TEATRO

José Ramón Fernández, el peso de lo humano

Se reúnen en un solo volumen varias de las piezas más representativas del dramaturgo madrileño

Una escena de «Nina», de José Ramón Fernández, en un reciente montaje
Una escena de «Nina», de José Ramón Fernández, en un reciente montaje

José Ramón Fernández (Madrid, 1962) asegura que le interesa escribir sobre personas, una declaración de principios que desarrolla en un corpus dramático en el que el peso de lo humano se hace patente como uno de los latidos fundamentales que animan sus textos.

Desde que, junto a Juan Mayorga, Raúl Hernández Garrido y Luis Miguel González Cruz, fundó en 1993 el Teatro del Astillero, Fernández ha recorrido un itinerario signado por la constancia, la sensibilidad, el instinto escénico, la preocupación por lo existencial y una desusada apuesta por la esperanza, que le ha hecho merecedor de galardones como el Calderón de la Barca por «Para quemar la memoria» (1998), el Nacional de Literatura Dramática por «La colmena científica o El café de Negrín» (2011) y el reciente Max a su soberbia adaptación teatral del ciclo novelístico «El laberinto mágico» de Max Aub, amén de los muchos que obtuvo «Las manos», primera parte de la «Trilogía de la juventud», escrita en colaboración con Yolanda Pallín y Javier G. Yagüe.

Fuego secreto

Esperpento Ediciones Teatrales ha tenido el acierto de reunir en un volumen varios títulos del autor: dos obras mayores («Nina», premio Lope de Vega 2003, y «Mi piedra Rosetta») y cuatro piezas breves («El silencio de las estaciones», «Dos», «Si amanece nos vamos» y «La misma arena»).

«Todos cargamos sobre nuestros hombros vidas que a menudo no somos capaces de manejar», ha escrito José Ramón Fernández sobre «Nina», como recuerda en su estupendo estudio introductorio Rosa Serrano Baixauli. Esa frase revela el fuego secreto que crepita en el corazón de sus personajes, desde luego en el de los que protagonizan esa desolada revisión de «La gaviota» chejoviana y también en los de los cuatro seres ateridos de vida que en «Mi piedra Rosetta» (2013) comprenden que se necesitan unos a otros.

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