BOB DYLAN, PREMIO NOBEL DE LITERATURA «Escritores, es hora de aprender a tocar la guitarra»

Tras la efusión por el Nobel a Dylan, asoman las primeras visiones irónicas y críticas en el mundo literario norteamericano

Una hombre lee un libro de las letras de Bob Dylan ayer en Rotterdam
Una hombre lee un libro de las letras de Bob Dylan ayer en Rotterdam - EFE

Pocos medios resumen mejor la reacción global al premio Nobel de Literatura para Bob Dylan que «The New York Times», que titulaba ayer: «Bob Dylan el escritor: una voz americana». En el texto del crítico Dwaight Garner, que no ahorró en elogios del galardonado, el bardo es emparentado poéticamente por las poderosas imágenes creadas por las letras de sus cansiones con los versos de Walt Whitman y Emily Dickinson, entre las grandes voces americanas. El rotativo se sumaba a una ola casi unánime de reconocimiento que se ha extendido por los medios de todo el mundo, pero guardó, significativamente, un espacio para la polémica suscitada en el mundo literario, que disiente de la Academia sueca por premiar a un músico, por importante que sea: «Por qué Dylan no debería haber obtenido el Nobel», un texto de la columnista Anna North, en el que se dice que «mientras la lectura desciende en todo el mundo, los premios literarios son más importantes que nunca (...) y premiar a un novelista o a un poeta es una manera de afirmar que la ficción y la poesía aún son importantes».

A ambos lados del Atlántico se sucedieron los elogios y las hipérboles en homenaje al flamante Nobel de Literatura y se señalaba el acierto de los académicos suecos al romper con este premio los muros que separaron tradicionalmente la alta cultura y la cultura popular, la creación de canciones y la poesía, la palabra cantada y la lectura silenciosa.

Resulta llamativa la nota publicada por la gran revista literaria americana, «Paris Review», que daba la noticia del Nobel con cierta sorna, al anunciar a los escritores: «Es hora de aprender a tocar la guitarra». Una descripción satírico-apocalíptica muestra a los escritores «rasgando sus coderas, descartando sus abrigos de tweed, destrozando sus máquinas de escribir y arrojando cajas enteras de lápices por la ventana a las calles...». Y seguidamente nos muestra a Don DeLillo tratando desesperadamente de lograr la firma de un contrato con Columbia Records por 12 álbumes; a Murakami triplicando los puntos y aparte en sus obras y editando los textos resultantes en un volumen de «Letras reunidas»; y -último pero importante- a Philip Roth sentado en pijama de seda tratando de tocar, con las piernas cruzadas, una escala mayor en la armónica -sin lograrlo- y rindiéndose -y masturbándose-, añade la noticia convertida en diminuto cuento. ¡También sale Kundera prometiendo electrificarse en el próximo festival de Newport!

Portada en todo el mundo

Bromas aparte, la imagen de Dylan y los artículos glosando sus méritos ganaron la portada en todos lados. Desde el «Wall Street Journal» o «The Times» a «Frankfurter Allgemaine Aeitung», «Le monde», «Liberation»... Y los iberoamericanos «O Globo», «El Tiempo», «El Espectador», «Clarín», «La Nación», «La Jornada» o «Excelsior». Caso aparte son los diarios italianos, que lamentaban en portada la muerte de Dario Fo, su Nobel literario, pero que reservaron espacio en sus portadas al bardo. Llamaba la atención este mano a mano de un Nobel que hace mutis y otro que hace rock and roll.

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