Sabrina Amrani en su galería en Madrid
Sabrina Amrani en su galería en Madrid - Belén Díaz
ARTE

Un modelo que ni se crea ni se destruye...

Galerías sin sede fija; otras que se hibridan con otras disciplinas o en las que no sólo se vende arte. Espacios a los que llega con fuerza una nueva generación de gestores. El modelo no es estable

MADRIDActualizado:

Tiene 35 años, es de París (de padres argelinos), y nos recibe en su galería –la que abrió en Madrid hace seis años– en zapatillas de deporte. Nada sorprendente en una muchacha de su generación en un mundo globalizado, salvo por el pequeño detalle de que es en la actualidad la presidenta de Arte_Madrid, la asociación que reúne a las galerías de arte contemporáneo más sobresalientes de la capital. La edad y el origen de Sabrina Amrani delatan que muchas cosas han cambiado en el ámbito galerístico español en los últimos años, cada vez más cosmopolita, menos local, en el que irrumpe una nueva generación dispuesta a darle una vuelta al modelo.

«Cuando abrí la galería en 2011, con la crisis de fondo, la reacción era la misma: “¡Cómo se te ocurre!”. Para mí era sencillo: no lo hice pensando en el mercado español. Me gusta España, vivo aquí, pero mi ambición tiene que ser internacional. No compito con las galerías de Madrid, sino con las de Nueva York, las de Berlín... En ese sentido, no importa dónde esté ubicada». Una mentalidad como esta es la que le ha permitido a Amrani posicionarse fuera y dentro de nuestro país. «Para ello, ha sido básico una fuerte estrategia comunicativa, sobre todo on line», subraya, algo que caracteriza a casi todos los jóvenes con los que comparte profesión: la incidencia de internet y las nuevas tecnologías. Y lo que la ha ayudado, por ejemplo, a diseñar una línea que abraza a artistas de Oriente Medio, el Sur de Asia o África, «aunque aquí no haya mercado para ellos».

Duplicados

La francesa es un buen ejemplo en España de «modelo deslocalizado» de galería, que se separa del clásico que ha funcionado casi inamovible desde hace... siglos. No es el único: hay firmas que se han lanzado a la búsqueda de mercados duplicando espacios. Cuentan con una segunda sede en México las españolas Luis Adelantado, Travesía Cuatro o La Caja Negra. Por Barcelona y por Puerto Rico apostó Ana Mas. Nogueras-Blanchard tienen un pie en la capital catalana y otro en Madrid. Los últimos en doblar, los MaisterraValbuena, que de Doctor Fourquet saltaron a Lisboa. T-20 va más allá y desde este verano dedica los meses estivales a simultanear su sede en Murcia con un local «satélite» en otra ciudad europea. Comenzaron con el de SCAN en Londres. Tras conocer lo que es el trabajo del galerista tradicional en La Fábrica, Efraín Bernal decidió apostar por otra posibilidad: la de la galería itinerante.

Para Amrani, su competidor ya no está en la misma ciudad que su galería. El modelo ya es global. También el mercado

Bernal Espacio es su proyecto, que busca los ámbitos ideales para las expos que quiere mostrar (no siempre tiene que ser el mismo) y que desaparece en los meses en los que no le interesa estar presente. Esta semana inauguraba una muestra de Robert Frank en la calle Lope de Vega, pero antes fue en la de Sánchez Bustillo, y mucho antes en el que fuera el antiguo local de la galería Moriarty: «No es una cuestión económica lo que me lleva a actuar así –confiesa su promotor, que recuerda que una firma tan consolidada como Kurimanzutto en México se sirvió de este modelo durante siete años antes de desarrollar sede fija–. De hecho, en ocasiones sale más caro montar las muestras porque los alquileres puntuales son más elevados. Pero el sistema me facilita medir los tiempos, evitar esos meses en los que en el mercado no pasa nada». Con esta filosofía lleva funcionando cuatro temporadas con la que ahora comienza.

Sergio Bang y Goyo Villasevil en el espacio de Swinton & Grant
Sergio Bang y Goyo Villasevil en el espacio de Swinton & Grant- Isabel Permuy

Hay compañeros de Bernal que han tendido a formatos híbridos. No se trata sólo de vender arte. Goyo Villasevil y Sergio Bang activaron en 2014 en Lavapiés Swinton & Grant, «dos espacios independientes, pero interdependientes» desde los que promover la creación plástica, por un lado, pero también los libros. Hace tres años estaban prácticamente solos en esta aventura en España («El modelo funcionaba en EE.UU., en Alemania, en Tokio. De ahí lo trajimos»). Ahora hay propuestas similares en Barcelona, como Miscelánea, más centrada en la ilustración, RataCorner en Mallorca, sin olvidar ese DeLimbo sevillano que apostó por la moda. El modelo galería-tienda también es base de propuestas como Mad is Mad, en Madrid, o La Fiambrera, muy cerquita del local de Amrani.

«Nos movemos en aguas procelosas, terreno de nadie –se explican–. Para el circuito estándar, no tenemos cabida. Para círculos más contestatarios, estamos a medio camino. Sin embargo, llegamos a públicos que están interesados en el arte contemporáneo y que sólo pueden llegar a él a través de canales alternativos». Para estos galeristas, lo que define a su generación es la pasión desmedida a la hora de hacer las cosas: «Es como la que se vive cuando vas a un concierto. La emoción te lleva. Y no te importa caer».

