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Cronopios, locura familiar por los libros

La crisis de 2008 reconvirtió una inmobiliaria en un hermoso sueño que se hizo realidad, para disfrute de los lectores, en Pontevedra (primero) y en Santiago (después). Al frente, Mercedes Corbillón, encargada de responder a nuestras preguntas

Interior de la librería Cronopios, en Santiago
Interior de la librería Cronopios, en Santiago - ABC

¿Por qué decidiste ser librera?

Debería decir que Cronopios es un proyecto familiar, pero en realidad es una locura familiar. A mi hermano le gusta decir que cambiamos los ladrillos por los libros. Mi padre tenía una inmobiliaria, llegó el 2008, la crisis obligó a la jubilación y allí, en aquel local y en lo que se tarda en descorchar una botella de champán, decidimos abrir una librería porque nos gustaba leer, porque amábamos a los libros y poseíamos el atrevimiento de los inconscientes.

¿Cuál es tu sección favorita?

Esa donde encuentras ensayos muy sesudos o poesía y, no, no es que yo practique mucho esos temas, es que me gustan esos rincones de las librerías y de la vida, donde se mueven las personas que se salen del margen de lo común, aunque yo no sea una de ellas.

Si tuvieras espacio infinito, ¿qué harías?

Me encantaría tener un cineclub, pondríamos las adaptaciones a la gran pantalla de los libros, haríamos club de lectura con peli incluida, serviríamos café o ginebra, sería ruinoso y maravilloso.

¿A qué autor fallecido te habría gustado invitar a un club de lectura?

Pues habría estado muy bien haber recibido a Thomas Bernhard cuando comentamos «Corrección», uno de los libros más extraños (y fascinantes) que hemos leído en el Ilustre club de lectura de Cronopios Santiago; pero supongo que me quedo con Cortázar (aunque no le hubiera gustado lo que se dijo de «Rayuela» en aquella reunión).

¿Cuál es tu libro favorito?

Buf, esa pregunta es imposible, no puedo escoger uno, pero supongo que debo remontarme a las lecturas de la juventud, las que te inoculan el «mal de la lectura» para siempre: «La regenta», «Cien años de soledad», «Crimen y castigo», «Anna Karenina», «Rayuela», «El gran Gastby», «La casa verde»… Pero sí, voy a escoger uno leído lejos de la adolescencia: «El viaje vertical», de Vila-Matas.

¿Cuál es la mayor sorpresa que te ha deparado un lector?

Lo mejor de la experiencia librera es conocer a un silencioso ejército de lectores y encontrar un buen puñado de personas increíbles que pueden aparecer, por ejemplo, con un kit librero: café para las lecturas que no puedes dejar, libretita para anotar las ideas geniales, bombones para endulzar las historias tristes, en fin, una delicia. Y el monedero que llevo ahora mismo en el bolso es un regalo de una clienta, me parece increíble.

¿Y la situación más extraña que has vivido?

¡Ja, ja! Tenemos montones de anécdotas pero me acuerdo especialmente de la presentación de «Un perro»; una señora, clienta habitual, interrumpió la charla para preguntar a voz en grito qué pensaba el autor de Echenique…Y después, para estupor de Alejandro Palomas, le dio a firmar un libro gordísimo de Kant.

Si no estuvieras frente a una librería, ¿qué estarías haciendo?

Estaría ganándome la vida y... leyendo. Soy más lectora que librera.

¿Cuál es el mejor recuerdo de las librerías de tu infancia?

Cuando era niña vivía en un barrio y hasta los once años no empecé a «bajar» sola al centro. Recuerdo con nostalgia y emoción aquellas salidas de cada sábado para ir a la librería, en realidad era un quiosco, donde por cinco pesetas me cambiaban las novelas de bolsillo. Así me leí todo Agatha Christie. Y ya más tarde recuerdo perderme en un templo que ya no existe, Michelena.

¿Qué consejo le darías a alguien que abriera ahora una librería?

Si ya la abrió, ya no necesita mi consejo, quién soy yo para ello; si lo está pensando, pues que no sueñe con leer en altillo, ni en largas charlas con clientes en una amorosa trastienda. El trabajo no se acaba nunca y si quieres hacer todas esas cosas que lo hacen especial será por pura vocación y por amor a la literatura y robando tiempo a todo lo demás. La vida de verdad está allí.

¿Qué tiene de especial vuestra librería? ¿Por qué debemos visitaros?

Cuando concebimos Cronopios siempre pensamos en un lugar cálido, luminoso, abierto, con escaparates muy cuidados donde los libros sean tratados como tesoros, en contraste con aquellas librerías grises y llenas de polvo que no era difícil encontrarse hace unos años, y también un lugar donde proliferaran las sonrisas y las risas, los libros no son una cosa aburrida patrimonio de señores muy serios; un lugar donde se respetara a cada lector y a cada escritor. Pero sobre todo queríamos ser una librería viva y eso implica hacer infinitas actividades en torno a los libros. Y para todo ello es imprescindible nuestro mayor valor, un equipo de amables, inteligentes, interesantes, divertidos y lectores libreros, nuestro mayor tesoro: Mabel, Adriana, Conchi, Carmela y Xacobe, además de mis hermanos Anxo y Marga. Vengan y enamórense de ellos.

¿Qué libro reciente recomendarías?

«Tan poca vida» (Lumen), de Hanya Yanagihara, una de las grandes novedades de la rentrée, me la he leído este verano en muy pocos días a pesar de ser un novelón de mil páginas, tan del gusto de los americanos, una historia donde lo único que sucede es la vida, una historia de amor en todas su vertientes que me ha hecho llorar desde la página trescientos hasta el final. Desde entonces, como me dice Toni Hill, sólo quiero estremecimientos.

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