Detalle de uno de los cuadros presentes en la muestra «De desvelos»
Detalle de uno de los cuadros presentes en la muestra «De desvelos»
ARTE

La pintura que fluye y vibra de Juan Uslé

El fichaje de Juan Uslé por la galería Moisés Pérez de Albéniz nos permite volver a disfrutar en Madrid de su pintura, tras algunos años de ausencia

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De nuevo en Madrid, en una sugestiva exposición de 15 pinturas recientes, la obra de Juan Uslé (Santander, 1954), uno de nuestros más grandes artistas. El título de la muestra, De desvelos, alude -según indica el propio Uslé- al desvelamiento nocturno de la pintura, a una especie de llamada interior que lleva luego al trabajo en la obra durante toda la jornada.

¿Qué vemos ahora en sus cuadros? Sobre la estabilidad del soporte pictórico -construido con vinílico, dispersión y pigmentos sobre lienzo- y la regularidad de los formatos, lo que vemos son estructuras. Estructuras de visión, construidas con líneas sobre las que se superpone el color. Y de la interacción entre color y líneas brota una estructura vibrante, que produce la impresión de espacio abierto, por el que la mirada puede fluir a través. Sin figuras, plenamente desnuda, la estructura de la representación fluye, se abre a nuestros ojos como un espejo dinámico.

Una partitura

Uslé compara sus cuadros con una partitura escrita, con los signos de una música basada en ritmos vitales. En diversas ocasiones ha aludido a la navegación, al desplazamiento en canoa por ríos, como reflejo y punto de irradiación de la pintura. Para él, los ríos -o el agua que fluye- son enteramente semejantes a la vida, que también fluye. En ese sentido, no cabe duda: la suya es una pintura río.

Todo esto aparece de forma explícita en los cuatro cuadros de la serie «Soñé que revelabas» (cuyo inicio se remonta a los años noventa), presentes en esta exposición y datados en 2017. Junto al título de la serie llevan, entre paréntesis, nombres de ríos de muy diversas zonas: Orkhon (Mongolia), Selengá (Mongolia), Marañón (Perú), y Yarlung Tsangpo (Tibet). Las series pictóricas de Juan Uslé se conciben siempre de forma abierta, fluida, plenamente como los ríos.

En los cuadros del cántabro no hay figuración: la estructura pictórica que fluye, dinámica, es el registro de una mirada interior que bucea en lo que habitualmente no vemos en estos tiempos de sobreabundancia de imágenes. En algo que se sitúa antes. Como escribió en uno de sus aforismos: «¿Existe un lugar más sugerente que el que se desliza ante nosotros en el momento previo al descubrimiento de una imagen?».

Lo que no está quieto

Ahí nos desplazamos: a la estructura de fondo en la que reverberan las imágenes. Ninguna reproducción permite alcanzar lo que da la visión directa de las pinturas de Juan Uslé: ritmo abierto de la pulsación y el color, el flujo de una mirada interior que no está quieta. La palabra decisiva es vibración: una pintura vibrante, intensamente cargada de dinamismo, que despierta ecos y flujos en quien mira. O, como se dice en otro de sus aforismos: «Algo se escapa, fluye y se desliza. Todo parece desintegrarse para alcanzar un nivel de unidad superior.»

La vida río, la pintura vibración.