MÚSICA

Los Ocho, la música en la Generación del 27

Dos grabaciones recientes ahondan en la recuperación musical del llamado «Grupo de los Ocho»

Jorge Robaina ha recuperado piezas nunca antes grabadas del Grupo de los Ocho en «El piano olvidado»
Jorge Robaina ha recuperado piezas nunca antes grabadas del Grupo de los Ocho en «El piano olvidado»

Siempre quedarán flecos por cerrar, detalles que aclarar, temas que profundizar. Aun así, el cuadro histórico y el balance crítico sobre la Generación del 27 están trazados con meridiana claridad. Lo mismo no puede decirse de su equivalente musical, el Grupo de los Ocho. Sus protagonistas todavía aguardan el definitivo rescate y sus obras son poco o nada conocidas. Ha habido progresos importantes en los últimos años, pero este proceso de investigación, recuperación y divulgación dista mucho de ser satisfactorio.

El acto de constitución del Grupo de los Ocho tuvo lugar en la Residencia de Estudiantes de Madrid en noviembre de 1930 con la lectura de un manifiesto que era más una declaración de intenciones que un programa poético común. Confluían en este grupo ocho jóvenes compositores cuyo objetivo era colmar la brecha que separaba la música española de las corrientes europeas del momento, sin renunciar por ello a sus señas castizas. El estallido de la Guerra Civil truncaría sus propósitos de renovación. Con la caída de la República, la mayoría de ellos escogió el exilio. Y quienes se quedaron lo hicieron a cambio de ver silenciada su voz.

En torno a Lorca

Dos discos recientes exploran este período apasionante que pudo haber modificado el rumbo de la música española. «Impresiones y paisajes» (Poliédrica) es un sugerente programa del guitarrista Samuel Diz construido alrededor de la figura de Federico García Lorca. Por su parte, el pianista Jorge Robaina rescata, bajo el título de «El piano olvidado» (Ibs Classical), piezas de Bacarisse, Bautista, Pittaluga y Mantecón. Ambas producciones incluyen inéditos y primeras grabaciones.

Entre los autores presentes en ambos registros está Salvador Bacarisse. Afiliado al Partido Comunista Español y a la Alianza de Intelectuales Antifascistas, Bacarisse no tuvo más remedio que hacer las maletas al final de la Guerra Civil. Lo que no cupo en las maletas se perdió o fue destruido. Es el caso de la pieza «Lía (Heraldos) Pavana», cuya reconstrucción ha sido posible a partir de un arreglo para guitarra de Regino Sainz de la Maza. Ya en París, y en plena ocupación alemana, Bacarisse firma los «24 Preludios op. 34», obra más compleja y sustancial que el «Concertino para guitarra» al cual se asocia habitualmente su nombre. Situados en la estela de Chopin, pero actualizada al son del neoclasicismo y el impresionismo, estos preludios muestran la versatilidad y la vena más experimental del autor, además de constituir un auténtico «tour de force» para el pianista.

Tras la Guerra Civil, la mayoría de los Ocho escogieron el exilio. Y los que se quedaron vieron silenciada su voz

De Juan José Mantecón, también representado por partida doble, cabe destacar el divertido tríptico «Circo», cuyos toques de humor denotan la influencia del grupo francés de los Seis. Mantecón permaneció en España tras la victoria de Franco. aunque abandonó la composición y se dedicó a la crítica musical. El resto de autores seleccionados no tuvo más opción que la de irse. Rosa García Ascot, única mujer de los Ocho y autora de la pieza para guitarra Española, se marchó a Inglaterra, luego a París y finalmente a México. Allí fueron a parar también Rodolfo Halffter –músico de reconocida fe republicana, del que Samuel Diz interpreta «Giga»– y Gustavo Pittaluga, autor de unas neoclásicas «Six Danses Espagnoles en Suite».

Los pasos de Julián Bautista se cruzaron, en cambio, con los de Falla: ambos se exiliaron a Argentina, donde residieron hasta su muerte. Entre 1921 y 1922 Bautista compone «Colores», una «suite» pianística de corte impresionista en seis movimientos, cada uno dedicado a un diferente color. La audición de este imaginativo ciclo debería complementarse con la magnífica «Sonata Concertata a Quattro», grabada por el Trío Arbós (Ibs Classical), que supuso hace poco una auténtica revelación.

Ocho años ha tardado Jorge Robaina en plasmar su programa entre búsquedas en los archivos y estudio de las partituras. Cuatro años le ha costado a Samuel Diz dar con todas las piezas que conforman el proyecto de Impresiones y paisajes. Tiempos largos, que reflejan las dificultades a las que se enfrentan quienes tratan de rediseñar una época sobre la que han pesado la tragedia de la Guerra Civil, el intencionado silencio de la dictadura y la proverbial desatención que en España afecta a las cosas musicales.

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