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Miguel Ángel Asturias, el vocero de la tribu

Drácena publica la «trilogía bananera» de Miguel Ángel Asturias. Entre la Historia de Guatemala y el mito

El escritor Miguel Ángel Asturias (1899-1974)
El escritor Miguel Ángel Asturias (1899-1974)

Vocero de la tribu. Así hubiera querido ser recordado, así se definía y orientaba el significado de su escritura: ser la voz de los otros, ser los ojos y la lengua de los enterrados, pero sobre todo, de los vivos. Miguel Ángel Asturias (Ciudad de Guatemala, 1899-Madrid, 1974) concibió la creación literaria con la responsabilidad de quien tiene atribuido un destino profético; veía al escritor como el Gran Lengua, el portador de la palabra mágica. La ficción tiene en su obra el valor de la revelación y su finalidad es la redención del pueblo indígena guatemalteco.

El conflicto épico que Asturias relata en esta trilogía es la inhumana conducta de la compañía bananera United Fruit Co. con los campesinos guatemaltecos. La denuncia se refiere a unos hechos concretos. Desde finales del XIX, esa multinacional -fundada por Minor Cooper, el «Papa Verde», Geo Maker Thompson en la ficción- fue apropiándose de grandes extensiones de terreno en Guatemala con la connivencia de diversos dictadores, de Estrada Cabrera a Jorge Ubico.

Una auténtica saga

Con un grado de autonomía omnímodo, la United Fruit creó un país dentro del país -con leyes, idioma y moneda propios- y monopolizó las telecomunicaciones, los puertos y los ferrocarriles. Al punto de que al subir al poder el presidente Juan Jacobo Arbenz instigó la invasión de Guatemala para forzar su derrocamiento.

Nada de lo que cuenta Asturias supondría un ápice de valor artístico de haberse atenido el autor a la verdad histórica. Es en la imaginación y el lenguaje, en la creación de los personajes, en la capacidad para desarrollar una auténtica saga en estas tres novelas interconectadas, aunque autónomas en los hechos que narran, donde hallamos el prodigio artístico.

Es en la imaginación y en el lenguaje donde hallamos el prodigio artístico

La obra de Asturias fue intensamente reivindicativa, en consonancia con otras de la denominada corriente indigenista. Pero la del guatemalteco es, sobre todo, una celebración formal, una mística del lenguaje, una transfiguración de la realidad en mito que asombró ya a Valéry y le convirtió en pionero del «realismo mágico».

El más pequeño

El mundo de Asturias es siempre muy reconocible: la dicotomía entre el norteamericano y el indígena, con criaturas paradójicas que se conmueven y hasta se mimetizan con esa bondad primera que representa el americano originario cuyos valores y mitología fueron ensalzados en su obra. Y junto a esos protagonistas, la entrega suculenta, sensual, plástica, a la recreación verbal de la naturaleza americana, de la selva, la botánica, la geografía.

Hay cierta diferencia entre los volúmenes. El más cercano al mito, a lo ancestral, a las voces mayas, es el primero, el más parabólico, aunque ya no leemos con el deseo de que nos moralicen. El segundo se ocupa de un personaje, el «Papa Verde»: el poderoso. El tercero es la culminación de la épica en un movimiento social de rebelión que quiere anunciar la esperanza para los humildes.

Asturias atribuía a la literatura la responsabilidad de transformar la realidad. El más pequeño de los escritores guatemaltecos -sólo en altura física- confirmaba cómo después de tantos libros de denuncia en Hispanoamérica el progreso era evidente: «Los pobres son ahora más pobres, los ricos más inteligentes y los policías más numerosos». Y concluía que los libros sirven para señalar los vicios de los humanos, pero no para corregirlos. Drástico diagnóstico, pues no siempre las palabras caen en el vacío.

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