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Stephen King ni pierde ni paga

El «rey» del terror publica la segunda parte de la «Trilogía Bill Hodges» y vuelve a ponernos los pelos de punta

Stephen King, autor de «Quien pierde paga»
Stephen King, autor de «Quien pierde paga» - AP/Elise Amendola

«Trabajamos en la oscuridad... El resto es la locura del arte». Es una de las citas más famosas de Henry James. Y después del autor de «Otra vuelta de tuerca» posiblemente sea Stephen King (Portland, 1947) el norteamericano que más y mejor ha narrado los peligros del oficio. Hay escritores en «El resplandor», en «It», en «Un saco de huesos», en «Los Tommyknockers», en «La historia de Lisey», en «La mitad oscura», en la saga de «La torre oscura» (donde el propio King es personaje decisivo) y en, por supuesto, «Misery». Y ninguno de ellos suele pasarlo muy bien.

Y uno de los que peor lo pasan es el octogenario y ermitaño y salingeriano John Rothstein, que lleva décadas sin publicar. Porque en «Quien pierde paga» -segunda entrega de la «Trilogía Bill Hodges», iniciada hace un par de años con la muy celebrada «Mr. Mercedes» y concluida meses atrás con «End of Watch»- Rothstein recibe un tiro en la cabeza en las primeras páginas. Cortesía de Morris Bellamy, ladrón de poca monta y, además, uno de sus más dedicados seguidores.

Y enseguida, descubre Bellamy, en las arcas de Rothstein hay dinero pero, también, hay algo mucho más importante: una novela inédita. Y es una gran novela. Y Morris oculta y entierra todo eso y cae preso por otro delito y más de treinta años después sale de la cárcel para recuperar su botín. Pero antes lo ha encontrado Pete Saubers, joven súbitamente fascinado por la literatura y cuyo padre, ahora lisiado, fue una de las víctimas del arrollador Mr. Mercedes. Y pronto, de nuevo, tenemos una nueva variante sobre el juego del gato y el ratón. Y entra en escena el curtido investigador Bill Hodges junto a sus aliados Jerome y Holly.

Creciente tensión

Lo que sigue -«Quien pierde paga» es la mejor de la trilogía- es lo que suele en el King más o menos tardío: una envidiable profundidad y sentimiento para narrar los «tiempos muertos», una endiablada habilidad para administrar la creciente tensión del «crescendo» y (como ocurría en «22/11/63» y «Doctor Sueño», pero no en la excelente «Revival») un cierto engolosinamiento a la hora de la orquestación del siempre demasiado largo duelo final.

Una en apariencia innecesaria coda con Brady «Mr. Mercedes» Hartfield en coma abre el paraguas de lo paranormal y anticipa lo que será la ya un tanto demasiado delirante y la peor del trío End of Watch. Allí, antes de la última despedida, Bill Hodges volverá a enfrentarse con su némesis, ahora armado no con un automóvil sino con una «app» con pececitos de colores que incita al suicidio.

«Cthulhu» Trump

Pero no desesperen ni se frustren: con King siempre vendrán tiempos mejores. Lejos está el rey de abdicar; a no ser que se trate -pasmado por los resultados de las últimas elecciones en Estados Unidos- de su cuenta en Twitter, desde la que azotó durante meses a Donald Trump, a quien comparó con Cthulhu. Ha llegado el momento de lamerse las heridas a solas, avisó. Pero quién sabe, tal vez de todo esto surja un nuevo miedo: la historia de un novelista aterrorizado por un presidente terrorífico.

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