ARTE

Robert Capa o la fotonoticia que se hace color

Los manuales han preferido al Capa en blanco y negro. Pero Madrid recupera al reportero a todo color

«Espectadores en el hipódromo de Longchamp» (ca. 1952)
«Espectadores en el hipódromo de Longchamp» (ca. 1952) - © Centro Int. de Fotografía de Robert Capa / Magnum Photos

Casi todos tenemos en nuestra memoria visual esa perturbadora imagen del miliciano desplomándose abatido. Imagen del ángel caído en la contienda incivil de nuestra Historia no tan lejana: del deseo de elevación al desplome en la tierra. A través de su cámara-ojo, esa imagen quedó fijada en el curso del tiempo por uno de los fotógrafos-reporteros de más firme personalidad en el siglo XX: Robert Capa (Budapest, 1913 - Thai Binh, Vietnam, 1954).

En esa primera mitad de un siglo profundamente doliente, con dos guerras mundiales caracterizadas por la utilización extrema de la tecnología destructiva y la confrontación de grandes masas humanas, Robert Capa fue uno de los testigos más sutiles. Desplazándose de un lugar a otro, prestando atención a lo que estaba pasando allí donde sucedía, siempre itinerante, Capa no dudó en poner su vida en riesgo para estar presente y dar testimonio. Así hasta el momento final, en Indochina, donde al pisar una mina explosiva encontró la muerte.

Toda una primicia

De este periodista gráfico ejemplar, referente en tantos sentidos para los profesionales de la información, llega ahora al Círculo de Bellas Artes de Madrid toda una primicia, después de su primera presentación en 2014 en Nueva York, en el International Center of Photography, y tras su paso posterior por Budapest y por Tours y Lille, en Francia. Por primera vez se reúne un conjunto de fotografías de Robert Capa sólo en color.

Capa utilizó con regularidad la película en color desde 1940 hasta su fallecimiento en 1954, pero aunque algunas imágenes fueron publicadas en revistas de la época, la mayoría ni siquiera habían sido impresas, por lo que su conocimiento hasta ahora resultaba bastante limitado. Parece que en las publicaciones de entonces para la ilustración de los artículos se daba prioridad a la fotografía en blanco y negro, frente al color.

Las fotografías de esta exposición nos hablan de las raíces de lo que ha terminado por ser nuestro mundo, el mundo de hoy

En su presentación en Madrid, la muestra reúne más de 150 instantáneas en color, y todo un conjunto de documentos: recortes y publicaciones de época, que permiten apreciar hasta qué punto Robert Capa la convirtió en parte fundamental de su trabajo durante sus trece últimos años de vida. También se puede escuchar el audio, con subtítulos en español, de la única entrevista de radio con Capa que se conserva, y en la que, entre otras cosas, explica precisamente cómo tomó su fotografía «Muerte de un miliciano».

Con un magnífico y sobrio montaje, la exposición se articula en 16 secciones: «II Guerra Mundial», «Estados Unidos», «URSS», «Picasso», «Hungría», «Marruecos», «Israel», «Noruega», «Deauville y Biarritz», «Roma», «París», «Esquí», «Generación X», «En rodaje», «Londres y Japón» e «Indochina». Las imágenes, en pequeño formato, impresionan por su intensidad. Robert Capa va de un sitio a otro en pos de la noticia.

Y lo que vemos nos habla de las raíces de lo que ha terminado por ser nuestro mundo, el mundo de hoy. La guerra y los campos de batalla. Los desplazamientos forzados de seres humanos, emigrantes tan forzosos como los de nuestros días. Las ciudades, los movimientos de masas en ellas, y los espectáculos. Y también escritores (Hemingway, Truman Capote), artistas (Picasso), y estrellas de cine. El pulso de la vida se había hecho más vibrante. Su registro exigía el empleo del color.

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