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Atticus Lish: «Ni siquiera sabía que daban premios por escribir libros»

El hijo del editor más temido y admirado, «creador» del mito de Raymond Carver, debuta en la novela con una historia que le valió el Pen/Faulkner

El escritor Atticus Lish, fotografiado en París en septiembre de este año
El escritor Atticus Lish, fotografiado en París en septiembre de este año - ULF ANDERSEN

El cambio de hora no sólo tiene efectos nocivos en el biorritmo. También juega malas pasadas a las citas telefónicas, cuando estas confluyen al otro lado del Atlántico. Atticus Lish (Nueva York, 1972) esperó, paciente, casi una hora, la llamada de ABC. El motivo lo merecía: la única entrevista con un medio español tras la publicación de «Preparación para la próxima vida» (Sexto Piso). El hijo del editor y escritor Gordon Lish (Hewlett, Nueva York, 1934) recibió tan buenas críticas con su primera novela que ni él, ajeno al mundanal ruido literario, llegó a creerlo. Hoy, con el ego un poco más inflado, empieza a tomar conciencia de que su vida, ya nunca, volverá a ser igual.

¿Por qué ha esperado 40 años para escribir esta novela? Bueno, para escribir, en realidad.

No sabía que quería escribir hasta que me hice más mayor. Asistí a unas clases cuando volví a la universidad. Tenía 33 años más o menos. Era una clase de literatura y leí algunas cosas que me inspiraron. Eso me hizo escribir. Leí a Hemingway y a Robert Stone. Empecé a pensar lo bonito que podía ser escribir. Esa fue la semilla.

¿Por qué escogió el Nueva York posterior al 11-S como escenario?

Estaba angustiado por la guerra de Irak. Recuerdo que vivía en California durante el 11-S. Trabajaba como obrero de la construcción por la noche y, al escuchar las sesiones en el Congreso en las que Colin Powell defendía que Sadam Huseín tenía óxido de uranio, parecía como si nadie cuestionara si debíamos ir a Irak. Esa experiencia me hizo alejarme de mi país por primera vez. Nunca había vivido algo así. Unos años más tarde, cuando me planteé escribir, era una angustia que quería eliminar. Por eso elegí ese tema.

¿Y qué piensa de las guerras «políticas» que su país ha iniciado en los ultimos años?

Solo tengo una idea muy vaga. No tengo suficiente conocimiento de causa como para tener una opinión.

Me interesa mucho la manera en que describe la violencia en la novela. ¿Era realmente necesaria, tanta?

Si intentas hacer algo creativo, tienes que escribir sobre lo que realmente te afecta, porque es tu fuente de energía y no hay nada mejor para el lector que tu energía. No hay nada correcto o incorrecto: si está en tu cabeza, tienes que usarlo. Algunas de las imágenes o situaciones que me venían a la mente eran muy violentas, y las puse en el libro. Recababa lo que escribía como una cámara de seguridad. No quería describir la violencia como otras personas lo habían hecho. Si ves violencia real, tiene que ser repugnante, porque es la reacción que yo tengo.

Abandonó Harvard, se alistó en los marines y, años después, regresó para graduarse. ¿Qué pasó en su vida que le hizo querer ser novelista?

A finales de los 90 me mudé con mi familia a California porque quería recibir entrenamiento de artes marciales. Fue mi gran obsesión durante años. Allí estuve en los marines. Me mantenía haciendo trabajos duros y temporales, en obras, fábricas... Después de un tiempo, quería ganar más dinero para mi familia. Leía la prensa y veía que en los anuncios se pedía un título universitario para todo. Eso me hizo ver que tenía que acabar mi carrera para ganar más dinero. Lo hice, empecé a leer, y eso me hizo querer escribir.

¿Existe el libro perfecto?

