Cultura - Libros

Margaret Atwood: «El mundo no lo dirigen los intelectuales, sino quien paga los salarios»

La escritora canadiense vuelve a la senda de la novela distópica con «Por último, el corazón», una cruda reflexión sobre el futuro del sistema penitenciario

La escritora canadiense Margaret Atwood, fotografiada en Londres poco antes de la entrevista
La escritora canadiense Margaret Atwood, fotografiada en Londres poco antes de la entrevista - AITOR SANTOMÉ

Cuando Margaret Atwood (Ottawa, Canadá, 1939) termina una novela anota la fecha en el manuscrito. Así, a medida que va pasando el tiempo puede ver cómo van creciendo sus «pequeños». La escritora canadiense suele, además, comprobar la «edad» de cada libro cuando sucede algo, terrible o no. «El cuento de la criada», una de sus primeras distopías, tenía 16 años el 11 de septiembre de 2001, cuando el mundo que conocíamos se derrumbó con las Torres Gemelas. La victoria de Donald Trump (Queens, Nueva York, 1946) en las elecciones estadounidenses casi ha coincidido con la publicación en español de «Por último, el corazón» (Salamandra), su más reciente novela. Atwood, portadora de esa fina ironía que le permite reírse con distancia y elegancia de casi todo, recibe a ABC en Londres para charlar de esta última aventura y, de paso, abordar las incertidumbres del futuro.

¿Qué finalidad perseguía al escribir la novela, qué buscaba?

Estamos en un momento en el que tenemos que reflexionar sobre la utilidad de las cárceles. A lo largo de la historia, las cárceles han existido por distintas razones, pero ahora no sabemos para qué sirven. Si quieres una cárcel para sacar beneficios, como la de mi libro, tienes que saber cómo lo vas a hacer. En las cárceles chinas mataban a gente para extraer sus hígados y sus riñones para trasplantes y hubo presos en EE.UU. que fueron sometidos a experimentos médicos en los 30 y los 40. Les contagiaban la sífilis para ver qué pasaba.

¿Por qué escoge la estética de los 50?

Los estadounidenses la identifican como la época de más felicidad. La historia del cine en EE.UU. es muy interesante. La Asociación Cinematográfica estableció un código en 1944 de lo que tenían que tener las películas. Su lectura es muy instructiva. Empezaron con «Semilla de maldad» y «La noche del cazador». Querían que todo el mundo estuviese en un estado de felicidad absurda, sin pensar. No te cuestionabas las cosas. Además, era la época de McCarthy y si empezabas a hacer preguntas eras un comunista.

Es difícil leer esta novela y no ver las similitudes con la época que acaba de empezar en Estados Unidos.

Lo sé. Es escalofriante, ¿verdad?

Lo es... ¿Pueden novelas así cambiar el comportamiento de la gente?

Pueden cambiar las actitudes, y las actitudes cambian los comportamientos. Leí «1984» a los 13 años y supe que nunca sería estalinista; leí «Fahrenheit 451» cuando era adolescente y supe que siempre iba a defender las bibliotecas.

¿Estamos ya en la América que describió en «El cuento de la criada»?

«El cuento de la criada» tiene un enorme significado en EE.UU. ahora, sobre todo por el intento de controlar a las mujeres, pero aún no estamos en esa América. Las novelas distópicas pueden cambiar la forma en que la gente ve las noticias, lo que podría pasar. No sabemos cómo va a ser el futuro, pero si una novela te influye puede que tomes medidas para cambiar las cosas. Por eso muchos novelistas del S.XIX escribieron las novelas que escribieron. Víctor Hugo estaba bastante interesado en el estado policial y «La cabaña del tío Tom» fue decisiva en el movimiento abolicionista. Comprendemos mejor con historias que con números; tenemos una habilidad innata para entender historias, pero nos tienen que enseñar álgebra.

En sus libros, también en este, el poder y el sexo están conectados.

Siempre. Siempre.

¿También en la vida?

Claro, piense en todas sus relaciones.

Está bien, lo hago.

¿Las dos personas eran iguales? ¿Quién tenía el dinero? ¿Y la autonomía? ¿Quién tomaba las decisiones? A veces uno y a veces otro. En el S.XIX las mujeres se quedaban en casa, cocinaban, y los hombres estaban fuera y tomaban las decisiones.

Eso no sólo sucedió en el S.XIX…

No, pero ha cambiado.

La cito: «Los escritores, tanto los hombres como las mujeres, han de ser egoístas para tener tiempo de escribir, pero las mujeres no están entrenadas para ser egoístas».

No, no las educan para ser egoístas, sino para hacer muchas tareas.

Por tanto, para ellas es más difícil ser escritoras, incluso llegar a tener la oportunidad de publicar.

Ya no tanto, las pueden publicar… Por ejemplo, las reseñas de los libros las hacen hombres...

A propósito, me encanta su definición de crítico. No sé si se acuerda.

¿Qué dije?

«El séptimo día, Dios descansó para examinar lo que había hecho. Como el novelista. Pero el crítico empieza el día 7».

[Ríe] Cuando el crítico hace su trabajo ya tiene todo terminado.

¿Cómo se enfrenta a las críticas?

Ahora yo misma hago reseñas basándome en la teoría de que si nadie donase nunca sangre, no habría sangre. No tengo un trabajo de crítico, sólo hago reseñas de libros que me gustan o que tengo algo que decir sobre ellos.

¿Cuál ha sido su última reseña?

La última fue una sobre «La vida de las mujeres», de Alice Munro, en la que defiendo que es una novela.

Me encantó verlas brindar con champán tras lograr ella el Nobel de Literatura. ¿Por cierto, qué opina del galardón a Bob Dylan?

Hay una explicación para el premio de Dylan. A los suecos les encanta cantar. Hay una figura muy famosa en Suecia, Carl Michael Bellman, que es un compositor y forma parte de su tradición literaria. Lo consideran literatura. Creo que también es un empujón a Estados Unidos en este momento de necesidad, diciendo que pueden ser mejores, reconociendo a su mejor parte.

Quizás haya llegado el momento de escribir otra carta a Estados Unidos, como aquella que escribió en 2003.

Sí, probablemente. Ahora estamos donde estamos debido, en parte, a lo que sucedió en Afganistán en 1979. EE.UU. intervino y creó básicamente a los talibanes; luego esa gente ganó y EE.UU. no cumplió sus promesas, les abandonó. Luego cometieron un error táctico muy importante, que fue invadir Irak en vez de ocuparse de Afganistán. Se inventaron las razones. Decidieron que el 11-S era Irak, pero no lo era.

¿Es Donald Trump el resultado de los errores del pasado reciente?

Sí, pero también es consecuencia de la desigualdad económica que empezó con Reagan y que ha seguido con todos los presidentes. No puedes sostener eso, a no ser que quieras tener una autocracia totalitaria. En EE.UU. no se distribuye dinero, sino deuda.

Ahora, la distancia entre los que más tienen y los que no tienen nada es mayor que nunca.

Si estudia la historia de EE.UU., no le sorprendería tanto. Mi padre, que nació en 1906, conoció a alguien que nació siendo esclavo. No hace tanto tiempo, en 1865, al final de la Guerra Civil. Hasta ese momento hubo esclavitud en Estados Unidos.

Eso no explica que un gran porcentaje de mujeres haya votado a Trump.

Tenían que elegir entre Hillary Clinton y Donald Trump. Ninguno era popular. Cuando la misoginia está extendida en la sociedad, como en Estados Unidos, es compartida por las mujeres. Los hombres casi siempre votan por hombres, pero hay mujeres, en esta sociedad dominada por los hombres, que van con el grupo dominante.

A veces pienso que el peor enemigo de las mujeres son las mujeres.

No necesariamente. Las mujeres tienen muchos enemigos. En el S.XVII tuvo lugar en Nueva Inglaterra el famoso Proceso de las brujas de Salem, en el que la mayoría de los acusadores eran mujeres y la mayoría de los acusados eran mujeres. Es algo que ocurría en todas las colonias. En la India británica crearon un ejército de indios para mantener a los demás bajo control. Así es como los españoles conquistaron América. Vamos, ustedes hicieron eso.

¿Qué piensa del Brexit?

La gente clasista votó a favor, la gente que sentía que el poder le estaba faltando al respeto.

Sobre todo la gente mayor.

Sí, la gente mayor se sintió ofendida por quienes ostentan el poder. Las personas ricas y mayores, que son el 1%, controlan el mundo. Es en parte nostalgia, pero las cosas no van a volver a ser como cuando eran pequeños.

¿Qué ha pasado con los jóvenes?

El 100% de los jóvenes votó por Hillary Clinton. No fueron suficientes.

Es muy triste.

Por eso la gente mira a la década de los 50, época de pleno empleo. Mi generación nunca se preocupó por no tener un trabajo. La cuestión era qué trabajo tendrías. Nunca pensabas que acabarías viviendo en el sótano de tus padres. Es diferente ahora. Hay muchos jóvenes sin trabajo. Algunos creen, erróneamente, que si echan a todos los extranjeros podrán tener los trabajos que tienen ellos. Pero no es verdad. Y es probable que no los quieran, porque están muy mal pagados.

¿Quiere eso decir que ha fallado la cultura?

No, se debe a la escasez de dinero. Los intelectuales son un elemento sin importancia, no dirigen el mundo. El mundo lo dirige quien paga los salarios.

¿Cree en nuestro futuro?

¿En cuál? No hay un solo futuro. Hay muchos futuros posibles. Sólo espero que haya uno mejor para ustedes, los más jóvenes.

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