LIBROS

J. R. R. Tolkien, el mito deconstruido

El paso del tiempo ha consolidado la obra de Tolkien. En el 60 aniversario de «El Retorno del Rey», Minotauro viste de largo la saga de «El Señor de los Anillos» y nos la ofrece en edición especial con «Guía de Lectura». Un 10 absoluto

Frodo y Gandalf vistos por Alan Lee, el ilustrador más famoso de la obra de Tolkien
Frodo y Gandalf vistos por Alan Lee, el ilustrador más famoso de la obra de Tolkien

En 1961 se le negó el Nobel de Literatura al creador de «El Señor de los Anillos» porque su prosa, según la Academia Sueca, «no estaba a la altura». El ganador de aquella edición fue un yugoslavo, autor de «Un puente sobre el Drina», de quien el jurado destacó «la fuerza épica con la que ha descrito los destinos humanos de la Historia de su país». Es curioso que ambos escritores tengan grapada la palabra «épica» a su carta de presentación. Pero mientras Ivo Andric describe de forma descarnada hechos históricos de su Bosnia natal, desde su conquista por el Imperio Otomano en 1389 hasta la creación del Estado yugoslavo tras la Gran Guerra, Tolkien consigue la suspensión de la duda, es decir, hacer que un mundo imaginario con su propia historia, mitología, geografía y lengua sea completamente verosímil.

«Para la mayoría de los críticos modernos, el mito es sinónimo de mentira o falsedad», explicaba hace unos años a ABC Francisco Porrúa, el editor de las obras de Tolkien en castellano que fundó Minotauro en 1954, el año en que se publicó en el Reino Unido «La Comunidad del Anillo», la primera entrega de la saga. «Para él, en cambio, es la única manera de que ciertas verdades trascendentes puedan expresarse de un modo tangible».

Por goleada

Tolkien apabulla a Andric en número de entradas en internet. La epopeya fantástica «golea» a la balcánica. Los votantes del Nobel jamás lo habrían imaginado. Como tampoco que aquella prosa «sin nivel» iba a inspirar durante décadas a ensayistas, ilustradores y cineastas para alumbrar vástagos. Las ramificaciones de este particular reino de las hadas tiende al infinito, incluyendo sesudos análisis, atlas, enciclopedias, libros preñados de maravillosas ilustraciones, calendarios y hasta gramáticas del lenguaje de los elfos. Las películas de Peter Jackson triunfaron en la caja registradora y alcanzaron reconocimiento artístico (17 Oscar, incluyendo los 11 de «El Retorno del Rey»). Después de sacar hasta el tuétano de «El Hobbit», todavía quedan por llevar a la gran pantalla las leyendas de «El Silmarillion». La mercadotecnia ha explotado el fenómeno hasta la náusea. El «boom» camina por encima de todas las sombras. Y nos sobrevivirá a nosotros, a nuestros hijos y nuestros nietos.

«Frodo lives!» se convirtió en un eslogan de la contracultura de los años 60 y 70, cuando «El Señor de los Anillos» no había calado en la crítica ni en el público. Ni, por supuesto, en la Academia Sueca. Hay quien asocia la frase al hecho de que el portador del anillo viviría eternamente con los elfos, o a una simple reivindicación de la obra. En mi opinión, tiene que ver con la «credibilidad» de los personajes. Frodo vive; es decir, existe. «Crear un mundo secundario en el que un sol verde resulte admisible ha de exigir una habilidad especial, algo así como la destreza élfica. Pocos se atreven con tareas tan arriesgadas. Pero cuando se intentan y alcanzan, nos encontramos ante un raro logro del Arte», escribió Tolkien.

La «Guía de lectura», de más de mil páginas, es un viaje tan largo como apasionante

Las legiones de «tolkiendili» (fans irredentos del profesor de Oxford) hablan de Gandalf, Aragorn, Frodo, Sam y demás miembros de la Compañía del Anillo como si los hubieran invitado a cenar ayer mismo. Son de la casa. Imitando a los ents (los pastores de árboles que viven en las profundidades del bosque de Fangorn), los miembros de la Tolkien Society, fundada en 1969, organizan cada año una asamblea en Oxford, la Oxonmoot, en el fin de semana más cercano al cumpleaños de Bilbo y Frodo, los hobbits más renombrados. Esto no ocurre con otros personajes ficticios de la cultura pop, ni siquiera con los más célebres de estos tiempos: los que habitan en la novela río «Canción de hielo y fuego», de G. R. R. Martin, más conocida por el título de su primera entrega («Juego de Tronos»), aunque una impactante serie televisiva les haya puesto rostro. Simplemente, porque no existen. Y los habitantes de la Tierra Media, sí.

