Álvaro Martínez

El «eurofan» y la moral del Alcoyano Álvaro Martínez

Tiene Eurovisión más de sesenta años, pero no fue hasta este siglo cuando apareció entre nosotros el seguidor fanático del concurso, el que literalmente vive, respira y pestañea todo el año pendiente de un festival donde, abonados al «Spain one point», tiene más moral que el Alcoyano

El «eurofan» y la moral del Alcoyano

Suele coincidir con el final de la Liga, con las vísperas del Rocío o con la formación de esas montañas de rosquillas tontas y listas en la Pradera de San Isidro, pero en cualquier caso siempre es por mayo cuando brota en España el "eurofan", apócope del seguidor rendido a Eurovisión, el certamen musical que organizan las televisiones continentales, crecedero a otras latitudes (hasta Australia participó el sábado) y que este año ha cumplido su 61 edición. Como especie propiamente dicha del Homo hispánicus, el "eurofan" surge con el nuevo siglo, cuando el concurso sufre una mutación y el festival pasa a ser casi una feria donde de común la música es sepultada por los efectos visuales y una puesta en escena abrumadoramente invasiva. Con la llegada de los votos telefónicos el negocio se multiplicó de forma exponencial, pues son millones de personas optando (y pagando) por su canción favorita. Pese a la entrega, el "eurofan" español pinta más bien poco pues salimos a disgusto por edición, abonados aún a aquel clásico "Spain, one point" en blanco y negro. Y luego se suele tomar todo a la tremenda: anteayer Barei quedó en el puesto 22 y la muchacha pidió "perdón a España". No es para tanto.

¿Eres tú?

Antes, en sus primeras dos décadas, se trataba de un acontecimiento familiar tratado con modestia en el terreno de los afectos y que concitaba el interés ese único día de la primavera en el que competía Massiel, Julio Iglesias, Mocedades, Peret o cualquier otro figurón consolidado del panorama musical, gustos aparte. Hasta el año siguiente, allá por Pentecostés, por entonces no se solía tener noticias de que nadie en España (salvo José Luis Uribarri, el maestro Rafael Ibarbia o Juan Carlos Calderón) se preocupara un segundo del próximo festival de Eurovisión.

El "eurofan" de hoy, en cambio, tiene al concurso como una de sus referencias vitales durante todo el año. Tan es así que muchos de ellos toman parte de sus vacaciones en el mes de mayo para poder acudir al lugar donde se celebra la final... porque esto empieza mucho antes de mayo con la preselección preliminar de la preselección definitiva de la selección de la canción y el intérprete finalmente elegidos para representar a cada emisora en la gala decisiva. Y en todo ese largo proceso, el "eurofan" tuitea en Twitter, "postea" en los blogs, "forea" en los foros de internet de allegados al invento, participa en grupos de conversaciones digitales "on line", compra revistas especializadas con las "novedades" eurovisivas más notables surgidas en noviembre, por ejemplo, o empieza a ahorrar tras el veraneo mirando al viaje a Azerbayán, Israel, Australia o cualquier otro "puntal de la cultura musical europea" donde se celebre el evento.

Se calcula que un "eurofan" invierte entre 1.000 y 1.800 euros en la semana grande de Eurovisión (viaje, alojamiento, ocio, entradas...), según los testimonios recogidos en los medios en los últimos días.

Socialmente, la especie procede de diversos ámbitos de la pirámide social, aunque normalmente se nutre de la clase media y urbanita, con una especial incidencia en el colectivo gay, que desde que la transexual israelí Dana Internacional ganó el concurso en 1998 tiene en su seno una copiosa y entusiasta legión de seguidores que no ha parado de crecer, sobre todo después del triunfo hace dos años de Conchita Wurst, un personaje artístico travestido creado por el austriaco Thomas Neuwirth e inspirado en el clásico circense de "la mujer barbuda". Arrasó.

Un pavo o lo que haga falta

La pericia del "eurofan", su entrega denodada a todos los recovecos de Eurovisión, le hace tener un conocimiento casi enciclopédico de los cientos de cantantes (o asimilados, porque hace unos años un pavo representó a Irlanda) que han participado en el festival, sobre todo a partir del año 2000. Es un "todista", no solo conoce a todos los intérpretes de todos los países de todas las ediciones del certamen sino que también tiene en cuenta los aspirantes que siempre aguardan en la parrilla de candidatos para ver si son elegidos por RTVE para probar suerte. Hace años que los seguidores de Coral y Mirela, por ejemplo, se están dejando la piel intentando que sean seleccionadas y se corrija la tremenda "injusticia" cometida con ellas durante el último lustro, una faena de la que usted no tenía la más mínima idea como tampoco sabía que Coral se apellida Segovia y que ganó el Festival de Benidorm en 2005 con el tema "Maldito corazón". Todo eso lo sabe un "eurofan" como la tabla del seis, como entiende de productores, cuerpos de baile, situación de cada tema en las casas de apuestas, afinidades entre países a la hora de votar, vestuarios, divas, reinonas, balandones, cartulinas (el vídeo que presenta al cantante) y demás archiperres de un concurso donde la música termina por ser secundaria.

Parece una exageración, pero es que en ese micromundo, con un innegable punto "friki", casi todo es exagerado o, simplemente, no es.

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