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Malcolm Lowry, flotar en llamas

«Rumbo al Mar Blanco», del genial y errático Malcolm Lowry, es uno de las novedades más esperadas de la temporada

Malcolm Lowry, autor de ¬ęRumbo al Mar Blanco¬Ľ
Malcolm Lowry, autor de ¬ęRumbo al Mar Blanco¬Ľ

Enfrentado al flamante cadáver del inglés errante y escritor espasmódico Malcolm Lowry (1909-1957), el médico forense dudó entre «accidente» o «suicidio» y hasta «asesinato» por abundante ingesta de barbitúricos y alcohol. Entonces, el profesional optó, para el certificado de defunción, por una solución intermedia y muy literaria: «fallecimiento por desventura», rubricó allí. Así tuvo una muerte a la altura de su vida. Y de su obra. Pocas veces en la historia de las letras existió una carrera de obstáculos con mejor suerte para el infortunio. Ya se sabe: cósmicas borracheras de años, arranques de plagio inconsciente o no, amor/odio a su maestro Conrad Aiken, sucesivas pérdidas de múltiples manuscritos y pasaportes en taxis o tabernas, éxito mal administrado, entradas y salidas de más o menos inspiradores psiquiátricos, y el descubrimiento del caos de México como único territorio capaz de contener tanto exceso de carencias y a su genio modernista de idiota «savant» megalómano y acomplejado a un tiempo.

Ahora, llega la supuestamente quemada en incendio de cabaña en 1944 «Rumbo al Mar Blanco»; redescubierta y acaso escondida por (des)cortesía de la primera viuda, Jan Gabrial, para con la segunda viuda y albacea, Marjorie Lowry. Y echa el ancla con una «faja» donde se lee «La gran novela inédita del autor de "Bajo el volcán"» donde en verdad debería leerse «Otra gran novela inédita del autor de "Bajo el volcán"». Porque -excepción hecha de la juvenil y marinera «Ultramarina», de 1933, y de su ópera magna y título indiscutible del siglo XX- todas las novelas y cuentos y poemas y cartas de Lowry que podemos leer hoy en español fueron inéditos y son póstumos.

Abundan las páginas gloriosas, pero está claro: no estamos frente a una nueva «Bajo el volcán»

«Rumbo al Mar Blanco» conserva y recupera las constantes de estilo y espíritu lowryano: el mar como territorio iniciático, la autobiografía reimaginada resistiéndose a lo que denominaba «la tiranía del yo», vital tono elegíaco, referencias claras o veladas a otros autores, destinos inescapables, la vida gris contemplada a través del colorido vidrio de botellas, y la huida hacia adelante como única dirección posible. Y, de nuevo, en «Rumbo al Mar Blanco» otra de las tantas partes del siempre anunciado y en tránsito ciclo dantesco de Lowry a llamarse «El viaje interminable» abarcando Infierno y Purgatorio y Paraíso.

Desventura y desdicha

No hubo día, hasta el último de ellos, en el que Lowry no lamentara y considerara la incineración de «Rumbo al Mar Blanco» -a la que recordaba alcanzando las mil cuartillas y sumando- como al hacerse humo de su cumbre insuperable y a reescribir en cuanto bajara la marea de una resaca que nunca bajaba. Su lectura ahora (a partir de una versión que se supone anterior a la quemada) demuestra que nada se desea y se sublima más que aquello que no se tiene o que se ha escapado. Abundan las páginas gloriosas, sí; pero está claro que no estamos frente a una nueva «Bajo el volcán». Ni siquiera es un «Oscuro como la tumba donde yace mi amigo» o poseedor de la cohesión de ese formidable volumen de relatos interconectados que es «Escúchanos, Señor, desde el cielo tu morada». Pero es, sí, otra «gran novela inédita» de Lowry y, por tanto, algo muy por encima de la superficie de lo que hoy por hoy suele publicarse como «magistral». Algo cuyas últimas palabras, en boca de su héroe a la deriva pero flotando, son-«Pero ¡Dios bendito! ¿Cómo voy a vivir sin mi desdicha?». La desventurada respuesta en la vida y la obra y la muerte y la posteridad de Malcolm Lowry.

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