«Tolkien era un hombre incomprendido porque era un hombre entendido en mitos (en inglés, “misunderstood” y “mythunderstood”)», reflexiona Joseph Pearce, autor de «Tolkien, el hombre y el mito». En 1970, Porrúa se hizo con los derechos de «El Señor de los Anillos» en el último minuto y por azar, pues lo encontró entre los libros de desecho que tenía un agente en Buenos Aires. Cuarenta y cinco años después de aquel hallazgo, y coincidiendo con el 60 aniversario de la publicación de «El Retorno del Rey», Minotauro ha lanzado una lujosa edición especial que incluye una «Guía de Lectura» de más de mil páginas, lo que obliga a sus lectores a un viaje tan largo como apasionante: saltar de un libro a otro para deconstruir el mito. Una «delicatessen».

600.000 palabras

El volumen, firmado por Wayne G. Hammond y Christina Scull, es mucho más que «El Señor de los Anillos» anotado. Que también. Reflexiona sobre su evolución, estructura y significado; glosa su creación, publicación y recepción por parte de la crítica; e incluye la nomenclatura que Tolkien puso a disposición de los traductores y que había permanecido inédita en castellano hasta hoy, además de varios árboles genealógicos y una cronología escrita a mano por el autor en la que se puede ver dónde está cada personaje en un día determinado, qué luna había… Una guía que es como los cimientos de piedra que apuntalan los tres tomos de la obra. La edición se acerca a los deseos de Tolkien, con mapas a dos tintas, las páginas del «Libro de Mazarbul» en un desplegable y las sobrecubiertas que él diseñó y no se utilizaron por falta de presupuesto.

«“El Señor de los Anillos” fue empezado en 1937 y cada una de sus partes ha sido reescrita muchas veces», explicó Tolkien en 1951, sin duda fatigado por el parto de su criatura. «No hay prácticamente ninguna palabra, en sus 600.000 o más, que no haya sido considerada. Y la ubicación, el tamaño, el estilo y la contribución de la totalidad de los detalles, incidentes y capítulos han sido escrupulosamente meditados. Lo que intento decir es esto: no puedo alterar la obra de manera sustancial. La he terminado, me la he quitado de la mente. El trabajo ha sido colosal, y ahora debe sostenerse o caer tal cual está».

La edición se acerca a los deseos de Tolkien, con las sobrecubiertas que él diseñó

«Tolkiendili» de toda clase y condición se han encargado durante décadas de sostenerla contra viento y marea, lo que evidencia el cisma del público con la crítica purista. «El Señor de los Anillos» ocupó el primer lugar como el libro más importante del siglo XX en una encuesta de 1997 realizada por la BBC y las librerías Waterstone a 25.000 personas del Reino Unido. En España, ABC Cultural hizo un sondeo parecido en el que participaron cerca de diez mil lectores y la obra alcanzó la séptima posición.

«Es deprimente pensar que quienes han votado el mejor libro del siglo XX se encierren en un mundo inexistente», se quejó Susan Jeffreys, del «Sunday Times». El escritor Howard Jacobson fue lapidario. «Tolkien… Es algo para niños, ¿no? O para adultos retrasados. Eso demuestra la estupidez de enseñar a la gente a leer». También hubo opiniones contrarias, como la del filósofo Patrick Curry: «Tolkien habló de los temores de los lectores de finales del siglo XX… y les dio esperanza. ¿Quién vive en un mundo de fantasía? Los críticos de Tolkien, no sus lectores, han perdido el contacto con la realidad».

Ian Collier, de la Tolkien Society, dice que «El Señor de los Anillos» no es un relato para niños, sino «una obra compleja abierta a discusión e investigación». Chesterton, alma gemela de Tolkien, lo tenía claro: «Cuanto más genuinamente vemos la vida como un cuento de hadas, con más claridad se resuelve el cuento mediante una lucha contra el dragón que está desolando la tierra de las hadas». La novela desgrana verdades trascendentes como la amistad, la lealtad, el idealismo o la esperanza sin garantías, que nos exige luchar, ser inconformistas e insobornables para vencer a la muerte. ¿Hay algo más pegado a la realidad del ser humano?

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