Sí, yo creo en el libro perfecto: es «La carretera», de Cormac McCarthy. No puedes cambiarlo, ni mejorarlo. Le dije a mi mujer que quería escribir veinte libros porque, si te fijas en McCarthy, escribió muchos libros hasta que logró el perfecto. Hay que lanzar los dados muchas veces para que suceda.

¿Qué le parece la película?

Es terrible, horrible, horripilante. ¡La odio! Me enfureció mucho. El niño es blando, ñoño. Era ridículo.

¿Por qué se niega a leer las críticas?

En realidad, ya no me niego. Nunca he sido famoso.Todo esto es algo muy nuevo para mí. Cuando empezó, pensé que era mejor que no leyese las críticas. Tenía miedo de que dijesen algo malo, y tenía miedo de que, si decían algo bueno, eso se me metiese en la cabeza y me confundiese si intentaba escribir un segundo libro. Solo quería impedir todo eso. Lo que pasó es que acabé leyendo las críticas de todas maneras. Al final, me aburrí de ver mi cara y dejé de hacerlo. Pero durante un tiempo no pude evitarlo. No, no me niego a leerlas. Sin duda, es emocionante y halagador para mi ego, supongo [ríe].

También tuvo tiempo de vivir en China, durante un año, con su mujer.

Sí, en 2005.

¿Cómo influyó su estancia allí en su futura vida como novelista?

No tenía ni idea de que iba a intentar escribir un libro, ni siquiera sabía si podía escribir una historia corta, un artículo, o algo. Me concentraba en aprender chino, porque tenía previsto ser traductor cuando volviera. Pero tiene razón: cuando llegó el momento de escribir, me di cuenta de que China era la experiencia más interesante que podía contar. Por suerte, pude usarla.

Su padre decía a sus alumnos que se centraran en lo que veían. ¿Es la observación la clave de la literatura?

Trabajas con las cosas que observas. Ir a China y mirar los edificios, los nombres de los productos, oír voces en la calle… eso es observación. Las personas son distintas y observan cosas distintas. Es personal. Sólo puedo usar lo que observo, lo que significa para mí. La persona que intenta hacer algo creativo tiene que guiarse por su propio gusto. Es lo que tú ves, tú, el escritor.

¿Qué relación tiene con su padre?

Tengo una buena relación con mi padre. Lo llamaría una buena relación.

Pero sólo le habló de su libro cuando lo acabó. ¿Por qué?

Mi relación con mi padre no es una relación profesional, no es mi editor. Esa es la razón.

Me imagino que no fue fácil crecer siendo el hijo de Gordon Lish, cerca de Richard Ford, Don DeLillo o Raymond Carver.

En realidad, no estaba rodeado de estas personas. No conocía a los colegas de mi padre. Tuve una infancia muy feliz. Una de las cosas de las que me siento más afortunado es de que crecí en una casa llena de libros. Leía lo que quería. Fue una infancia muy envidiable.

¿De verdad no sabía quiénes eran David Foster Wallace ni Jonathan Franzen?

Era verdad cuando lo dije. Mi vida ha cambiado totalmente. Ni siquiera sabía que daban premios por escribir libros.

¿De verdad?

De verdad. No sabía que existía algo como el PEN/Faulkner. Todo eso era una novedad para mí. No tenía ni idea de quiénes eran estos tipos. Ahora sé que son escritores famosos. Es un gran cambio, digámoslo así.

¿Un buen cambio?

Estoy muy emocionado, porque estoy escribiendo una segunda novela, y voy a escribir libros durante el resto de mi vida. Por supuesto, es bueno. Mi primera novela era una carta de solicitud para un trabajo de escritor. Me han contratado y puedo ir a hacer lo que se supone que tengo que hacer.

¿Y de qué trata su segunda novela?

Lo siento, pero no quiero hablar de ello. Cuando estoy cocinando para 20 personas no quiero que nadie venga a la cocina y lo pruebe [ríe].

[Lee la crítica de «Preparación para la próxima vida» en ABC Cultural]

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