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La huella de España en EE.UU.: Una historia de amor en la California española

A comienzos del siglo XIX, San Francisco fue testigo de la relación entre Conchita Argüello y Nikolai Rezanov, que inspiró hasta una ópera rusa de gran éxito

Una joven contempla el océano en un acantilado en California
Una joven contempla el océano en un acantilado en California - ABC
Borja Cardelús - Actualizado: Guardado en: Cultura Libros

Cada mañana, Conchita Argüello, la más bella joven de California, se asoma al inmenso Pacífico y escudriña el horizonte, por ver si los vientos le traen el barco de su amado Nikolai

Nos situamos en San Francisco, a comienzos del siglo XIX. España ha organizado varias expediciones marítimas por la costa pacífica, llegando incluso hasta Alaska, de la que ha tomado posesión como nación soberana. El objetivo era detectar la posible existencia de establecimientos rusos, en una tierra que considera de soberanía española, y ha dado por fin con ellos. En efecto, los rusos han erigido en el litoral californiano una cadena de factorías para comerciar con salazones y con pieles de nutria marina. A diferencia de las relaciones con los ingleses, que siempre fueron pésimas, los encuentros con los rusos son cordiales, porque no parece haber intenciones soberanistas por parte de Rusia.

Así las cosas, en 1806 un embajador comercial ruso, Nikolai Rezanov, recala en la gran bahía de San Francisco y se pone en contacto con el comandante de la guarnición española, José Darío Argüello. Su propósito es claro: desea intercambiar regularmente productos con el virreinato español de Nueva España: pieles y salazones rusas, a cambio de frutos, galleta, carne seca y vinos californianos.

Pero la Corona española no permitía comerciar con naciones extranjeras, de modo que el trato no era posible por el momento. Pero la estancia del agente en San Francisco rinde un fruto de muy distinta naturaleza: El apuesto Rezanov y la hija del comandante, Concepción Argüello, Conchita, se enamoran perdidamente, hasta el punto de jurarse fidelidad y prometerse en matrimonio.

En un principio, el Comandante Argüello se opone a tal enlace, vistas las diferencias de edad, nación y religión de ambos, pero es tal la convicción de la pareja, que acaba por ceder. Acuerdan que Rezanov partirá para tratar de obtener aprobación al tratado comercial entre España y Rusia, y además lleva cartas para el Papa, el Zar y Carlos IV de España, con el fin de que dispensen su casamiento con su amada. Promete estar de vuelta antes de un año para celebrar el matrimonio. Y Conchita, mientras tanto le esperaría…

Larga espera

Y así lo hizo la fiel Conchita. Cada mañana se asomaba al océano, y así pasaron semanas, meses, años… pero Nikolai no regresaba. Un viajero le insinuó que, tras zarpar de San Francisco, se había olvidado de la promesa hecha, pero ella no le creyó. Solo la fina intuición femenina conoce las profundidades del corazón, y ella estaba segura del amor y la fidelidad de Nikolai. Indiferente a sus muchos pretendientes, le siguió esperando, y asomándose a los acantilados del Pacífico cada mañana…

A estas alturas, el lector estará interesado en saber qué había ocurrido con Nikolai Rezanov. Porque tanta fue la repercusión de esta bella y verídica historia, que inspiró una ópera rusa, un éxito extraordinario que aún sigue reponiéndose.

Al poco de partir de San Francisco, Rezanov, presuroso por cumplir su promesa, enfermó de neumonía hasta tres veces, lo que le obligaba a guardar reposo cada vez durante largo tiempo, y eso retrasó mucho sus planes. Su estado físico se deterioraba, sufría de fiebres y se encontraba en gran estado de agotamiento. Y un día, mermado de facultades, viajaba por las planicies de Siberia cuando cayó del caballo, y poco tiempo después moría, dedicando los últimos suspiros a su amada.

Desenlace

Cuéntase que alguien que llevaba a California la noticia de la muerte de Rezanov naufragó en el viaje, de modo que el mensaje no llegó a oídos de Conchita. Solo muchos años después se enteró del triste desenlace, e ingresó en un convento. Le dijeron también que sus últimas palabras habían sido para ella. También en la hora de su muerte, Conchita Argüello rezó por encontrarse con su Nikolai Rezanov, y gozar juntos de la eternidad.

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