Cultura - Libros

Mathias Enard: «El terrorismo nos tapa la realidad del mundo musulmán»

El escritor francés, afincado en Barcelona, logró el premio Goncourt el año pasado con «Brújula», novela que tiende puentes entre Oriente y Occidente y que estos días se publica en España

El escritor francés Mathias Enard, autor de «Brújula»
El escritor francés Mathias Enard, autor de «Brújula» - AFP

«Y al tibio sol de la esperanza». Es la última frase de «Brújula» (Literatura Random House), novela con la que Mathias Enard (Niort, Francia, 1972) logró el premio Goncourt en 2015. Una historia llena, efectivamente, de esperanza, en la que Oriente y Occidente se dan la mano gracias al poder evocador de la palabra y a la presencia, inalterable, del amor.

¿De dónde surge la historia de «Brújula»?

Es un proyecto que se remonta ya a hace años, porque el tema de las relaciones entre Oriente y Occidente es algo que me interesa desde mis tiempos académicos, antes de ser escritor. Había acumulado todo tipo de material sobre el tema, pero no sabía qué forma iba a tomar en un libro. Hace como cuatro o cinco años encontré la manera, que es el personaje de Franz Ritter, y empecé a escribir.

Ritter es un personaje literario muy ambicioso, del que usted se vale para contar la relación de amistad, a lo largo de los años, entre Oriente y Occidente.

Sí, necesitaba un musicólogo porque me interesaba mucho la vertiente musical del orientalismo, que se ha tratado poco y conocemos menos. También necesitaba a alguien en Viena, era un punto de partida genial para el viaje.

Si un día Oriente pudo enamorar a Occidente, ¿qué nos pasa ahora?

Yo creo que todavía es el caso en muchas cosas.

¿Aún es posible?

Sí, hay todavía mucha fascinación, gente que sigue investigando, apasionada por esos mundos.

Es cierto que existe esa fascinación, pero también el lado contrario: hay fuertes suspicacias con respecto a todo aquello que viene del mundo musulmán.

Sí, y tiene que ver con el terrorismo, con la violencia, que es lo que nos tapa la realidad de las cosas. Ahora tendemos a ver el islam como fanatismo, violencia, yihadismo, terrorismo, pero eso es sólo una muy pequeña parte de esa historia.

Claro, pero el problema es que es la parte que más se ve y que más dolor genera.

Exacto.

¿Qué es lo que hemos perdido por el camino, qué ha sucedido para haber terminado así?

Hoy estamos más mezclados que nunca, Oriente está por todas partes, hay mezquitas por toda Europa, su gastronomía está por todos lados… Y al revés: Europa está muy presente en los países del Este del Mediterráneo. Ahora estamos pasando por un mal momento que tiene que ver con esa especie de crisis de los medios de comunicación en Europa. La información está muy diluida, sólo vemos las imágenes de atentados, el fanatismo, y no somos capaces de ver más allá de eso…

¿Quiere decir que los medios están teledirigidos?

No, no, no, pero ahora tiene más peso un tuit, o una imagen en Instagram, o un vídeo en YouTube que un artículo de dos mil palabras en un periódico. Esa crisis la tenemos que resolver en algún momento, devolver un poco de su complejidad al mundo, devolver a la información de verdad su poder, y no al ruido.

A esa crisis mediática también se une una crisis de valores.

¿Por ejemplo?

Pues porque el pensamiento que impera en nuestra sociedad es muy reduccionista.

Sí, exacto. Es una lacra además, porque no es así.

¿Y cómo se combate ese reduccionismo?

Leyendo «Brújula» (ríe).

¿Era ese el objetivo que perseguía?

Claro, sí, sí. Si hay un objetivo político en «Brújula» es intentar dar a conocer la diversidad del mundo musulmán y difundir la diversidad de nuestras relaciones a lo largo del tiempo. Es importante ver hasta qué punto nos hemos enriquecido el uno al otro.

Bueno, es que somos parte de lo mismo, pero ahora destaca más lo que nos separa que lo que nos une.

Sí, pero creo que también eso es muy superficial, porque hay muchos lugares donde esa comunicación existe, no sólo en los libros, sino en la vida cotidiana.

En la novela se evocan escenarios de Palmira, Damasco, Alepo o Estambul, todos ellos azotados hoy por el terrorismo.

Sí, es muy triste.

¿Confía en que se pueda llegar a recuperar todo eso?

Yo creo que sí. No va a ser fácil, ni rápido, pero yo creo que sí. Muchos sitios se han recuperado de las guerras más atroces; mire el estado de Alemania después de la Segunda Guerra Mundial.

Y, en ese sentido, ¿es la política la herramienta más útil?

Necesitamos aún más política. Primero, encontrar una solución política a largo plazo para Siria, que no va a ser simple.

La semana pasada estuvo en España un periodista francés que, después de perder a su pareja en Bataclan, escribió un libro. ¿Se puede escribir una obra literaria sobre algo tan reciente y tan terrible como lo que sucedió en París?

Todo está en la forma en que lo escribes. ¿Por qué no?

¿No cree necesario dejar pasar un poco el tiempo, tomar un poco de distancia?

Pero entonces no son los mismos libros. Una reacción inmediata siempre es muy distinta de algo escrito meses o años después, con toda la distancia que da el tiempo. Pero eso no significa que el primero no sea válido, simplemente es otro tipo de visión.

¿Usted se plantearía llegar a escribir sobre eso?

Mmmmmm… No, porque no me ha tocado tan cerca como para tener una idea que permita esa inmediatez.

Me estoy acordando ahora de «Sumisión», el libro de Houellebecq. ¿Lo ha leído?

Sí, sí.

¿Y qué le pareció?

Es divertido. Su visión del islam es una caricatura, usa el islam para burlarse de los franceses, de su forma de ser.

En ese sentido, ¿cree que la literatura cura, que tiene un poder sanador?

No, yo creo que la literatura nos puede abrir los ojos sobre ciertos temas. La literatura nos da otro tiempo, que nos permite tener otra relación con el instante en el que estamos y cambiar de perspectiva. En ese sentido, la literatura es muy importante.

[Lee, el próximo sábado, la crítica de «Brújula» en ABC Cultural]

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios