José Sacristán fotografiado en el patio de butacas del Teatro Bellas Artes de Madrid
José Sacristán fotografiado en el patio de butacas del Teatro Bellas Artes de Madrid - Óscar del Pozo
TEATRO

José Sacristán: «Resulta miserable arremeter contra la Transición»

El veterano actor protagoniza ahora «Muñeca de porcelana», en el madrileño Teatro Bellas Artes, en un impactante montaje. Ni el autor de la pieza, David Mamet, ni José Sacristán son «políticamente correctos». Ni falta que les hace

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Llega puntual a la cita con ABC Cultural. A sus ochenta años, José Sacristán (Chinchón, 1937) derrocha una energía controlada dentro y fuera del escenario. Además de su exigente interpretación en «Muñeca de porcelana», el 29 de junio se estrena su última película, «Formentera Lady», donde encarna a un hippie recalcitrante que de pronto debe hacer frente a la responsabilidad de cuidar a su nieto.

En su camerino del Teatro Bellas Artes, destaca un ejemplar de las memorias de Tennessee Williams, que le parecen «interesantes, pero con un excesivo histrionismo». Prefiere -confiesa- las de Arthur Miller, uno de sus dramaturgos favoritos, de quien ha representado «Cristales rotos» y «La muerte de un viajante».

-Mamet ha valorado muy bien este montaje, y, en especial, su interpretación. Lo considera mejor que el hecho en Broadway protagonizado por Al Pacino.

-Esto ha sido para mí un acicate. Vino su representante, y al poco tiempo recibí una carta de Mamet felicitándome por mi trabajo, y me mandó un regalo, algo, según me dijeron, no habitual en él: esta esclava que llevo puesta y que tiene tres puntos verdes. Me explicaba en la misiva que cuando los pilotos -en la obra un avión tiene gran importancia-, los ven en el panel de control significa que están en la línea correcta de aterrizaje.

-En uno de sus ensayos, el dramaturgo norteamericano apunta que «la corrección política solo puede existir dentro de la opresión totalitaria, a quien sirve como herramienta». ¿Está de acuerdo?

-Totalmente. La corrección política, cada vez más instalada, ha degenerado, hablando en plata, en una gilipollez. Y más en el campo artístico. Embiste contra grandes obras, e incluso querría prohibirlas. Hace poco oí un comentario en este sentido, que criticaba «Johnny Guitar», la extraordinaria película de Nicholas Ray, gran poeta del cine.

José Sacristán, junto a Javier Godino, dando vida al multimillonario sin escrúpulos Mick Ross, en «Muñeca de porcelana», en el montaje dirigido por Juan Carlos Rubio
José Sacristán, junto a Javier Godino, dando vida al multimillonario sin escrúpulos Mick Ross, en «Muñeca de porcelana», en el montaje dirigido por Juan Carlos Rubio - Sergio Parra

-Se ha cuestionado hasta a Shakespeare...

-Claro. No me extraña. Por «machista», echando pestes, por ejemplo, de «La fierecilla domada». ¡Cuidado con lo políticamente correcto!

-Y a Mamet, sobre todo por sus piezas «Oleanna» y «Razas»...

-A mí Mamet me parece magnífico. No es Miller -ni falta que le hace-, quizá no alcanza su profundidad, pero me encanta que sea una mosca cojonera, su desenfado, y que nunca pontifica. Propone una peripecia dramática y a partir de ahí que cada uno saque sus propias conclusiones y consecuencias. El teatro no es un púlpito.

«En general, la nueva izquierda ha defraudado y en el terreno cultural muestra un lamentable papanatismo»

-David Mamet no hace personajes de cartón piedra. Ni siquiera el «tiburón» que usted interpreta en «Muñeca de porcelana»...

-En efecto. El multimillonario a quien encarno es un desaprensivo, pero -en los personajes complejos siempre hay un «pero»-, quizá no más que muchos otros que le rodean y que van de biempensantes.

-¿Por qué ha querido ser actor?

-La «culpa» la tiene el cine de mi pueblo. Para mí fue como cuando a los pastorcillos de Lourdes se les apareció la Virgen. Y quise ser artista de cine. Pretendía ser Tyrone Power. A mi padre no le gustó precisamente la idea, pero yo erre que erre. Y, hoy, transcurridos tantos años, me sigue enganchando la profesión sobre todo por lo que tiene de juego, que los otros se crean que soy el que no soy.

-Usted ha sido autodidacta. ¿Cuál es su «método»?

-Mitad Stanislavski y mitad la Niña de los Peines, que decía que el auténtico cante flamenco empieza donde acaban las facultades. Es decir, que no se note que cantas.

