«El Gatopardo» fue llevada al cine por Visconti en 1963 con Burt Lancaster, Alain Delon y Claudia Cardinale, que protagonizaron el famoso baile (en la imagen)
«El Gatopardo» fue llevada al cine por Visconti en 1963 con Burt Lancaster, Alain Delon y Claudia Cardinale, que protagonizaron el famoso baile (en la imagen)
LIBROS

«Viaje por Europa», Lampedusa «revela» sus cartas

Antes de fallecer, Lampedusa, que no tuvo hijos, adoptó a un pariente, Giacchino Lanza, artífice de la recopilación de su correspondencia que ahora se publica por primera vez en España

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Esta podría ser la divertida historia de un grupo de jóvenes primos de Sicilia, cultos -cultísimos-, aristócratas, bromistas, que entre los años 1925 y 1930 del pasado siglo intercambian una jocosa y brillantísima correspondencia cuando uno de ellos viaja por Europa y les envía postales y cartas a los otros desde las grandes capitales europeas: Londres, París, Berlín. Cartas repletas de alusiones literarias, de maliciosos retratos de gente conocida, de comentarios picantes y atrevidos y de erudiciones continuas y diversas solo accesibles para unos pocos. Para ellos mismos, mientras disfrutaban y se reían de sus bromas y juegos de palabras.

El que se desplazó fuera de la isla mientras mandaba «noticias del mundo» como un turista refinado a lo Stendhal, sería, décadas después, el internacionalmente famoso autor de «El Gatopardo», Giuseppe Tomasi, príncipe de Lampedusa. En la década de los 20 emprendería, en diversos momentos, un largo viaje por Europa, que se podría calificar en cierto modo de iniciático. Allí nacería un estilo, una manera de narrar y de contar las cosas.

Periplos estivales

Periplos estivales que normalmente se iniciaban con una prolongada estancia en Inglaterra, luego un breve trayecto por Francia y seguidamente Austria, el Tirol, o Alemania. El joven príncipe políglota hablaba todas esas lenguas. Y lo que es más importante: las leía de forma infatigable. Cosa que demuestran sus sucesivos volúmenes, recopilados mucho después, dedicados a Stendhal, a la literatura francesa del XVI o a la inglesa en general.

Antes de fallecer, Lampedusa, que no había tenido hijos con su esposa, una rígida y dominante baronesa báltica, psicoanalista de profesión, adoptaría a un joven pariente suyo, Gioacchino Lanza, hijo del conde de Mazzarino. Con el tiempo, este joven intelectual, musicólogo y ex director del Teatro de San Carlo de Nápoles, se convertiría en su más cualificado y devoto heredero. De igual y gigantesca erudición, compilador y prologuista de todas las obras de su famosísimo padre adoptivo.

Infectados de cultura

Este es el caso de la obra ahora publicada por vez primera en nuestra lengua. Lanza es el encargado de introducir esta deliciosa e impagable correspondencia de entreguerras. El epistolario de una brillante generación de jóvenes europeos, infectados de cultura, de sentido del humor, de sutiles referencias literarias y parodias, que viajaban y comentaban cómplices, «con ojo infalible y mirada caústica», como dice Gioacchino Lanza, «la comedia del mundo».

Este es el epistolario de una brillante generación de jóvenes con Lampedusa a la cabeza

Y lo hacían refiriéndose a círculos privados, centros de su mundo aristocrático conocido, como era el Círculo Bellini de Palermo, o paseando por grandes hoteles, embajadas, castillos, universidades como Oxford y Cambridge, museos, cines y cafés de Europa, poco antes de que el desastre se cerniera sobre su amado continente.

En su mundo en clave, todos ellos representaban un papel y todos se habían adjudicado un sobrenombre. El joven príncipe sería -y firmaría las cartas- como El Monstruo. Con un humor veteado sin cesar por suaves toques provenientes de su adorado Chesterton, lo que una y otra vez destacaba era la desopilante autoironía que utilizaba en sus cartas, hablando de él sin cesar en tercera persona.

Este es el caso de una carta escrita en tono de queja desde el Great Central Hotel de Londres, en julio de 1927, dirigida a sus primos: «El Monstruo ha seguido escribiendo. Ha dilapidado los tesoros de su sabiduría, de su cultura, ha hecho brillar todas las caras de su poliédrica personalidad […] Y vosotros, puercos, no habéis sabido contestar al pobre Monstruo, lejano, solitario, errante».

Excéntricos

Los primos de Giuseppe Tomasi, príncipe de Lampedusa eran los extravagantes hermanos Piccolo di Calanovella: Casimiro, Lucio y Giovanna. Lucio sería descubierto como poeta a final de los años 60, y en parte sería este el acicate que empujaría a Lampedusa a publicar su obra maestra, largo tiempo madurada en su cabeza. Los Piccolo -como dice en otra espléndida introducción complementaria el conocido crítico literario, gran especialista en la obra de Lampedusa, Salvatore Silvano Nigro- eran «exquisitamente excéntricos».

Vivían en una mansión junto al mar en Capo d’Orlando, un bellísimo enclave en la provincia de Messina. Allí tenían su propio «reino encantado» donde se fundía lo fabuloso, lo mágico, los libros leídos en todas las lenguas, aprendidos y recitados de memoria con larguísimas citas eruditas entremezcladas de incesantes juegos literarios que disfrutaban entre ellos, al resguardo de atónitos y no iniciados ojos de extraños.