Cultura - Libros

Ibáñez les baja el sueldo a Mortadelo y Filemón

El dibujante somete a los agentes de la TIA al pluriempleo y a los recortes en «Sueldecitos más bien bajitos», su útimo álbum

Francisco Ibáñez, durante la presentación de «Sueldecitos más bien bajitos»
Francisco Ibáñez, durante la presentación de «Sueldecitos más bien bajitos» - EFE
ABC. ES Barcelona - Actualizado: Guardado en: Cultura , Libros

No se cansa Francisco Ibáñez de repetir que nada más lejos de su intención que convertir a Mortadelo y Filemón en finos analistas de la actualidad o en despiadados críticos sociales. «Eran dos personajitos que tocaban temas generales y lo importante era el gag continuado», insiste una vez más ahora que «Sueldecitos más bien bajitos», el último álbum protagonizado por la más desastrada pareja de agentes secretos, ha vuelto a dar en el blanco de una actualidad sacudidad por la crisis y los recortes.

Tres de tres, pues, para un autor que ha encadenado con «El tesorero», «Elecciones» y ahora «Sueldecitos más bien bajitos» otras tantas miradas disparatadas a la actualidad nacional. En esta ocasión, el protagonismo se lo llevan unos recortes de los que no se libra ni la T.I.A y que obligarán al personal de la agencia a pulriemplearse de lo que sea -conductor de ambulancia sin ambulancia, enterrador a pulso, vedette, sacristán..- con tal de estirar un poco esos ocho euros -¡a la semana!- a los que se han reducido sus nóminas.

«Es un tema tema ideal porque el libro puede durar años. La actualidad del libro no se perderá», ha subrayado Ibáñez durante la presentación de un nuevo álbum del que él, trabajador infatigable, llevaba años hablando. «Yo estuve trabajando un tiempo en un banco en el año 50 como botones y me escapaba al mediodía y por la noche para sentarme al tablero y dibujar historietas, y no tenía vacaciones y lo doy por bien empleado, incluso ahora, porque a mí no me gusta la petanca y me sigo divirtiendo con los personajes», ha explicado.

Con todo, y a pesar de que sus últimos trabajos estén pegados a la actualidad, el dibujante subraya que no todo vale a la hora de ponerse manos a la obra con las viñetas. «Cuando hice el álbum del tesorero pensé que como el caso estaba en los tribunales, duraría mucho tiempo, y hoy se sigue vendiendo», pero «si me pusiera a hacer un libro con el lío del PSOE el lector diría dentro de cuatro meses que ya no se acuerda de lo que pasó».

El dibujante también ha aprovechado la presentación de su último libro para agradecer a Javier Pérez Andújar su pregón repleto de referencias a historietistas que marcaron su educación sentimental y cultural. «Gracias, Andújar, por acordarte de nosotros», porque antes, cuando había tantos historietistas como Jan, Peñarroya, Cifré, Conti, Escobar, Raf, «nadie nos hacía caso».

A sus 80 años y a pesar de tener la sensacion de estar la «estación termini», Ibáñez sigue pegado al tablero y ya está pensando en su siguiente historieta. De hecho ahora ya ha acabado otro álbum en el que aborda el tema de los hipermercados y las grandes superficies comerciales, en este caso en uno de esos pueblos de castizo abolengo y topónimo impronunciable a que tiene acostumbrados a sus lectores.

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