Cultura - Libros

Juan Marsé: «Nos gobierna un delirio nacional que esconde un afán de rapiña»

La Federación de Gremios de Editores de España premia al escritor, al que considera «el mejor retratista de la Barcelona de la posguerra y uno de los autores más singulares de la narrativa en español de la segunda mitad del siglo XX»

Juan Marsé, en su casa de Barcelona
Juan Marsé, en su casa de Barcelona - INÉS BAUCELLS
SERGI DORIA Barcelona - Actualizado: Guardado en: Cultura , Libros

El año 2016 ha supuesto para Juan Marsé (Barcelona, 1933) una agenda de entrevistas y conmemoraciones. A la publicación de su novela más reciente, «Esa puta tan distinguida» (Lumen), se ha añadido el medio siglo de «Últimas tardes con Teresa» -premio Biblioteca Breve, 1965 que ha reeditado Seix Barral- y los cuarenta años de la edición española, año 1976, de «Si te dicen que caí»: crucificada por la censura, hubo de ver la luz en 1973 en la editorial Novaro de México.

Ambos títulos podrían figurar en el Top Ten de las mejores novelas españolas del siglo XX, sin olvidar «La oscura historia de la prima Montse», «Un día volveré», «Ronda del Guinardó», «Rabos de lagartija», «Caligrafía de los sueños», los relatos «Teniente Bravo» y «El fantasma del cine Roxy» o los retratos de «Señoras y señores». No es extraño que la Federación de Gremios de Editores de España premie la «trayectoria con proyección universal vinculada a las raíces barcelonesas» y considere a Marsé «el mejor retratista de la Barcelona de la posguerra y uno de los autores más singulares de la narrativa en español de la segunda mitad del siglo XX».

El reconocimiento a una «extensa y prolífica carrera» se quedaría en figura retórica, si no advirtiéramos hasta qué punto Marsé -premio Cervantes 2009- aquilata su magisterio en una Cataluña atenazada por un nacionalismo que ha visto con malos ojos a los escritores catalanes de expresión castellana. Frente al pensamiento oficial, Marsé disecciona las hipocresías de una burguesía que se ha echado al monte soberanista y desmitifica las formulaciones pretenciosas de la literatura: «Detrás del supuesto huracán de intenciones de una novela suele silbar el viento perdido de la infancia común y corriente, sólo eso», advertía en «Confidencias de un chorizo». Nada más -y nada menos que eso- señor Marsé.

-¿Cómo ha evolucionado el sector editorial desde que usted publicó novelas como “Últimas tardes con Teresa” o “Si te dicen que caí”?

-Creo que desde 1960, cuando yo empecé a publicar, han cambiado algunas cosas en beneficio de los autores, y casi todas ellas se deben a la iniciativa y a la impetuosa gestión de una agente literaria que para mí fue proverbial: Carmen Balcells. Los escritores le debemos mucho. El mundo editorial, también.

-¿Qué anécdota de sus relaciones con los editores ha conservado en su memoria?

-Es una triste historia, porque acaba mal. Mi primer editor podía haber sido Josep Janés. Le conocí en febrero de 1959 por mediación de Paulina Crusat, se interesó por la novela que entonces estaba escribiendo, «Encerrados con un solo juguete», y me dijo que le gustaría leerla cuando la hubiese terminado. Pero dos meses después el editor moría en un accidente de automóvil, así que la novela, una vez terminada, decidí llevarla a Seix Barral obedeciendo a un impulso que nunca supe explicarme bien, dado que entonces no conocía a nadie en esta editorial.

-Carlos Barral fue un editor decisivo en su trayectoria literaria... ¿Qué significó para usted haberlo conocido?

-Carlos Barral y Víctor Seix fueron mis primeros editores y me siento muy afortunado por ello. Y no puedo olvidar su magnífico equipo, que tanto me ayudó: Joan Petit, Jaime Salinas, Rosa Regás, Josep Mª Castellet, José Mª Valverde, Gabriel Ferrater, Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, etc.

-La Federación de Gremios de Editores de España subraya su «proyección universal vinculada a las raíces barcelonesas». Como escritor catalán que escribe en castellano, ¿cree que al nacionalismo catalán le resulta incómodo que Barcelona sea la capital del libro iberoamericano?

-Al nacionalismo catalán hoy le resulta incómodo, incomprensible y ajeno todo lo que no se refiera directa o indirectamente al «procés». Nos gobierna un delirio nacional que esconde un afán de rapiña, como ya demostró el clan Pujol.

-¿En su última novela, «Esa puta tan distinguida», alude de forma mordaz a la industria cinematográfica? ¿Le ha tentado escribir sobre el mundo editorial?

-No. Se trata de un asunto muy complejo, con abundantes claroscuros. Necesitaría mucha información, que no dispongo, pero, sobre todo, no estoy motivado. Lo importante es convertir el asunto, (el que sea) en buena literatura, más allá de cualquier otro afán, sea el de ajustar cuentas o denunciar.

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios