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El reportaje de Joanna Connors para encontrar a su violador

Después de dos décadas paralizada por el miedo, la reportera estadounidense investigó en «Te encontraré» su violación

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Joanna Connors tenía 30 años y trabajaba para un periódico local de Minneapolis el día que se terminó la primera parte de su vida. Fue con una entrevista que nunca realizó, en el escenario de un teatro, porque llegó «tarde, como de costumbre», con el ensayo ya acabado. Con la sala a oscuras. Solo quedaba un hombre que parecía estar trabajando con la iluminación, pero que en realidad escondía un cuchillo con el que redujo a la reportera.«Ya está –pensó ella–. Mi violación. Sabía que iba a llegar. Toda mujer lo sabe, la anticipa, la teme, aunque no crea que le ocurrirá a ella. Y ahora aquí está. Me ha tocado».

Primero fue el shock, después el pánico y, al final, la parálisis. Durante dos horas, Connors estuvo a merced de su violador, observándose desde arriba, escribe: «Desde aquella posición privilegiada veía cómo el hombre me violaba». Cuando todo acabó, Francis la amenazó para que no avisara a la Policía. «Si tengo que ir a la cárcel, te echaré de menos –le dijo–. Y cuando salga, te encontraré». Después le besó en los labios y se marchó. El agresor se sentía tan impune que el día siguiente regresó al lugar de los hechos. La detención le pilló por sorpresa.

Lo que siguió a la violación y el arresto no fue melodramático ni emocionante, relata Connors: «No fui valiente en ese momento, como mucha gente cree que fui. No fui valiente después, al testificar. Hice lo que tenía que hacer». Francis era el acusado perfecto –negro, pobre, sin educación, con antecedentes– y fue condenado a entre 30 y 75 años de cárcel. La condena fue doble. A Connors también la habían condenado, «a una mezcla de miedo crónico, silencio y vergüenza, una vergüenza» que nunca logró explicarse.

En «Te encontraré» (Errata Naturae) Joanna Connors narra las más de dos décadas que vivió con miedo a que en efecto Francis la encontrara. Dos décadas en las que se culpó a sí misma de la violación –«¿Por qué coño entraste al teatro?», le llegó a preguntar el fiscal del caso–, preocupándose más por el bienestar de los demás que por el suyo, siendo incapaz de pronunciar tres palabras: «Me han violado». Las palabras le «quemaban en la garganta». Tardó 24 años en darle la vuelta al relato: «Dijo que me encontraría. Quizá debía ser yo quien lo encontrase a él». Con el rigor propio del reporterismo «made in USA» y una sensibilidad conmovedora, Connors se acerca a la excelencia en su empeño por escribir sobre su violación «en detalle», como no se cuenta en los periódicos y mucho menos en las películas.

«Contar historias –reflexiona– nos ayuda a entender quiénes somos y qué acontecimientos de nuestras vidas nos han ido conformando. La manera de hacerlo, eso creía, era la que mejor conocía: como reportera». «Te encontraré» es mucho más que la historia de una violación; es también una investigación de 18 meses en busca de Francis: una inmersión las miserias que se esconden en Estados Unidos, la pobreza, la raza, la educación, y el descubrimiento de una familia rota, con un padre que obligaba a sus hijas a prostituirse, que convirtió a sus hijos en drogadictos y que lanzó a Francis a la delincuencia cuando tenía 12 años.

Francis murió con 44 años, víctima de un cáncer, después de pasar casi la mitad de su vida en prisión. Cuando Connors visitó la tumba de su violador –fue la primera persona en hacerlo–, recordó una pregunta que le hizo una amiga tiempo atrás: «¿Te imaginas que al final fueses tú la única persona que se acuerda de él?». El acierto de Connors está en su intento de buscarle sentido a la paradoja.