BareiAsí es Barei, nuestra representante en Eurovisión

Ganó a los 18 años el festival de Benidorm y cuenta con dos discos en el mercado

Miembro del clan de los Reyzábal, exdueños del solar del edificio Windsor, no duda en calificarse de egocéntrica e insegura

- MadridActualizado:

Barei era la cara más desconocida de la preselección para Eurovisión. La cantante sin discográfica, sin éxitos comerciales y sin el auge de la televisión que encaraba «no como una oportunidad, sino como la oportunidad» el asalto al sueño eurovisivo. Durante los primeros días desde su anuncio, pocos apostaban por ella a la hora de predecir al ganador. Todo jugaba en su contra. Hasta una polémica entrevista en este diario donde desvelaba que las radios comerciales se negaban a pinchar su música por no contar con el apoyo de la industria. Sin embargo, su gran baza estaba aún por desvelarse. «Say Yay!», un up tempo con tendencia soul y un sonido y producción actuales, se reveló como una pequeña joya. Una canción enérgica, potente, con un estribillo pegadizo y un sugerente toque «retro» que, en cuanto se hizo público, desbancó a todos sus rivales. [Encuesta: ¿Qué te parece que una canción íntegramente en inglés vaya a representar a España en Eurovisión?]

Barei - Say Yay!

Bárbara Reyzábal, como así se llama realmente nuestra representante, tiene 33 años y una dilatada carrera musical. Participó el festival de Benidorm cuando apenas acababa de cumplir la mayoría de edad y ya cuenta con dos discos en el mercado: «Billete para no volver» (2011) y «Throw the dice» (2015). En sus inicios musicales grabó «covers» de temas de Christina Aguilera, Lara Fabian y Laura Pausini. Se fue a Miami a grabar su primer álbum y allí bebió de las raíces musicales latinas. Sin embargo, a su regreso a España, decidió definitivamente apostar por un estilo más internacional. «Compongo en inglés y hago un pop muy actual, con letras que contienen un mensaje claro. Creo que mi siguiente paso a nivel profesional está lejos de España porque mi música encaja mejor fuera», admite. Su sonido, asegura ella, es una mezcla de artistas míticos como Aretha Franklin, Michael Jackson, Steve Wonder o Tina Turner y tan actuales como Rihanna, Kate Perry o Madonna.

Barei también compone para otros artistas, desde la española Malú a la estrella japonesa May J. La casualidad ha querido que una de las cantantes a las que también ha prestado sus letras, Edurne, sea quien le vaya a ceder el testigo para ir a Eurovisión. «Los artistas tenemos nuestro propio estilo y el error surge cuando nos quieren convertir en lo que no somos», señalaba a ABC al ser preguntada por el fracaso de su compañera en el último festival. «Ella hizo una interpretación brutal, pero se equivocaron en el 'qué' con el 'quién'».

Egocéntrica confesa, pero también insegura

Barei quiere hacer algo nuevo, demostrar que otro tipo de apuestas españolas son posibles en Eurovisión - «hay que llevar nuevas propuestas para poder subir puestos. Cuando tienes resultados similares haciendo cosas muy parecidas, igual el error lo estás cometiendo tú» - aunque su incursión en la carrera eurovisiva fue casi por casualidad. «Mi mano derecha presentó a TVE mis trabajos sin decirme ni una palabra y sólo me enteré cuando le transmitieron que estaban interesados en contar conmigo para la preselección», recuerda.

Miembro del clan de los Reyzábal, expropietarios del solar donde se erigía el edificio Windsor y dueños de un conglomerado de empresas relacionados con el cine y el ladrillo, Barei no duda en calificarse de egocéntrica e insegura. «Me cuesta aceptar las críticas negativas, pero es lo que toca. Los artistas somos muy inseguros y nos dedicamos a esto porque necesitamos el aplauso y el amor de la gente. Como dijo Melendi, somos muy egocéntricos pero nos queremos muy poco. Yo cumplo con ese patrón, en ambos aspectos».

Ahora le toca afrontar la difícil tarea de encandilar a toda Europa para romper la eterna racha de 47 años sin triunfo para España. Y sonar por fin en las radios, aunque ese objetivo probablemente será a partir de ahora mucho más sencillo.