de que una librería tiene que estar implicada en la vida cultural de su ciudad. Y tratamos de tener un espacio atractivo, de donde la gente salga sintiéndose a gusto y con ganas de volver.

Y la última: ¿qué libro, de reciente publicación, recomendarías a nuestros lectores?

Elegir un solo libro para recomendar es casi tan difícil como elegir solo un libro favorito, pero allá voy: «Patria», de Fernando Aramburu (Tusquets). Un libro necesario para saber más sobre los últimos 40 años de vida de este país, magníficamente escrito y con unos personajes que transmiten tristeza, rabia, ternura, compasión, esperanza... Uno de los poquísimos libros que te dejan con ganas de más después de 600 páginas.

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