José María Sánchez-Verdú
José María Sánchez-Verdú

Los nuevos nombres del arte musical

Pablo Ferrández, Isabel Villanueva, Joan Magrané, Ander Telleria y Alberto Arroyo son, para José María Sánchez-Verdú, jóvenes talentos con vocación exterior

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Desde la lejanía: podría ser éste el lema que mejor define el apartado de música. Todos los elegidos en esta categoría se caracterizan por residir fuera de España o por pasar cada año largas temporadas en el extranjero, lo cual dice mucho sobre el estado de la música en este país. Entre España y Alemania, se desarrolla desde hace dos décadas la carrera de nuestro mentor, José María Sánchez-Verdú (Algeciras, 1968), compositor en cuya obra se reflejan múltiples intereses artísticos y una vocación constante por los cruces interdisciplinarios. El público español tal vez le recuerde por sus óperas «El viaje a Simorgh» (Teatro Real, 2007) y «Aura» (Teatro de la Zarzuela, 2009).

Pero no es tanto (o no sólo) la búsqueda de una salida laboral o la necesidad de perfeccionar sus estudios lo que lleva a estos jóvenes músicos a cruzar los confines de su país. En muchos casos su principal impulso es el deseo por conocer nuevos ambientes, por acometer nuevas experiencias y abrirse a nuevos horizontes, siendo quizá los músicos los embajadores más abiertos y flexibles de entre las nuevas generaciones artísticas españolas.

«En España tenemos escuelas de primera línea como la Escuela Superior de Música Reina Sofía, a la que viene muchísima gente de fuera. Si quieres salir puedes hacerlo, pero no es una necesidad», afirma el violonchelista Pablo Ferrández (Madrid, 1991). «Lo que sí está bien es salir una vez que ya conoces lo que hay en tu país. Por mi carrera me da igual dónde vivir. Ahora estoy en Berlín porque tengo ahí muchos amigos, es una ciudad que me encanta y quiero descubrirla: en este momento ningún lugar puede ofrecerte tanto». La breve carrera de Férrandez acumula ya varios hitos: su reciente debut en el gran auditorio berlinés, la Philarmonie; primer instrumentista español en llegar a las fases finales del prestigioso Concurso Chaikovski de Moscú; desde 2014 toca el llamado Stradivarius Lord Aylesford, que perteneció a Janos Starker y que le ha sido asignado en préstamo por un comité internacional de músicos presidido por Lorin Maazel. En los próximos meses, su repleta agenda incluye un Doble concierto de Brahms nada menos que con Anne-Sophie Mutter.

Asimilar enseñanzas

El deseo de asimilar las enseñanzas de los más destacados violas del panorama internacional ha llevado a Isabel Villanueva (Pamplona, 1988) a acometer un periplo de lo más variado: Londres, Italia, Estados Unidos, Alemania y finalmente Ginebra, donde reside en la actualidad. Villanueva cree que el haber salido al extranjero ha sido una oportunidad de crecimiento no sólo artístico sino también humano. «Londres es una ciudad tan enorme y tan multidisciplinar que me abrió muchísimo como persona y como artista. Conocer a mucha gente distinta y a muchas culturas me dio una apertura de mente especial». Villanueva tiene que luchar contra los prejuicios asociados a un instrumento que hasta hace poco ha sido la cenicienta dentro de las cuerdas. Considera a la viola un instrumento con unas problemáticas muy distintas del violín y el violonchelo: «Su tesitura es la que más cerca está de la voz humana. La viola tiene mucho que decir a nivel de expresión: es más ‘‘filosófica’’. A diferencia de lo que ocurre con el violín y el chelo, es muy difícil encontrar a alguien que con menos de veinte años tenga un nivel superlativo en la viola. Es un instrumento que requiere una maduración especial. Yo diría que como en el caso de los directores de orquesta y los cantantes».