DARÁN QUE HABLAR

Rafael Jiménez: «Me seduce la distorsión de la imagen. Mi punto de partida es mi propio defecto de visión»

Pintar por encima de todo. No importan los materiales (incluida la plastelina). Y entender cómo se construyen y «destruyen» las imágenes. Así procede el cordobés Rafael Jiménez. Y así es su interesante trabajo, que «dará que hablar»

Detalle de «Una anécdota pop. Nadia 10» - R. J.
«Buena duda, mal axioma». Impresión adherida a la piedra - R. J.
«Kim-Mao». Plastelina sobre papel - R. J.
Detalle de «Marx» (2015). Plastelina sobre papel - R. J.
«Muelle». Plastelina sobre pared - R. J.
«Sin título». Plastelina sobre papel - R. J.
«Sin título. Cráneo». Plastelina sobre papel (2013) - R. J.
«Sin título». Plastelina sobre impresión (2016) - R. J.
Fragmento de «Sin título». Plastelina sobre tabla (2015) - R. J.

Nombre completo: Rafael Jiménez Reyes. Lugar y fecha de nacimiento: Córdoba, julio de 1989. Residencia actual: Córdoba. Estudios: Licenciado en Bellas Artes, especialidad de grabado y diseño por la Universidad de Sevilla en 2012. Ocupación actual: En la actualidad me dedico a desarrollar mi trabajo artístico.

Qué le interesa. Me interesan los mecanismos por los cuales construimos las imágenes que componen nuestra Historia y cómo estos se contraponen a los procesos personales que articulan la memoria, siendo ambos tan manipulables. A nivel formal, me seduce la distorsión de la imagen a través de diferentes sistemas que tienen su punto de partida en mis propios defectos de visión y en la imagen fotográfica, influido por el consumo digital de las mismas frente a nuestra noción de lo pictórico.

Actualmente estoy centrado en la pintura y, concretamente, en el retrato, trabajando y desarrollando piezas realizadas con plastilina, un material que me aporta lo que necesito para investigar constantemente, siempre de una forma abierta y dejando entrar al espectador. Me gusta trabajar de forma intuitiva acerca de estos temas sin ser tampoco esclavo de mis propias ideas y cuestionar continuamente los medios que utilizo. Suelo partir de imágenes icónicas reconocibles para distorsionarlas y deformarlas, imágenes que por sí mismas o su contenido pasan a la posteridad por algún motivo, y que determinan nuestra forma de «recordar» o asociar un hecho histórico o personal determinado.

De dónde viene. He tenido la suerte de poder trabajar en contextos y espacios muy distintos, siendo quizá el que más me ha marcado, la beca de residencia de la Fundación Antonio Gala en Córdoba, donde realicé el proyecto «After Karst» (2013) que posteriormente exhibí en el Museo de Historia de Nerja. Por otro lado, he participado con proyectos individuales y colectivos en ámbitos como Modus Operandi, en Madrid («Somos sospecha», 2015), el primer espacio galerístico que me dio una oportunidad y óptimas condiciones para trabajar, y La Casa Rosa, en Málaga («Pulso, afecto, fractura, 2016). Ambos espacios contaron conmigo para participar en las ferias Just Mad7 y Art and breakfast, respectivamente, este mismo año.

Gestiono Z, una plataforma de experimentación artística en el medio rural en la que trabajamos con artistas y colectivos de forma abierta y a la medida del pueblo

En otro orden de cosas, he sido afortunado al poder realizar una residencia en Pinea/Linea de Costa con «Las imágenes que nos quedan», en Rota (Cádiz), y, recientemente, en Residencias a Quemarropa (Alicante), proyectos independientes que suponen una oportunidad fantástica para aprender, al igual que destacaría el diálogo expositivo de Espacio Pasillo, en Sevilla, donde realicé «Buena duda» a principios de año.

