Andrés Ibáñez - Los comunicados de la tortuga celesteSeguir

Mito y literatura en la India Andrés Ibáñez

El género literario más importante en la India es la mitología, las reelaboraciones de las viejas leyendas del «Mahabharata» y el «Ramayana». Y quizá esa reapreciación de lo legendario sea el camino a seguir para la literatura (y la vida) occidental

Una ilustración del «Mahabharata» (siglo III a. C.)
Una ilustración del «Mahabharata» (siglo III a. C.)

Hay Festival, Segovia. Namita Gokhale, fundadora del Festival de Literatura de Jaipur, nos habla de la India, de la literatura india y del papel de los festivales literarios en su extraordinario país. El de Jaipur ha llegado a convertirse ya en el evento literario más importante y multitudinario del mundo, con extensiones en Londres, Colorado y nada menos que el misterioso y apartado reino de Bután, donde la magia de Namita Gokhale ha logrado también llevar la fascinación de los libros y las personas que los hacen.

Namita Gokhaleirradia confianza, optimismo y también una especie de serena calma y secreta bondad que me hace percibirla no como una mera escritora, no como una simple personalidad del mundo literario (dos cosas, por cierto, que nada tienen de simples), sino como algo más. Namita comienza diciendo que la India es el lugar de las paradojas, y que cuando se afirma algo sobre la India, lo contrario siempre es también verdad. Es posible que esto sea así, pero yo supongo que esa capacidad de abrazar el abismo que hay entre dos contradicciones es, sobre todo, una cualidad suya. Al contestar una pregunta quizá inevitable y que seguramente ha tenido que escuchar muchas veces, el tema de las violaciones en la India, me sorprende lo mesurado de su respuesta.

Intentar comprender

Porque lo que nos pide entonces Namita es algo casi extraordinario: nos pide que intentemos comprender por qué se producen esas violaciones. No sé si estoy de acuerdo con ella, ya que mi instinto natural me dicta condenar sin contemplaciones a un violador y no admitir la menor causa atenuante. Pero en realidad Namita no estaba invocando causas atenuantes ni tampoco justificando, en modo alguno, esos sucesos execrables y vergonzosos. Lo que ella pretendía era algo que raramente hace nadie, nunca, en ningún lugar: intentar comprender, lo cual no es justificar ni menos aún perdonar.

Pero lo que más me interesa de la intervención de Namita Gokhale es su visión de la literatura de la India. Hay literatura de ficción, dice, por supuesto que la hay, pero no es muy abundante. Ha comenzado a haber novela negra, por ejemplo, un género que resulta extraño a la mentalidad india porque se basa en la deducción racional (algo en lo que los indios no creen en exceso) y porque en ella el culpable ha de ser condenado (los indios tienen tendencia a perdonarle, o a disfrutar viéndole salirse con la suya). Hay ficción, por supuesto, pero también hay... lo siguiente me deja realmente estupefacto: literatura médica. ¿He oído bien? Sí, en la India hay una abundante y floreciente literatura médica escrita con viveza e imaginación por autores que evidentemente conocen el tema. Y finalmente, el género estrella de la literatura india: la mitología, es decir, la reinterpretación de los mitos clásicos, que son (los del «Mahabharata» y el «Ramayana», por ejemplo) un motivo de perpetua fascinación para los indios. En la India, afirma Namita Gokhale, los mitos están vivos y se consideran tan reales como los sucesos diarios y cotidianos. Se reinterpretan una y otra vez encontrando en ellos nuevos sentidos. Incluso se invocan en los juicios.

Sólo ahora, cuanto tenemos el arma de la interpretación, podemos comprenderlo todo y encontrarnos de nuevo con lo divino en nosotros

Oh, qué gran deslumbramiento. Siento, de pronto, que una gran puerta se ha abierto en medio del cielo. Es evidente que nosotros no somos indios, y que el arte y la literatura cumplen en Occidente un papel distinto de los que cumplen en la India. Pero de pronto me doy cuenta de que casi todo lo que llevo haciendo durante toda mi vida, todo lo que llevo buscando e intentando en la vida y en la literatura, tiene que ver, precisamente, con la reinterpretación de los mitos, con la vuelta a la mitología.

«Demasiado tarde para los dioses», dice Heidegger, «demasiado pronto para el Ser». Y yo siempre he pensado que se equivocaba, que no hemos llegado «demasiado tarde para los dioses», que estamos, de hecho, a punto de reencontrarnos con los dioses. Que sólo ahora, cuando tenemos el arma de la interpretación, la maravillosa hermenéutica, podemos por fin comprenderlo todo y encontrarnos de nuevo con lo divino en nosotros.

Hacia la imaginación

Porque volvernos a los mitos no es volver al pasado, no es ser «reaccionario». El Renacimiento europeo se produjo por una vuelta al «pasado» grecolatino, pero ese supuesto retorno del pasado creó, precisamente, el mundo moderno. Volver a los mitos quiere decir encontrarnos con los mitos por fin. Quiere decir superar ese torpe análisis que dice que los mitos son «mentira» y recoger toda la herencia del pasado: Egipto, los dioses griegos y romanos, los mitos bíblicos y cristianos, las leyendas medievales, los mitos artúricos, la alquimia, los cuentos de hadas... Entender el de Cristo como un mito más, uno muy importante para nosotros, ciertamente, pero no algo que deba tomarse al pie de la letra para que acabe convirtiéndose en religión. Leyendas, dioses, cuentos de hadas: ¿será ese el futuro de la literatura de los próximos mil años?

No pienso en un volver a los mitos de una forma organizada y deliberada, ni menos aún en una reinterpretación intelectual del pasado, sino más bien en un amplio movimiento hacia la imaginación y la poesía, un gran abrirse del corazón después de siglos de pesimismo sistemático y de estructuras puramente mentales. Una poesía que debería ser una nueva ecología, una forma de escuchar al planeta y de servir al planeta. Una nueva poesía que debería envolver toda la tierra.

En los festivales literarios de la India, cuenta Namita Gokhale, a veces los padres llevan a sus hijos para que los escritores los bendigan. Ven a los escritores como monjes, como maestros. ¿No es eso lo que deberían ser los artistas?

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