El escritor Eduardo Mendoza
El escritor Eduardo Mendoza - INÉS BAUCELLS

Eduardo Mendoza: «No hay razón práctica que justifique el deseo de independizarse de España»

El escritor desmonta tópicos y presuntos agravios históricos en «Qué está pasando en Cataluña»

BarcelonaActualizado:

Hace tiempo que Eduardo Mendoza observa Cataluña desde Londres. «Muchos consideran que todo cuanto ocurre tiene sus orígenes en la Guerra Civil y los largos años de dictadura que le siguieron» lo que le parece una «industria del franquismo y del victimismo poco ética». Por ejemplo, la comparación del presente con el franquismo: «No fue el gobierno español actual, bueno o malo, pero legítimamente constituido, el que hizo fusilar a Companys. Lo hizo fusilar Franco, pero no por ser catalán, sino por ser el enemigo», advierte.

En las noventa páginas de «Qué está pasando en Cataluña» (Seix Barral) -reflexión más descriptiva que opinativa-, el escritor desmonta tópicos nacionalistas. El bilingüismo, no fue un trauma como pretenden los catalanistas y sí una frontera de clase entre burguesía e inmigración. El catalán sirve de ascensor social, pero hace que muchos inmigrantes renuncien a su lengua castellana natal: «Las filas soberanistas se nutren de muchos descendientes de inmigrantes, pero estos descendientes se han catalanizado y rechazan todo lo que no pertenezca a la más estricta tradición catalana».

La inexistencia de una aristocracia hizo imaginar a la burguesía un pasado a su manera. El fantasioso modernismo recrea una Cataluña de cuento de hadas. El Decreto de Nueva Planta, tras la derrota de 1714, no fue tan malo como asegura la historiografía nacionalista: «Los Borbones trajeron consigo el centralismo, pero también el despotismo ilustrado que hizo más bien que mal», señala Mendoza. El acceso a las colonias fue el origen de grandes fortunas catalanas y no habría revolución industrial catalana sin leyes proteccionistas emanadas de Madrid ni un ejército que garantizara el orden público.

«No hay razón práctica que justifique el deseo de independizarse de España», afirma Mendoza. El desapego actual de la burguesía hacia España revela una peligrosa contradicción: «Que la burguesía se alíe con sectores revolucionarios en cuyo programa esta incluido el exterminio de la propia burguesía no se entiende si no se toma en consideración el factor del resentimiento». España, opina por fin el autor, no es un mal país: «Podría ser mejor, pero dudo de que Cataluña, librada a sus fuerzas, se convirtiera en el paraíso que anuncian los partidarios de la nueva república».