Supo que se dedicaría al arte desde el mismo momento en que… No sabría determinar un momento claro. Comencé pintando graffiti a los catorce años junto al escritor Otes en Córdoba, dando tumbos haciendo murales por media España pero sin un interés claro por el arte. Simplemente, me gustaba pintar. En 2008, tras un viaje a Nueva York en el que pude conocer a algunos de los escritores que vivieron y protagonizaron el nacimiento del graffiti, volví pensando que era una actividad que me entusiasmaba pero a la que no quería dedicarme por completo. Eso y trabajar con prehistoriadores del equipo arqueológico en las cuevas de Nerja poco después me sirvieron de punto de inflexión y de freno para pensar qué hacía y por qué lo hacía. Quizá en ese momento fue cuando tuve más ganas de centrarme, estudiar, tener un taller y orientar lo que estaba haciendo; que el arte me decía y emocionaba mucho más que lo que yo estaba dispuesto a ver desde el tópico en el que estaba educado. Con el tiempo, he seguido jugando y descubriendo nuevos intereses.

¿Qué es lo más extraño que ha tenido que hacer en el mundo del arte para «sobrevivir»? No sé si calificarlo como raro… Fuera del arte, y por mi formación, he diseñado cientos de cosas a nivel comercial, desde christmas, rótulos, un sinfín de cartelería «al gusto», fotomontajes satíricos, libros, discos, marcas…

Con el tiempo casi siempre vuelvo a Munch, a Caravaggio, Velázquez, Goya o Rembrandt con la sensación de que «ahí está todo»

Como pintor, he retratado prácticamente todo lo que me han propuesto siempre que lo haya podido llevar a mi terreno. Lo más raro o curioso que recuerdo en ese aspecto es cuando me encargaron retratar una mascota para un regalo… Todo muy tradicional y bajo la premisa «sácalo bonito» a partir de unas fotos en las que casi ni se le veía el rostro al animal. Siempre me divierte recordarlo, y he preferido pintar a otras opciones aún más precarias, que, lamentablemente, en ocasiones, también he tenido que aceptar.

Su yo virtual. Actualmente tengo un blog personal que uso a modo de archivo y donde cuento por dónde ando mientras preparo mi página web. Aunque la red social que más utilizo es Facebook, tengo una página que aprendo a utilizar poquito a poco y mi perfil personal, aunque no soy muy exhibicionista: principalmente lo utilizo como plataforma para contar qué estoy haciendo. Pasé por una relación amor-odio con ellas al principio (realmente por no saber cómo utilizarlas), pero ahora son una herramienta de trabajo más que me ha facilitado contactar con mucha gente, poder enseñar mi obra como yo quiera y seguir la pista e informarme acerca de lo que me interesa.

El «selfie» de Rafael Jiménez para «Darán que Hablar»
El «selfie» de Rafael Jiménez para «Darán que Hablar»- R. J.

Dónde está cuando no hace arte. En el año 2012 comencé junto a mi compañero el artista Demetrio Salces la organización y gestión de Z, jornadas de arte contemporáneo de Montalbán de Córdoba. Se trata de una plataforma de experimentación artística en el medio rural en la que, a través de la acción, la difusión y formación, planteamos anualmente un programa en el que, a partir de un tema, trabajamos con artistas y colectivos de forma abierta y hecha a la medida del pueblo. Es un proyecto con financiación pública en el que nos interrogamos de qué modo podemos acercar con naturalidad el arte contemporáneo al público en un espacio en el que habitualmente las experiencias en torno al mismo son inexistentes. Una manera de poder contribuir de algún modo a mi contexto más cercano y abordar el arte y la cultura contemporánea de una forma natural y abierta.

Le gustará si conoce a... Me gusta ver de todo y acercarme a propuestas que a priori no tienen nada que ver con mi trabajo personal. Incluso tengo referentes que negarían otros referentes, pero admiro el trabajo de –aviso: mezclo contextos, edades y procedencias– Gherard Richter, Christian Boltanski, Francis Bacon, Luis Gordillo, Adrian Ghenie, Andy Dezner, Li Sonsong, Santiago Ydañez, Cecily Brown, Melissa Steckbauer, Antonio Povedano, Matías Sánchez, Cristina Lama o Miguel Laíno. Me encantaría decir que desde siempre me emocionaban los grandes maestros, pero fue con más edad –y gracias a estudiar y pintar– que pude apreciarlos. Con el tiempo casi siempre vuelvo a Munch, Caravaggio, Velázquez, Goya o Rembrandt con la sensación de que «ahí está todo».

