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La señora de la tinta americana

La Casa de América, dentro del ciclo «México se escribe con equis», ha estrenado un documental de Eduardo Sepúlveda acerca de la poetisa Guadalupe Amor Schmidtlein. Una gran ocasión para recordar la trayectoria de esta fascinante mujer

El retrato de Pita Amor que realizó su buen amigo Raúl Anguiano
El retrato de Pita Amor que realizó su buen amigo Raúl Anguiano

Muchos se preguntaran quien es esta mujer, mas conocida como Pita Amor. Pues bien, fue una autentica revolución. Nacida en 1918, Eduardo Sepúlveda ha logrado hilvanar retazos de sus propios recuerdos familiares (no en vano era sobrino suyo), junto a los relatos de otra de sus sobrinas, la escritora y Premio Cervantes Elena Poniatowska, las investigaciones de su biógrafo Michael Schuessler y testimonios de admiradores y amigos como Daniela Romo, Jacobo Zabludowski o Patricia Reyes.

Aunque intentó ser actriz, se prestó a ser modelo de pintores como Diego Rivera o Raúl Anguiano para los que posó desnuda, con gran escándalo en la mojigata alta sociedad mejicana de la época, pero es que también era bastante exhibicionista y disfrutaba anunciando sus grandes escotes, que iba sin ropa interior o vistiendo ropa transparente que dejaba caer en público estratégicamente, provocando algún que otro infarto. Sin embargo en lo que destacó realmente fue en sus poemas, casi «perfectos» –según los califica su sobrina Poniatowska–, a pesar de que mucha gente no se podía creer que fueran suyos, dada la fama de frívola que cultivó con rigor. Pero en sus poemas, logró expresarse libremente.

La más extravagante

Sentada en el Bar Miguel Ángel de Madrid, la tarde anterior a la conferencia en Casa de América, junto a dos sobrinos de esta poetisa rara –la mas extravagante que dieron las letras de ese país– el mexicano Sepúlveda y el español Enrique Chapa, ambos me cuentan los recovecos de su extraña vida. Sólo diré que en el interior del Bar, se hizo el silencio y que la gente escuchaba.

Su abuelo Adolph Schmidtlein, llegó de Austria junto a las tropas del Emperador Maximiliano, como medico militar. Tras la caída del Imperio, se instala en Puebla, se casa y se queda allí ejerciendo como medico. Mas tarde se trasladan a Ciudad de Méjico junto a sus hijos y una de ellas, Carolina se casa con Manuel Amor con el que tiene 8 hijos, la pequeña es Pita.

En su famosa rebeldía y carácter explosivo, influiría probablemente un factor genético, pero también el ambiente en el que creció. La familia Amor Schmidtlein era una de las familias mas relevantes de la ciudad. Tenían haciendas azucareras en el estado de Morelos que les fueron expropiadas durante la revolución. Todas, salvo su residencia familiar, una gran casa de tres pisos en la Colonia Juarez. Pita vivió un ambiente de decadencia de la fortuna familiar. Habían sido muy ricos y de pronto todo desapareció. Su padre se vino abajo, era mucho mayor que su mujer Carolina y quedó abatido por la situación.

Rulfo, Villaurrutia, González Montesinos y Alfonso Reyes, que fue su mentor, aplaudieron su obra

Pita que se autodefine en estos versos: «Yo de niña fui graciosa, de adolescente llorona, en mi juventud cabrona y en mi verano impetuosa», vió cómo su madre tenía que ir de vez en cuando a empeñar las joyas familiares pues había que mantener la casa, el servicio y a su marido que no hacia nada. Consentida y caprichosa que se enrabietaba si no se cumplía su voluntad para llamar la atención. Su padre estaba muy lejano, siempre encerrado en la biblioteca, y ella viendo esta decadencia material empezó a angustiarse, aunque nunca lo quiso reconocer. Todo ello la llevó a convertirse en una excéntrica, rebelde que se paso todos las convenciones de largo. Pero su familia siempre la apoyó.

Un día, a mediados de los años 30 –debía de tener unos 18 años– se escapó de la casa familiar, literalmente saltó la valla y se marchó. Había conocido a un ganadero español que fue su amante, un hombre mucho mayor que ella que sustituía claramente a la figura de su padre. La relación dura hasta los años 50.

Versos con lápiz de ojos

Participó en cinco películas, interpretando personajes muy secundarios salvo en «Cadetes de la Naval», en la que le dan un papel mas relevante y sale cantando y bailando. Pero fue un desastre en el que intentaba sobornar al cámara para que sacara su lado bueno. Una noche llegando a su casa cansada y tuvo una especie de iluminación y en una bolsa del pan empezó a escribir con su lápiz de ojos, sus primeros versos: «Casa redonda tenía de redonda soledad: el aire que la invadía era redonda armonía de irrespirable ansiedad…».

En la galería de su hermana mayor, una de las más relevantes de la ciudad, conoció a muchos artistas, pintores y entró en contacto con escritores como Juan Rulfo, Xavier Villaurrutia, Manuel González Montesinos y su mentor Alfonso Reyes, que aplaudieron su trabajo y la apoyaron con entusiasmo, aunque entre los críticos causaba asombro que una mujer tan joven pudiera escribir versos tan profundos. Su obra de aquella época se inspira en la técnica de la decima y el soneto de los clásicos españoles del Siglo de Oro.

A partir de ahí comenzó a publicar y llegó a presentar un programa de televisión dedicado a la poesía que fue un gran éxito. Se mantuvo un año en la cadena y adquirió gran fama y muchos seguidores.

«Yo de niña fue graciosa, de adolescente llorona, en mi juventud cabrona y en mi verano impetuosa», se definió en sus versos

Los temas de sus obras eran filosóficos y existenciales, de sus propias angustias e inquietudes; su familia era muy religiosa pero ella tenia muchas dudas («Decimas a Dios»). A lo largo de los 50 publica cinco libros importantes, es su etapa de plenitud («Yo soy mi casa») Se hace íntima amiga de Frida Kahlo, María Felix, Gabriela Mistral o Elena Garro. El escándalo le apasionaba. Fomentó un poco la frivolidad, se pasaba de bebida en las fiestas, estaba metida en la bohemia y era toda una serie de contrastes y choques. Quería sacar chispas de donde pudiera.

A fines de los 50 escribe una autobiografía en prosa y narra su vida familiar. Es parte ficción, algo novelada y con una estructura interesante pues narra su vida a partir de los diferentes espacios de su casa. Allí se descubre a una niña observadora pero también muy atormentada. En este libro narra la anécdota de un paseo junto a sus padres a los 5 años, cuando pierde a su muñeca Conchis. Llegando a casa monta tal rabieta que al final su padre decide salir a buscarla; cuando la encuentra se la lleva, pero ella la mira displicente y decide que ya no la quiere. Así fue siempre en su vida.

Al final de la década de los 50 se queda embarazada. Quería tener el bebe, pero cuando nace comprende que no puede hacerse cargo de él y se lo deja a su hermana mayor. No se desentendió del niño, lo visitaba y lo quería a su modo, pero un día el niño cae al estanque de la casa y se ahoga. Ella se hunde y deja de escribir durante una década. Por fin en los 70 alguien le organiza un recital y Pita vuelve a la vida, recupera a sus admiradores y les suma muchos jóvenes, pues se había convertido, sin proponérselo, en una figura vanguardista de la liberación femenina.

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