«Futuro simple de indicativo», de Los Torreznos
«Futuro simple de indicativo», de Los Torreznos
ARTE

Los Torreznos: arreando que es gerundio

En Freijo Gallery, Los Torreznos usan los tiempos verbales para retratar la celeridad de la sociedad de hoy

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He visto a Los Torreznos sudar de lo lindo, por sadomasoquista que suene, en el verano segoviano, entregados frenéticamente a la performance 35 minutos en el Palacio de Quintanar. No parecía tanto que la «musa» estuviera atacando de nuevo, cuanto responder a una voluntad obstinada o de una extrema literalidad.

El dúo formado por Rafael Lamata y Jaime Vallaurre son un referente de la performance, capaces de darle vueltas al «pensamiento» en una sala teatral a oscuras o tener al público en estricto movimiento a base de aplausos de todo tipo, como hicieron en la apertura de su «retrospectiva» en el CA2M (Móstoles, 2014) y, sobre todo, son expertos en el intempestivo arte de poner en solfa la cultura pretenciosa.

Declinaciones

En la galería Freijo presentan un fascinante relato fotográfico pero también sonoro que transforma las imágenes del viaje por carreteras norteamericanas en una declinación verbal que nos lleva hasta tiempos «perdidos», porque hablar hoy en «futuro perfecto de subjuntivo» suena bastante «anacrónico». Desde el infinitivo que intenta «empezar, arrancar, ir despacio, mirar con atención...», hasta el presente de subjuntivo («Como quieras, cuando desees, aunque lloremos o gritemos...»), Los Torreznos no parece que se aburran con sus conversaciones que pueden tratar sobre una trucha al horno o la búsqueda de la solución definitiva y la distancia equitativa. Da la impresión de que todo conduce hacia la incertidumbre, conscientes de que la performatividad puede ser «hacer cosas con palabras», aunque así no se llegue a ningún sitio.

Hartmut Rosa ha señalado que el aspecto más acuciante y sorprendente de la aceleración social sea el «hambre de tiempo» que aqueja a las sociedades modernas. Los protagonistas sociales sienten cada vez más que se les está acabando el tiempo, que les falta tiempo. Da la impresión de que se concibe el tiempo como una materia prima que se consume como el petróleo y que, por lo tanto, se vuelve cada vez más escasa y de mayor precio. Los Torreznos tienen, en apariencia, todo el tiempo del mundo o, por lo menos, no les falta «verbosidad» para dar cuenta de lo que nos pasa.

La dromología (Virilio) puede ocultar que, en realidad, no somos otra cosa que «sedentarios híperconectados», entregados a la rumorología de la red pero casi incapaces para generar algún acontecimiento real. Ignoramos, o apenas utilizamos, los «tiempos verbales», que en esta instalación suenan como si fueran evocaciones barrocas.

Los Torreznos, conceptistas más que conceptuales, esto es, divertidos y sagaces en vez de plúmbeos u obtusamente planfletarios, ponen en acción la lengua. Su viaje verbal tiene algo de perogrullesco, en el sentido al que recurre Valcárcel Medina, pero sobre todo nos dinamiza. Arreando que es gerundio.