«No reniego del "landismo". Sería un mal nacido si no estuviera agradecido, ayer, hoy y siempre, a quienes, como Mariano Ozores, confiaron en mí»

-¿Reniega de su etapa de «landismo»?

-En absoluto. Sería un mal nacido si no estuviera agradecido, ayer, hoy y siempre, a quienes, como Mariano Ozores, confiaron en mí.

-Desde su confesada posición progresista. ¿Ha defraudado la «nueva» izquierda?

-Sí. Ha defraudado. Concitaron apoyos al presentarse como salvadores, con un componente mesiánico que siempre es muy peligroso. Pero, en líneas generales, no han hecho nada positivo. Al contrario. En no pocas ocasiones, han desviado la atención de los asuntos clave, han cometido numerosos errores y, muy especialmente, resulta miserable su absoluta descalificación de la Transición, cómo han arremetido contra ella, entre otras cosas, sin tener ni puñetera idea de lo fue. Se aparcaron diferencias, aun manteniendo cada uno su posición ideológica, se unieron voluntades con un fin imprescindible para que no volviéramos a caer en un baño de sangre, en un enfrentamiento cainita, en una violencia estéril. Y la izquierda, vieja o nueva, parece haber perdido su sentido crítico, y su depósito ético. Ahí están por ejemplo los ERE de Andalucía. Si la izquierda abandona o no cuida ese depósito está perdida. Esto no quiere decir de ninguna manera que ahora me haya pasado al otro lado. No quiero saber nada de la vieja derecha, que no escarmienta. Es lamentable que no haya presupuesto para el asunto de los muertos que todavía están en las cunetas y sus familiares no puedan recuperar sus restos para darles un descanso digno. Y me produjo sarpullido ver a tres ministros, y para más inri, uno de Cultura, cantando «Soy el novio de la muerte». Si por lo menos la letra de la canción fuera otra, habría sido menos esperpéntico. Tengo cierta esperanza en figuras como la de Ínigo Errejón, aunque habrá que ver cómo se va desarrollando todo.

-¿Y en el terreno cultural que le parece la actuación de esa «nueva» izquierda, donde también había despertado expectativas?

-En general, un desastre. Demuestran un papanatismo cultural deplorable. Y en el ámbito teatral su rechazo a lo que consideran teatro «burgués» no es de recibo. Penoso fue que quisieran quitar el nombre de Max Aub a una de las salas de Matadero, y lo que han hecho con este centro ha sido una equivocación mayúscula. Con lo que costó acostumbrar a la gente a que fuera a Legazpi al teatro. Y no parece que realmente les interese la cultura. Claro que tampoco a la mayoría de los políticos, sea cual sea su credo. Cuando estuve en Barcelona con «Muñeca de porcelana», no vi que Ada Colau corriera al teatro. Por cierto, la señora Colau se cubrió de gloria al no acudir a la recepción del Rey con el argumento de que era un acto de pleitesia. Le diré que los Reyes han visto «Muñeca de porcelana» y después estuve charlando con ellos en el camerino sobre teatro, Arthur Miller, Mamet. O’Neill... y le aseguro que no estuve de rodillas ni se me pidió la más mínima pleitesia.

«Tengo muy claro que si los secesionistas catalanes están en la cárcel no es por sus ideas. No son presos políticos»

-¿Tiene solución la cuestión catalana? ¿Son presos políticos los secesionistas?

-No sé si tiene arreglo. Pero sí sé que los independentistas no son presos políticos. No están en la cárcel por sus ideas. He conocido a verdaderos presos políticos, empezando por mi padre, y lo que era el franquismo. Están en prisión por haberse saltado las reglas de juego, la legalidad de un Estado de Derecho con sus mecanismos, y esto no puede salir gratis.

»Transcurridos tantos años, me sigue enganchando la profesión sobre todo por lo que tiene de juego, que los otros se crean que soy el que no soy»

-¿Cuál es su secreto para mantenerse joven?

-Será por los ajos de mi pueblo. Bueno, algo habrán tenido que ver la Nati y el Venancio, mis padres. Y no me he dado ni me doy a los excesos. Probé un porro, y casi me muero. Quizá también influya que no tengo capacidad para el rencor, y no porque sea mejor persona, sino porque creo que es más cómodo y más saludable. Y la verdad es que me doy caña, pero trato de llevarme bien conmigo mismo.

-¿Por supuesto, no se ha planteado en ningún momento retirarse?

-No hace mucho estuve en el festival de cine de Málaga, donde se celebró el cuarenta aniversario de «Un hombre llamado Flor de Otoño». Poco después, también en la ciudad andaluza, en la presentación de mi último filme, «Formentera Lady». Me ha hecho ilusión la coincidencia. Mientras el cómico de la legua Sacristán aguante pienso seguir dando guerra. Espero que continúen funcionando los ajos de mi pueblo.