LIBROS

Última poesía hispanoamericana, estar aquí y en otra parte

Del nomadismo de Víctor Rodríguez Núñez al misterio de Leo Zelada. Los nuevos rumbos de la poesía en Hispanoamérica

El poeta cubano Víctor Rodríguez Núñez
El poeta cubano Víctor Rodríguez Núñez

¿Por dónde camina la poesía hispanoamericana de hoy? ¿Qué líneas estéticas pueden resumir ese vasto continente de palabras? De la grandeza indiscutible de Víctor Rodríguez Núñez a la sorpresa de Leo Zelada, he aquí dos posturas que resumen un panorama tan inabarcable como fecundo.

El viaje, el nomadismo, la memoria son los temas en los que se basa «despegue» (Visor; XXVIII premio Loewe), del poeta cubano Víctor Rodríguez Núñez. De él dijo Juan Gelman: «Viaja, simplemente, por fulgores que buscan su palabra para encontrar donde vivir». Encontrar donde vivir, ese podía ser un hermoso lema que resume este libro.

En «despegue» se habla de la realidad, del desarraigo y de no ser aniquilado del todo. El volumen es, en realidad, un enorme comentario de la cita de Juan Gelman que aparece al principio: «El alma despegada contempla las partes de sí que no partieron». Escrito bajo la sombra del soneto, pero en las múltiples variaciones que la estructura del soneto puede permitir y siempre sin rima, los poemas combinan el fulgor y la precisión, el lenguaje proteico y el lenguaje contenido. Sus cinco partes nos hablan de salidas, vuelos, escalas, puertos y entradas. Es decir, de lugares, despedidas, reencuentros, encrucijadas y cicatrices. Es la aventura de un hombre buscando el lugar, el nómada que sabe que su nomadismo es «estar aquí y en otra parte».

Restos de ADN

El nómada de este libro (como el nómada del siglo XXI) es aquel que recorre la geografía de la vida preguntándose qué es estar aquí y por qué siempre nos estamos yendo a otro sitio. Y habla de un hombre que en este «vuelo» está situado justo en medio de lo que dejó (llamémosle Cuba) y de lo que le espera. Podríamos decir que está en un momento de pérdida entre dos mundos.

Pero además, «despegue» es una larga meditación sobre la orfandad, sobre el hecho de estar solo y de sentirse solo con un puñado de recuerdos. Es significativo, en ese sentido, que a la parte norteamericana del libro, la parte que recorre lugares y paisajes de Estados Unidos (país donde reside el autor), se la nombre como «Escala». Un lugar de tránsito, no un lugar de permanencia, a pesar de estar toda llena de restos de ADN.

Tensión en el verso

Hay algo en la poesía de Víctor Rodríguez Núñez que vale la pena destacar: el trabajo que realiza con el lenguaje. No falta aquí el tono conversacional, pero hay una enorme tarea para construir una tensión en el verso, en la imagen, en el ritmo. Asociaciones sorprendentes, enumeraciones, sonidos. Una voz personalísima.

La poesía hispanoamericana se ha visto atrapada durante décadas en aquello que se llamó el Neobarroco. Con Lezama al fondo, y mirándose en el espejo creado por Severo Sarduy, estos poetas optaban por el énfasis en los aspectos fónicos del lenguaje, por la sintaxis distorsionada, por el brillo léxico, por la elipsis como forma de expresar la realidad. Sin embargo, para muchos poetas jóvenes de estos inicios de siglo, el decorado Neobarroco se ha venido abajo. Entre ellos, sin duda, debe contarse a Leo Zelada (Lima, 1970).

Un destino insalvable

Zelada marca distancias con respecto a «la voz altisonante, la pirotecnia verbal y los oscuros sofismas» de la poesía posmoderna. Frente a ellos, prefiere la sencillez, la naturalidad y el misterio. Una apuesta por la realidad, ya sea mediante la contemplación o la crítica.

Contemplación y crítica vamos a encontrar en «Transpoética» (Vaso Roto). Aquí está el poeta del poema breve capaz de descubrir inusitadas relaciones al expresar lo real, el que escribe una poesía con rápidos trazos, pero capaz de contener ese misterio desde el que nos hablan las cosas. También el que asume la poesía como un destino insalvable, como la manera más lúcida de estar en el mundo. Y el poeta de la conciencia en medio de una realidad en crisis, dispuesto a atacar con rotundidad a todos aquellos poderes que nos llevan a la deriva. Zelada tiene tanto de poeta irreverente como de poeta capaz de dialogar con los clásicos, y posee una voz fresca y emocionante que busca nuevos rumbos para la poesía y una poesía para el nuevo mundo de este siglo.

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