DISEÑO

El maravilloso mundo del circo de Wanders

Marcel Wanders es uno de los diseñadores que mejor saben unir su «arte» con el arte con mayúsculas. Como en las vanguardias, el circo guía los colores y formas de sus últimas creaciones

La caja de música «Ballerina» es una de las piezas de edición limitada de la colección «Circus»
La caja de música «Ballerina» es una de las piezas de edición limitada de la colección «Circus»
ANA DOMÍNGUEZ SIEMENS Ámsterdam - Actualizado: Guardado en: Cultura , Cultural

Un jefe de pista con sombrero de copa y levita roja anuncia a campanada limpia que le sigamos por las escaleras hacia el piso superior. Estamos en Ámsterdam, en el cuartel de operaciones del diseñador Marcel Wanders (Boxtel, Holanda, 1963), que, siempre amigo del los grandes gestos, la teatralidad y el espectáculo, no ha escatimado esfuerzos para presentar su última propuesta en colaboración con los italianos Alessi. El asunto central de la misma es el mundo del circo, de ahí ese jefe de pista tan expeditivo, aunque –todo hay que decirlo– la campana es un tema recurrente en la obra de Wanders, un símbolo de comunicación, pero también de llegada, motivo por el cual las encontramos en una gigantesca versión en la recepción del Hotel Andaz diseñado también por él.

No es la primera vez que Wanders trabaja con Alessi –firma que desde 1921 se especializa en objetos de uso doméstico–, pero esta colección «Circus» supera con creces cualquier colaboración anterior.

Según explica Wanders: «El circo es una experiencia sensorial de una riqueza enorme, una sensación que nos maravilla y que no se olvida. Es esa magia la que hemos querido capturar con este conjunto». Le ha llevado cinco años sacar adelante este proyecto, para el que ha contado con la ayuda de su director creativo, Gabriele Schiave, hasta dar con el resultado perfecto. La propuesta consta de una amplia gama de 29 objetos de porcelana (tazas y bols de distintos tamaños) y de acero inoxidable coloreado (bandejas, latas, cubiteras…), recuperando un proceso de producción que Alessi empezó en los años ochenta y en los que el tema principal es el uso con profusión del color en dibujos geométricos reminiscentes del festivo vocabulario circense. Rayas, rombos, conos, círculos o triángulos, mezclando el amarillo, el rojo, el blanco, el negro y toques de oro en una inventiva e inesperada combinación que no pasa inadvertida.

Cinco protagonistas

Además de esta serie de piezas de producción industrial, la colección incluye también una serie de cinco objetos muy especiales y de tirada limitada: 999, numeradas, y 9 pruebas de artista para cada una de ellas: «El circo está lleno de personajes maravillosos, cada uno de los cuales juega su papel en el espectáculo». Wanders ha seleccionado a cinco de estos personajes icónicos y ha diseñado, basándose en cada uno de ellos, una pieza especial donde se plasma su habitual universo que se mueve entre lo poético y lo fantástico. Allí, lo decorativo no es delito y el sentido del juego y la sorpresa son indispensables.

Son objetos de uso práctico: la «Ballerina» (la bailarina) es una caja de música; «Candyman» (el chico de los caramelos) es un dispensador de dulces; «The Jester» (el bufón) es un sacacorchos; «Ringleader» (el jefe de pista) es un timbre y «Strongman» (el forzudo) es un cascanueces. Son objetos de colección pensados para pasar de una generación a otra, un concepto que a Wanders siempre le ha interesado: «En mi casa hay cosas que tengo sólo porque ya estaban en casa de mi abuelo, objetos que recuerdo desde que era niño. Es importante que los objetos se hereden, que nos despierten emociones que nos conectan con nuestra propia historia».

Joyas de futuro

La manufactura de estas piezas es exquisita, de gran dificultad, y se sitúa entre lo industrial y lo artesanal. Alberto Alessi lo ve como un paso más: «Estos objetos no serían posibles sin nuestra experiencia en el campo del diseño industrial, pero también hablan de la complejidad de la que somos capaces, algo que es de vital importancia».

Del mismo modo, nos habla de su inspiración: «Son objetos de alta gama, en la línea de los producidos en su día por Carl Fabergé, joyero de los zares de Rusia, conocido por los huevos de pascua y otros útiles realizados en metales y piedras preciosas, pero que también diseñó relojes de mesa y muchos objetos de uso doméstico (imperial entonces) que se buscan hoy en el mercado de coleccionistas». Comenta además que tienen que ver también con los autómatas creados por ciertos talleres suizos en el siglo XVIII. Alguien a mi lado dice que son piezas decadentes…: «¡Son decadentes, sí! Pero no lo ocultan, lo claman claramente».

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