Trabajo desde el disfrute y en lo que quiero sin la obsesión de «figurar» o reivindicar atención

De mi generación –y sería imposible nombrarlos a todos– podría señalar creadores y gestores cercanos, de quienes siempre estoy atento, como Miguel Ángel Moreno, Antonio Blázquez, Rubén Barroso, Arturo Comas, Los Vendaval, Crótalo&Triángulo o Alegría y Piñero, y compañeros de generación (aunque con algunos no he coincidido en persona, sigo su trabajo). Así, disfruto mucho de la obra de Carlos Sagrera, Miguel Scheroff, Mercedes Pimiento, Carlos I. Faura, Jose Iglesias García-Arenal, Alexander Calderón, María Morilla, Gil Gijón, Federico Miró, Edén Barrena, Demetrio Salces, José Luis Valverde, Ana Barriga o Ignacio Estudillo.

¿Qué se trae ahora mismo entre manos? Estoy en un momento de vuelta al taller, y en ese estado de tensión-tranquilidad en el que recoges influencias y material prácticamente de todos sitios… Un momento de estar atento y desarrollar lo que quiero hacer, aunque nunca dejo de pintar, forme o no parte de un proyecto y se trate simplemente de piezas o ejercicios que me apetezca realizar; es una especie de entrenamiento. De inmediato preparo mi participación en el festival Cosmopoética, en Córdoba, en un proyecto de intervenciones urbanas comisariado por Antonio Blázquez, una publicación en relación a la historia de las representaciones sexuales y la pornografía con la editorial experimental NoPRESENT, y, por otro lado, un proyecto sobre el graffiti como patrimonio y que voy desarrollando a fuego muy lento y no sé por dónde saldrá. A largo plazo, un par de proyectos expositivos individuales para el año próximo. Aparte, colaboro habitualmente con la publicación trimestral «Mala Sombra», revista de claroscuros, en proyectos que me permiten abordar diferentes temáticas.

 ¿Cuál es su proyecto personal favorito hasta el momento? Espero que la «mejor» obra, entre muchas comillas, esté siempre por venir, pero con un cariño especial quizá siempre miraré «Neo-Génesis» una plastilina de 400x200 cm que realicé en 2011. Un proyecto con el que me concedieron la beca Alnorte y con el que por primera vez pude exponer fuera de Andalucía (en la galería Gema Llamazares, en Gijón), y experimentar y disfrutar de alguna manera un proceso completo. Dejé de ir a la facultad para centrarme en ella y entender qué significaba realizar un proyecto en el que no solo trabajas tú, en el que tienes plazos, presupuestos, dificultades logísticas… Me supuso un gran aprendizaje.

¿Por qué tenemos que confiar en él? Solo podría decir que trabajo desde la constancia, sin prejuicios y siendo consciente de que la creación es una forma de interrogarme por lo que me rodea sin el afán de inventarme nada nuevo. Trabajo desde el disfrute y en lo que quiero sin la obsesión de «figurar» o reivindicar atención.

Como pintor, he retratado prácticamente todo lo que me han propuesto, siempre que lo haya podido llevar a mi terreno. Lo más raro: una mascota

Prefiero trabajar día a día, sin aspavientos, y entender esto como una carrera de fondo hacia ninguna parte, como un disfrute del camino, estando convencido de que con ninguna otra dedicación me sentiría más libre, ni tendría tantas herramientas para tratar de entender mi contexto. Creo que es el trabajo el que debe hablar por uno y ganarse esa confianza.

¿A quién cedería el testigo de esta entrevista? En mi opinión, creadores como Carlos Sagrera, Alegría y Piñero o José Iglesias García- Arenal, desde perspectivas muy diferentes y con trayectorias brillantes, ya están dando que hablar y darán aún más en el futuro. Para mí, son ejemplos muy cercanos de artistas que realizan un trabajo interesante y sincero siguiendo sus ritmos, con intuición y convicción.

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