Marcel Dzama en La Casa Encendida
Marcel Dzama en La Casa Encendida - Isabel Permuy
ARTE

Marcel Dzama: «No sé cómo sería mi dibujo sin haber conocido la obra de Goya»

Es uno de los artistas internacionales más reputados, al que La Casa Encendida le dedica la muestra más amplia hasta la fecha en España. Allí Marcel Dzama ilustra (con dibujos, dioramas, esculturas y películas) «su revolución»

MADRIDActualizado:

No sólo comparte con Duchamp, al que admira, su nombre. También su espíritu burlón (imposible no fijarse en sus calcetines de colores), pese a ser una persona tímida (como su colega, Raymond Pettibon, con el que no deja de colaborar). Por eso se esconde tras el disfraz y la máscara, tras el ensueño –y la crudeza– del surrealismo, del dadaísmo, de El Bosco, de Goya... Todo ello lo ha plasmado el canadiense Marcel Dzama (1974) en sus afamados dibujos, dioramas, esculturas y películas. La Casa Encendida resume en «Dibujando una revolución» su trayectoria de los últimos cinco años, en la que los contenidos cobran un ímpetu político.

–¿Qué es una revolución para usted?

–Un cambio de régimen. Pero supongo que esa es una definición de diccionario (ríe). No sé... Después de la elección de Trump estaba frustrado, molesto, tenía que reaccionar de alguna forma, con el dibujo, y así surgió la última serie...

–Que es un punto de partida de esta cita madrileña.

–La muestra mira hacia atrás y abarca cinco años de mi carrera. Faltan piezas, qué duda cabe. Muchas de ellas se basan en mi obsesión por el ajedrez, por Duchamp, por el dadaísmo, por el ballet... Trabajé para The Most Incredible Thing, un ballet de Nueva York que representaba historias cortas de Andersen, con un personaje que destruía el reloj de otros. Era durante una guerra, quizás la I Guerra Mundial, y esa era su reacción ante lo que sucedía. Al final, el destructor era destruido por la obra de arte. Pero incluso si las obras son destruidas, su espíritu puede enfrentarse a un dictador o a que intenta borrar o cambiar la Historia de manera negativa.

–También está, y es evidente, la influencia de Goya. Salta a la vista nada más entrar.

–Siempre ha estado en mi trabajo. Goya ha sido para mí... (se detiene). No sé cuál sería mi estilo de dibujo si no lo conociese. Me ha influido muchísimo.

–Yo tenía un jefe que solía decir que, en tiempos convulsos, lo revolucionario es aplicar el sentido común.

–Es una frase fantástica. Estoy de acuerdo. Y ser revolucionario de esa forma es lo que más me importa a mí ahora. Si hiciese una obra sobre otra cosa, sentiría que no estoy expresando mis sentimientos reales.

–Entonces, en su opinión, el futuro es de las mujeres. No es el primer artista varón que me lo dice últimamente.

–Creo que sí. Los hombres llevamos dirigiendo todo esto desde hace tiempo, y no estamos haciendo un buen trabajo. Le remito a una cita de Leonard Cohen: «Ojalá las mujeres ya hubiesen tomado el mando». Probablemente se la he dicho mal...

–¿A qué responde su necesidad de mezclar fantasía y realidad en sus obras?

–Trump, en sí mismo, es una especie de retrato entre la realidad y la ficción. Un dibujo animado andante. Algo obvio de lo que reírse. Pero volviendo a su pregunta: Me influyó mucho el surrealismo, el dadaísmo. La idea de disfraz, que es un símbolo en mis dibujos.

–En español se dice que una imagen vale más que mil palabras. ¿Por qué las suyas precisan de textos?

–Es para dar una orientación sobre su contenido, para no abrirlos a una interpretación general. Pero, por otro lado, escribo mala poesía y, a veces, la escondo en el dibujo. La mayoría de las veces es algo sobre lo que versa la obra. No estoy muy seguro de querer mostrarla y la tapo con el dibujo.

–¿Hay entonces un Marcel Dzama escritor que funciona de manera diferente cuando no hay dibujos de por medio?

–Nunca seré un poeta, pero me gusta escribir. También escribo canciones. Hace unos años formé parte de una banda. Terminé volcando allí mi poesía.

–Goya, El Bosco, Duchamp... ¿Cómo se mira con ojos del siglo XXI a los maestros del pasado?

–Siempre hay lecciones que aprender del pasado, por eso nos repetimos. Vuelvo a Goya. Sus obras son normalmente sobre desvalidos o personas olvidadas, el lado oscuro de las historias. En esas estamos hoy.

–¿Y por qué en un momento determinado sintió la necesidad de saltar a lo tridimensional?

–Normalmente, todo empieza desde el dibujo: una estructura, una película... Pero después de un rato, me canso y tengo que cambiar de medio. Me gusta colaborar, tener a gente alrededor, especialmente en las películas. También me encanta ver cómo los dibujos cobran vida, cómo adquieren presencia física.

–¿Su trabajo sirve para despertarnos y ser conscientes de lo que está pasando en la realidad o para intentar evadirnos y buscar espacios alternativos a la misma?

–Ahora mismo es una reacción ante la realidad. Estoy seguro de que después de un tiempo todo se calmará y será más bien, ¿cómo decirlo?:Una manera de escapar.