Detalle del cartel de la versión cinematográfica de «El último caso de Philip Trent»
Detalle del cartel de la versión cinematográfica de «El último caso de Philip Trent»
LIBROS

Philip Trent, un detective enamorado

Título clásico del folletín policíaco protagonizado por un detective tan humano que se prenda de una viuda

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Si hasta el misógino Sherlock Holmes cobró una afición desmedida, rayana en la pasión más desbocada, por Irene Adler, ¿cómo podríamos evitar que el detective aficionado Philip Trent se enamore de la señora Manderson, a quien la viudedad concede un encanto irresistible al que la criatura inventada por E[dmund] C[lerihew] Bentley (1875-1956) no puede sustraerse en absoluto? Bentley fue abogado, periodista y amigo de G. K. Chesterton (a quien, por cierto, dedica «The Last Case of Philip Trent» (1913). Curiosamente, esta «última» aventura de Trent, que tuvo en su época un éxito enorme, no fue sino la primera aparición de su protagonista, pues le siguieron otros tres títulos con él como personaje principal: las novelas «Trent’s Own Case» (1936, escrita en colaboración con H. Warner Allen) y «Elephant’s Work: An Enigma» (1950), y la colección de relatos «Trent Intervenes» (1938).

En su noble tarea de recuperación de los grandes autores de la novela-problema tradicional, Siruela se ha sacado de la manga una estupenda «Biblioteca de Clásicos Policíacos», inserta en la serie «Libros del Tiempo», donde han visto ya la luz obras de la neozelandesa Ngaio Marsh o del escocés Michael Innes, por citar tan solo dos nombres imperecederos. A la espera de que aparezcan en dicha «Biblioteca» los otros tres títulos de la tetralogía en torno a Trent, nos tenemos que conformar hasta la fecha con El último caso de Philip Trent -inmaculadamente traducido por Guillermo López Gallego-, que es, como ya he dicho, el primero desde una perspectiva cronológica y que, sin duda, proporciona al aficionado cuatro horas de lectura ininterrumpida que no pueden resultar más satisfactorias.

Sin contención

Lo cierto es que uno de los libros más vendidos en el mundo anglosajón y en 1913 fue este delicioso folletín policíaco en el que solo hay un muerto -el insoportable millonario estadounidense Sigsbee Manderson- y en el que Trent -un pintor de éxito entregado al arte holmesiano de la deducción-, encarna un tipo de detective que, sin dejar de ser brillante, es susceptible de equivocarse y, lo que es peor, hasta de involucrarse sentimentalmente con la viuda del muerto sin ningún tipo de contención. E. C. Bentley publicó en vida varios libros de poesía, y eso se nota mucho en su prosa narrativa, sobre todo en las descripciones de «Mrs.» Manderson, que aparece en escena y en la vida de Trent como una figura mágica dotada de todos los encantos posibles. Basta con pasear la mirada por el capítulo VII, significativamente titulado «La dama de negro», donde hay párrafos descriptivos muy sugerentes y hermosos desde el punto de vista poético.

La intriga criminal se desarrolla en el más puro estilo de S. S. Van Dine, autor de las veinte reglas imprescindibles de la novela policíaca y de una serie de novelas, protagonizadas por el cultísimo Philo Vance, que Reino de Cordelia está rescatando. Junto a esa intriga detectivesca, y fundiéndose con ella en el crisol del folletín, comparece la historia de amor entre Philip y Mabel, que nos deja en la boca un sabor dulce a vida y a verdad, porque aquí, como en el «Tirante el Blanco» comentado por el cura y el barbero en el donoso escrutinio del «Quijote», los héroes no se dedican solo a ejercer la infalibilidad que se deriva de su condición heroica, sino que comen, beben y se enamoran.

Una obra maestra este «Último caso...» Su único defecto es que me han resultado cortas las horas invertidas en su lectura. Y a mi edad no se trata de hacer más breve el tiempo, sino de prolongarlo.