Artistas sin exclusividad

En la misma línea, en Barcelona, Escalera de Incendios. Sus artífices, María Castillo y Anna García, tuvieron hasta hace poco un local a pie de calle en la Ciudad Condal que los elevados alquileres se llevó por delante. Ahora, ocupan uno de los espacios de residencias de Fabra i Coats, desde el que siguen desarrollando toda esa labor ajena a la venta de arte (que también), que siempre les interesó: la producción artística, el debate intelectual, la investigación... «No es solo una cuestión de cambio generacional o de crisis –argumentan–. Se tiende a otro tipo de propuestas porque el mercado en España es muy frágil. Por eso, por ejemplo, no le pedimos exclusividad a un artista, sobre todo porque no podemos asegurarle ni asistir a ferias, ni mucho menos ventas. Estas a veces llegan a veces acabada una exposición, cuando nos hemos incluso desvinculado de ese creador porque estamos en otro proyecto. El problema en nuestro país es educacional, de forma que cada vez se tenderá más a formatos alternativos». Algunos de los más frescos podrán conocerse en la III edición del Young Gallery Weekend, que ellas mismas preparan, y que coincidirá a finales de mes con el Gallery Weekend «oficial» barcelonés. En Madrid, Hybrid cumple la misma función desde la próxima semana desde las fechas de Apertura. Allí estarán los Swinton & Grant.

Esta es la generación «Millennial», la que lleva en las venas el movimiento post-internetque ahora vivimos

¿Y si en la galería no hubiera nada que vender? O, dicho de otra manera, ¿cómo se vende una «performance»? Eso se lleva preguntando desde hace dos años la madrileña La Juan Gallery de Juan Gómez Alemán, Matías Daporta y Álex de la Croix. Así la describe el primero: «Esta es una galería de arte vivo, sin embargo, dado que yo mismo soy artista, me cuesta definir si esto es un espacio o un lienzo sobre el que yo me proyecto, una pieza mía más». A lo largo de estos meses, La Juan ha puesto en pie cien propuestas a caballo entre las artes visuales y las escénicas, interactuando con otras disciplinas, arriesgando, poniendo en pie a la vez varios «happenings» (las «Multiperformances»). Esta bomba de relojería ya piensa en derribar sus muros y poner en marcha las «taxiperformances» o la JuanVan, una caravana que lleve sus propuestas lejos de los centros.

«Desde el comienzo decidimos no traficar con objetos. Ahora bien, hay que subsistir, y los ingresos vienen de la venta de entradas, de patrocinadores, de programas de micromecenazgo (cualquiera puede apadrinar uno de los azulejos de su baño...). No estamos en contra del coleccionismo pero la gente cada vez valora más el evento en la galería. En ese sentido, las redes son nuestros aliados, ofreciendo además otro tipo de experiencia del espacio sin haber estado nunca aquí. ¡Y tenemos «haters», algo básico pues significa que estás haciendo ruido!».

Ismael Chappaz y Juanma Menero, dueños de Espai Tactel
Ismael Chappaz y Juanma Menero, dueños de Espai Tactel- Rober Solsona

En Valencia, Espai Tactel ahora es una de las galerías jóvenes que más pitan. Pertenece a la quinta de la barcelonesa etHall, de L21 en Palma o a la de Alegría, The Goma y Espacio Valverde en Madrid. Pero el espacio de Juanma Menero e Ismael Chappaz comenzó siendo un estudio de diseño, actividad que incluso hoy desarrollan en paralelo, pese a que lo de la ventas de arte cada vez ocupe más tiempo: «Nosotros no queríamos ser García Galería o Maisterra, aunque ahora dialogamos con ellos. El modelo galerístico es necesario. De lo que se trata es de no ser rancio o conservador. Somos la generación “millennial”, la que lleva en las venas el movimiento post-internet que ahora vivimos. Eso facilita mucho creer en lo que haces y vendes». Sin embargo, y curiosamente, se muestran reacios (no son los únicos) a la venta de arte en internet, plataforma en las que nacieron proyectos ahora con sede física como La Gran en Valladolid o de páginas como Gunter Gallery. Cosas de la necesaria experiencia directa de la obra, de cómo crece la calidad del artista asesorado por un galerista...

Vuelta a las esencias

En el recambio generacional también entran firmas como Alarcón/Criado, en Sevilla. Su mentalidad como galeristas conecta a la perfección con algo que resume bien Sabrina Amrani: su labor, antes, era la de asesorar al coleccionista y conformar con él una colección. Dado que ahora estos ya no son fieles a una única galería, viajan más y se documentan, de lo que se trata es de volver a las esencias de lo que era un marchante: un mecenas que apoyaba a artistas y promovía carreras: «El concepto se ha ampliado y ya no prima lo puramente comercial –apostillan Carolina Alarcón y Julio Criado–. Las galerías ya no son lugares de venta; ese escenario se ha trasladado a las ferias. Ahora somos más bien espacios de producción, de encuentro, de análisis. Nosotros nos sentimos como un laboratorio y por eso no consideramos que lo inteligente sea ir al taller de un artista a recoger unas obras para una feria, sino llevar obras que has visto cómo se gestaban en tu local, cómo funcionan, cómo respiran...».

Por eso es necesario entrar en las galerías. Porque estas hace tiempo que rompieron con la imagen romántica –por no decir elitista– que muchos tienen de ellas. Porque en ellas pasan cosas. Por eso tienen sentido festivales como Apertura, el Barcelona Gallery Weekend o Abierto Valencia.